El desayuno continúa siendo una de las comidas más determinantes del día, aunque no siempre se le da la importancia que tiene. Muchas personas repiten las mismas rutinas por comodidad o costumbre, sin detenerse a meditar sobre el impacto real que tienen esos productos sobre el organismo. Otros productos que están muy presentes en los hogares se asocian de inmediato a energía rápida, comida saludable, etc., pero su consumo continuado puede comportar desequilibrios metabólicos, digestivos y hormonales. A largo plazo, este cúmulo de malos hábitos resulta determinante en la aparición de problemas que afectan nuestra calidad de vida.

Desayunos de  cereales “saludables”

Los cereales del desayuno etiquetados como integrales o fitness suelen tener en su interior una buena cantidad de azúcares añadidos. Las primeras impresiones son equivalentes a una opción equilibrada, sin embargo, la composición se encuentra repleta de harinas refinadas, jarabes y una gran cantidad de aditivos que modifican la respuesta del organismo, quien absorbe estos tipos de productos en el muy corto espacio de tiempo e induce picos de glucosa desde primera hora de la mañana.

Impacto metabólico

Este tipo de desayuno resulta no ser saciante y, en consecuencia, no sirve para mantener las energías estables. Al carecer de aporte suficiente de las proteínas y de las grasas, el hambre aparece rápido. A lo largo de los años, esta configuración explicaría el aumento del peso, la dificultad para manejar el hambre y una relación poco sana con la alimentación dulce.

Desayunos líquidos que parecen ligeros

Las bebidas vegetales se han incorporado a muchas rutinas de consumo diarias como una opción habitual. Sin embargo, muchas de las disponibles en el mercado, las opciones más accesibles, se caracterizan por aportar azúcares añadidos, aceites refinados y estabilizantes. Estos ingredientes favorecen la reducción del valor nutricional de la bebida y convierten el desayuno en un "menú" con bajo aporte de micronutrientes imprescindibles.

Digestión y la energía

El consumo frecuente de estos zumos o bebidas, sobre todo si se consumen en forma única del desayuno, origina una dieta con muy poco aporte de proteína, así como una energía de escasa duración, la cual repercutirá, a medio y largo plazo, negativamente en el propio proceso digestivo y en el equilibrio intestinal, el cual dará como resultado no sólo una sensación de malestar de tipo matinal, sino una menor capacidad de rendimiento tanto físico como mental.

Alternativas que dañan la microbiota

Para quienes cuentan con escasez de tiempo por la mañana, las barritas se han convertido en una solución rápida. Sin embargo, su composición base suelen ser jarabes de glucosa, grasas vegetales de mala calidad y edulcorantes, ingredientes que alteran la microbiota intestinal y cuyo resultado es que cambian la capacidad y la eficacia del organismo para absorber nutrientes.

Consecuencias a largo plazo

Mantener este tipo de desayunos a lo largo del tiempo favorece la inflamación en el aparato digestivo y la producción de molestias como una sensación de hinchazón o de gases. También, la proteína presente en muchas de las barritas utilizadas procede de fuentes de un valor nutricional bajo. Llevar este tipo de hábitos durante un tiempo prolongado está asociado con una menor sensación de bienestar, y por otro lado, una fatiga relativamente persistente, además de provocar una dificultad para llegar a niveles energéticos relativamente estables.

No es necesario grandes cambios para empezar a probar un desayuno diferente, solo es necesario realizar unas elecciones más reflexivas respecto de los alimentos, dándole preferencia a los más saludables. Reducir la inclusión de los ultra-procesados a partir de primera hora de la mañana ayuda a cuidar la salud metabólica y digestiva. Pequeños cambios en las elecciones del día a día mantenidos en el tiempo son los que marcan la diferencia de la salud en términos de longevidad y bienestar general.