Las manchas negras, conocidas como "moscas" que se presentan de manera repentina y que, de un modo muy notable, interfieren en la visión de las personas, pueden generar inquietud y dificultar las tareas cotidianas como puede ser leer o contemplar el cielo en un día despejado. Esta experiencia visual es un fenómeno muy frecuente y que se asocia con cambios dentro del ojo que suelen asociarse a la edad, y conocer su origen ayuda a diferencia entre situaciones más o menos habituales, de otras en las que se debe acudir al médico.
Qué son las "moscas volantes" y por qué aparecen
La parte interna del ojo contiene el humor vítreo, una sustancia gelatinosa que mantiene estable la forma del ojo y favorece que pase la luz hacia la retina. Con la edad, va perdiendo su uniformidad por la pérdida de agua. Este proceso da origen a pequeñas condensaciones que proyectan sombras internas. El oftalmólogo José Miguel Caro argumenta que este proceso viene a ser parte del ciclo normal del envejecimiento natural y se encuentra incluso en personas sanas y sin enfermedades previas.
Por qué se ven más en fondos claros
Estas sombras en movimiento son advertidas como puntos o filamentos, o pequeñas hebras oscuras que se hallan en movimiento a medida que se mueve el ojo. La luz brillante y los fondos blancos incrementan el contraste y contribuyen a que se visualicen. Por ello se pueden advertir más intensamente al leer, en la playa o ante pantallas que sean blancas. No aparecen sobre la superficie del ojo, sino dentro de este.
Las moscas y su relación con la edad
Con el paso del tiempo, el vítreo se deshidrata y pierde propiedades. Este proceso provoca determinadas arrugas en el interior del vítreo, así como un desplazamiento del gel hacia determinadas zonas del mismo. Es en esta etapa cuando las manchas negras o "moscas", se hacen más evidentes, aunque el ojo continúe funcionando de manera normal. Se trata de un proceso lento que va en paralelo con el envejecimiento biológico de todo el organismo.
Adaptación visual con el tiempo
Al aparecer los primeros síntomas, si se realiza un primer examen médico que descarte lesiones graves, lo habitual es que el cerebro ponga en marcha un proceso de adaptación. Los síntomas habituales que no son graves, con el tiempo, van disminuyendo y debe dejar se interferir en el día a día. El proceso de adaptación neurológica nos explica por qué tantas personas apenas las ven después de unas semanas.
Cuándo acudir al oftalmólogo
En algunas situaciones las manchas pueden asociarse a destellos luminosos o a la sensación de relámpagos a los lados. Estos son aspectos que evidencian que el vítreo se desplaza, al igual que se puede traccionar la retina. En estos casos, la valoración lo más rápidamente posible es fundamental para salvaguardar la salud ocular.
Importancia del control profesional
El examen habitual facilita reconocer alteraciones antes de que produzcan complicaciones. El especialista en oftalmología examina la retina, el estado del vítreo y la presión ocular mediante técnicas determinadas. La mayoría de los casos no son susceptibles de tratamiento, bastando un seguimiento para confirmar que el problema no vaya a más. Repetir las revisiones periódicas sirve para conservar buena visión y convivir con este tipo de alteraciones de una forma segura.
Conocer el origen de estas alteraciones visuales ayuda a comprender qué ocurre, y ha reducir la preocupación inicial. La observación de la visión de forma regular, así como el cuidado ocular, forma parte del bienestar general. La información y revisiones médicas cada cierto tiempo son la mejor solución para ayudar a mantener la calidad de la vista a lo largo del tiempo y para afrontar estos cambios con mayor seguridad en todas las etapas de la vida adulta.
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