La deficiencia de magnesio se ha consolidado como uno de los desequilibrios nutricionales más frecuentes y menos diagnosticados dentro de la población contemporánea. Este mineral esencial lleva a cabo importantes funciones en el metabolismo energético, en la reparación celular, y en la modulación de la inflamación; el déficit del mineral, según constatan diversos estudios, puede acelerar el envejecimiento biológico, propiciar un aumento en el riesgo de padecer enfermedades metabólicas o bien comprometer la salud cardiovascular.
El magnesio y el envejecimiento
El magnesio juega un papel regulador natural en los procesos inflamatorios del cuerpo. Cuando los niveles de magnesio disminuyen, también lo hacen los marcadores inflamatorios, como la interleucina-1 o el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-alfa). Estas moléculas producen una serie de acontecimientos de un entorno proinflamatorio en los tejidos, es decir, "inflamaging", que es la aceleración de la degeneración celular. La escasez de magnesio, además, provoca alteraciones de la inmunidad que favorecen un incremento de la susceptibilidad a enfermedades crónicas relacionadas con la edad.
Cómo afecta el déficit de magnesio a la reparación celular
El magnesio es un tipo de nutrientes que necesitan las células y que hace falta para la ejecución de los procesos de reparación del ADN y para el propio equilibrio energético. Cuando el organismo no cuenta con cantidad suficiente de magnesio, éste tiende a priorizar las funciones básicas, como la reproducción celular, por encima de otras, como el mantenimiento estructural. Este desequilibrio favorece la aparición de daños oxidativos y limita la regeneración de los tejidos. Finalmente, este mecanismo se relaciona con un proceso de envejecimiento biológico más acelerado en las células, que puede observarse en personas jóvenes o aparentemente sanas.
Evidencias sobre la falta de magnesio
Los estudios actuales establecen una relación entre los niveles bajos de magnesio, menor sensibilidad a la insulina y mayor riesgo de resistencia metabólica. Este mineral participa en más de 300 reacciones enzimáticas, muchas de ellas relacionadas con la producción de energía y con el metabolismo de la glucosa. La ausencia de este mineral alteraría el correcto funcionamiento de las células para captar los nutrientes y procesar también la energía y favorecería el desarrollo de la diabetes tipo 2 y del síndrome metabólico.
Consecuencias cardiovasculares y hematológicas
La deficiencia de magnesio no solo tiene efectos sobre el metabolismo, sino también sobre la circulación. Un nivel no óptimo de este mineral potencia la agregación plaquetaria, que es la tendencia a la agrupación, que a la vez contribuye a incrementar el riesgo de trombosis y de eventos cardiovascular. Además, el magnesio interviene en la relajación muscular y en el ritmo del corazón, por lo que la deficiencia de este mineral puede acarrear arritmias, hipertensión y cansancio crónico.
Detectar y prevenir la falta de magnesio
Los síntomas que son más frecuentes en el déficit de magnesio son calambres musculares, debilidad, irritabilidad, insomnio y cansancio persistente. Los análisis de sangre que miden el nivel de este mineral en el suero y los que evalúan los marcadores inflamatorios sirven para su diagnóstico antes de que se produzcan complicaciones refractarias. La detección a tiempo de estos desequilibrios permite conocer la edad biológica y adoptar medidas de prevención eficaces.
Estrategias para mantener niveles óptimos de magnesio
Una dieta variada por medio de abundancia de verduras de hojas verdes, frutos secos, legumbres, cereales integrales, entre otros puede llegar a corregir los niveles de magnesio. A veces el profesional puede recomendar la toma de suplementos para solucionar una deficiencia y, a su vez, mejorar la función celular. Tener un correcto equilibrio de este mineral ayuda no solo a protegerse frente a la inflamación crónica, sino también a limitar el proceso de envejecimiento y a conservar la energía en el tiempo.
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