Un nuevo estudio publicado en la revista médica The Lancet sugiere que aumentos modestos en la actividad física diaria pueden tener un impacto significativo en la reducción del riesgo de muerte prematura.
La investigación de la Universidad de Oslo analizó datos de más de 135.000 adultos en Noruega, Suecia, Estados Unidos y Reino Unido, concluye que caminar a ritmo moderado durante tan solo cinco minutos adicionales al día se asocia con una disminución del 10% en la mortalidad general entre la mayoría de adultos, y de alrededor del 6% entre los menos activos.
El estudio también señala que reducir el tiempo sentado media hora al día podría traducirse en una reducción del 7% de todas las muertes entre los adultos con hábitos sedentarios promedio, y de un 3% entre los más inactivos -aquellos que pasan unas 12 horas diarias sentados-. La mayor ganancia en salud se observó en el 20% menos activo de la población, que podría beneficiarse más de pequeños incrementos en su nivel de movimiento diario.
Frente a las estimaciones tradicionales, que suelen basarse en cuestionarios o en el cumplimiento de las recomendaciones de la OMS (al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado), este estudio empleó mediciones objetivas mediante dispositivos de seguimiento de actividad. De este modo, los autores pudieron calcular con precisión el efecto poblacional de variaciones pequeñas pero realistas en el comportamiento físico cotidiano.
“Este estudio refuerza la evidencia ya existente de los beneficios de la actividad física en la reducción de la mortalidad, enfatizando que cambios modestos y realistas pueden suponer importantes beneficios”, afirma Isabel Aguilar, profesora titular de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Zaragoza en declaraciones a Science Media Centre de España (SMC).
“Este trabajo presenta estimaciones actuales que proporcionan evidencia sobre resultados en salud con pequeños cambios en los patrones de actividad física y conducta sedentaria en países de ingresos altos”, confirma a SCM Olga Monteagudo Piqueras, médica titular de la sección de Medicina Preventiva del Hospital General Universitario Reina Sofía de Murcia. “Los autores aclaran que estos resultados sirven para entender los beneficios generales para la sociedad, y no deben usarse para dar consejos o planes de ejercicio personalizados a una persona concreta”, destaca.
Pequeños cambios con grandes beneficios
Un segundo estudio sobre esta materia de la Universidad de Sidney, publicado en la revista eClinicalMedicine (también del grupo de The Lancet), incide en la mejora de la salud con cambios de hábitos pequeños como combinar pequeñas mejoras en el sueño, la actividad física y la dieta puede traducirse en una vida más larga, especialmente en las personas con los hábitos menos saludables en estos tres ámbitos.
En quienes duermen mal, se mueven poco y tienen una alimentación de baja calidad, ajustes tan modestos como dormir cinco minutos más, añadir dos minutos diarios de actividad física moderada a vigorosa (como caminar rápido o subir escaleras) y sumar media ración de verduras al día podrían, en teoría, equivaler a un año extra de vida.
El trabajo, basado en casi 60.000 participantes del Biobanco del Reino Unido seguidos durante unos ocho años, indica que la combinación más favorable -dormir entre siete y ocho horas, hacer más de 40 minutos diarios de ejercicio moderado o intenso y seguir una dieta saludable- se asocia con más de nueve años adicionales de vida y de buena salud, y que el efecto conjunto de sueño, actividad física y nutrición es mayor que la suma de cada comportamiento por separado.
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