Desde finales de diciembre de 2025 han sido varios los lactantes que han presentado síntomas graves por el consumo de esta toxina cereulida. Algunos de ellos incluso han han derivado en hospitalizaciones, lo que ha activado alertas sanitarias a nivel nacional y europeo. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha retirado del mercado diversos lotes de leches en polvo de marcas comerciales tras detectar la presencia de esta toxina, producida por la bacteria Bacillus cereus, en un suplemento específico utilizado en su elaboración.

El brote que alarma a los padres españoles

En España, el Centro Europeo para el Control de Enfermedades (ECDC) ha registrado ocho casos de lactantes afectados desde diciembre. Todos ellos cuentan con vómitos persistentes y problemas gastrointestinales directamente relacionados con el consumo de estas leches contaminadas. De ellos, cinco bebés requirieron ingreso hospitalario, aunque todos han recibido el alta médica tras tratamiento, sin complicaciones a largo plazo reportadas hasta la fecha. Estos episodios llegan en un contexto europeo más amplio, con alrededor de 60 casos notificados en varios países. Por ello, se ha impulsado una investigación coordinada sobre la cadena de producción.

El origen del problema parece estar en el aceite de ácido araquidónico (ARA), un suplemento de omega-6 que se añade a las fórmulas infantiles para apoyar el desarrollo del sistema nervioso. Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), este ingrediente, importado y procesado en condiciones que favorecieron la proliferación de Bacillus cereus, contaminó algunos lotes específicos de leche en polvo. La bacteria formó esporas que sobrevivieron al envasado y generaron la toxina en el producto final. AESAN emitió una serie de alertas progresivas, ordenando la retirada inmediata de los lotes afectados y recomendando a los padres verificar los números de lote.

Este incidente ha generado preocupación entre pediatras y familias, especialmente porque los bebés menores de seis meses (recién nacidos o prematuros) son los más expuestos debido a lo inmaduro que está aun su sistema inmunitario. Aunque no se han notificado fallecimientos, los casos hospitalizados ilustran ya la rapidez con la que una intoxicación alimentaria puede escalar entre los más pequeños.

¿Qué es la toxina cereulida y cómo actúa?

La cereulida es una toxina que producen algunas variantes de la bacteria Bacillus cereus. Este microbio es muy común y se encuentra en el suelo, los vegetales o incluso en equipos de cocina y procesamiento de alimentos. Esta toxina es muy resistente al calor, por lo que puede sobrevivir incluso a procesos como la pasteurización o la esterilización habituales.

La bacteria Bacillus cereus puede causar dos tipos de problemas; intoxicación con vómitos (síndrome emético) o diarrea (toxiinfección gastrointestinal). La toxina cereulida está vinculada específicamente a los vómitos, y actúa cuando se ingiere un alimento que ya contiene la toxina. Normalmente, esta bacteria contamina alimentos ricos en almidón, como el arroz o pasta que no se han refrigerado correctamente. Sin embargo, en este brote se detectó en fórmulas infantiles secas, un producto especialmente sensible porque se destina exclusivamente a bebés.

Los síntomas, rápidos y fáciles de asociar

Los síntomas de la intoxicación por cereulida aparecen con rapidez, entre 30 minutos y seis horas tras la ingesta, lo que facilita su asociación con la última toma de leche. Los más comunes son náuseas intensas, vómitos repetidos y dolor abdominal agudo, a veces acompañado de diarrea leve. En adultos sanos, estos efectos suelen resolverse en 24 horas sin secuelas, pero en bebés representan un peligro bastante mayor.

En los lactantes afectados en España, los vómitos abundantes provocaron una deshidratación rápida, que se manifestó con somnolencia, irritabilidad y disminución de la cantidad de orina.

Los síntomas suelen ser similares a los de una gastroenteritis viral común, por lo que la vigilancia de los padres es fundamental, ya que la ausencia de fiebre o su aparición repentina tras la ingesta de la leche pueden ser pistas, pero siempre se recomienda consultar al médico de inmediato si los síntomas persisten.