El cerebro requiere recibir estimulación continua para ser potente y funcional. Durante muchos años, todo el protagonismo se dirigió casi exclusivamente a los ejercicios mentales, pero hoy se sabe que el hecho de moverse también es igual de importante. De hecho, la actividad física favorece la activación de procesos biológicos que vinculan los músculos y el cerebro y refuerzan funciones clave como la memoria, la atención o la capacidad para aprender. Mantener el propio cuerpo en movimiento se ha convertido en una de las grandes estrategias para cuidar la salud cognitiva a cualquier edad.

El ejercicio como aliado de la memoria

Cada vez que los músculos se contraen, el cuerpo activa una secuencia de reacciones internas. Los músculos secretan sustancias que son transportadas a través del torrente sanguíneo, para finalmente alcanzar la región cerebral, que no solo va a estimular la neurogénesis, sino que además provoca, o refuerza, la creación de nuevas conexiones neuronales. Con ello, se potencia la “neuroplasticidad”, la cual constituye una capacidad que le permite adaptarse, aprender y también memorizar.

Beneficios en la memoria

La ejecución habitual de ejercicio se relaciona con una mejora clara de la memoria a corto y a largo plazo. Prácticas tan accesibles como caminar de forma diaria colaboran a la preservación de la materia gris y blanca del cerebro. A la larga, los cambios, por consiguiente, inducen una mejora de la memoria y la concentración, como así también una respuesta ágil para resolver las exigencias de las tareas cotidianas.

La comunicación entre músculos y cerebro

El funcionamiento de los músculos es el de un órgano activo que transmite mensajes al resto del organismo. Durante la práctica del ejercicio, los músculos son capaces de liberar moléculas que, a su vez, pueden influir en el metabolismo del cerebro, en el sistema inmunitario o bien en la reparación de los tejidos. En el cerebro, estas señales promueven un entorno más saludable, reducen la inflamación y mejoran el aporte de oxígeno y nutrientes.

Tipos de ejercicio y sus efectos

La práctica del tipo de actividad física determinará los beneficios que se obtendrán. La actividad de ejercicio físico aeróbico ayuda a propulsar la circulación sanguínea y activa las áreas del cerebro asociadas a la memoria y el aprendizaje. El entrenamiento de fuerza potencia la estabilidad metabólica y el equilibrio energético, mientras que los entrenamientos mixtos combinan los beneficios que puede aportar uno y otro tipo de entrenamiento y tienen un impacto más global sobre la función cognitiva.

Cuidar la memoria a largo plazo

Con los años, el organismo disminuye la producción de determinadas substancias, denominadas neurotrofinas, que protegen el cerebro y, por tanto, el deterioro de la memoria y la lentitud de la mente. La actividad física regular permite mantener activa la comunicación entre músculos y neuronas, desacelerar el deterioro cognitivo y favorecer desde el interior un envejecimiento más saludable.

Estrategia sencilla y accesible

El hecho de cuidar la memoria con ejercicio no requiere prestarle grandes complicaciones, es suficiente caminar a un ritmo ágil (adaptado a las necesidades de cada uno), montar en bicicleta, nadar, practicar fuerza moderada, etc., para hacer funcionar los mecanismos cerebrales que aportan beneficios. Lo importante es ser constante hacer del ejercicio parte de la vida cotidiana.

La función que tienen los músculos se extiende mucho más, que la sola función del movimiento, puesto que sirven de soporte para el cerebro y la memoria, a la vez que remiten órdenes que permiten el crecimiento, la reparación, el equilibrio interno, etc. Hay un estilo de vida activo que permite la fortaleza de la mente, la mejoría del estado general del bienestar, así como la preservación de la autonomía cognitiva a lo largo del tiempo.