El invierno evoluciona este temporada con episodios de frío intenso por encima de lo habitual, y que puede durar días y días. Tal circunstancia es un reto enorme para las personas con enfermedades respiratorias crónicas, dado que las bajas temperaturas inciden directamente en el funcionamiento de las vías respiratorias. El frío continuo, combinado con los cambios de hábitos de esta época, ayudan a aumentar el riesgo de empeoramiento de los síntomas y de la aparición de complicaciones que afectan la calidad de vida y el bienestar general.
El frío intenso y enfermedades respiratorias
Las bajas temperaturas producen un clima adverso para la salud respiratoria. El aire frío y seco irrita las vías aéreas y propicia la contracción de los bronquios, dificultando la respiración. En las personas que padecen asma o EPOC, esta reacción da lugar a un incremento de la tos, de la sensación de falta de aire y de la producción de esputo, síntomas que se incrementan con la persistencia del frío durante varios días sin tregua.
Más virus en épocas de frío
La persistencia del frío incrementa la supervivencia y la capacidad de transmisión de los virus que provocan infecciones que afectan las vías respiratorias. En invierno, las células del patógeno cuentan con un hábitat que favorece la expansión viral y, por lo tanto, el riesgo de infección de las vías respiratorias aumenta aún más. Las infecciones favorecen la descompensación de las enfermedades crónicas existentes en el paciente, además de propiciar las recaídas que requieren atención de tipo médico y seguimiento especializado a través de la consulta médica continuada.
Frío y hábitos que aumentan el riesgo
La llegada de las temperaturas frías implica como consecuencia pasar más tiempo en los interiores, que, además, son espacios cerrados y poco ventilados, que facilitan la transmisión de los virus respiratorios, lo que implica un mayor riesgo de contagios y brotes que afectan con mayor virulencia a aquellos que padecen patologías respiratorias y tienen defensas más vulnerables.
Tratamiento en días de frío
Conservar el tratamiento habitual sigue siendo fundamental en invierno. Los inhaladores y medicamentos de control ayudan a mantener estables las enfermedades respiratorias. Interrumpir este tratamiento, aunque sea por un periodo corto, aumenta la probabilidad de sufrir crisis prevenibles. La continuidad en el tratamiento tiene un importante efecto barrera contra los efectos que el frío intenso o persistente supone.
Prevención durante el frío del inverno
La prevención se convierte en un elemento central en los meses más fríos, y la vacunación de la población de riesgo contribuye a reducir la gravedad de las infecciones respiratorias con el fin de prevenir posteriores complicaciones. Esta protección por parte de los médicos no solo resulta beneficiosa para los propios pacientes, sino también para las personas con más riesgo, utilizando así toda una estrategia de prevención sobre la base de una mejor calidad de vida para estos pacientes y una reducción de la presión asistencial en invierno.
Atención ante el empeoramiento
Anticipar de manera rápida cualquier variación en los síntomas permite actuar rápidamente. Un leve deterioro puede controlarse si se aborda rápidamente, impidiendo que sea mayor. Además de lo anterior, disminuir la exposición directa al aire frío, la recomendación de elegir espacios amplios y bien ventilados, así como el mantenimiento de hábitos de prevención permanentes contribuye a un mejor control de la enfermedad.
Los días consecutivos de frío extremo constituyen un peligro real para las personas que padezcan enfermedades respiratorias. Bajo la suma de bajas temperaturas, mayor abundancia de virus y cambios en la vida cotidiana, es necesaria una actitud de siempre prevenir y ser responsables. Cuidar la salud respiratoria invernal permite disminuir las complicaciones y afrontar el invierno con más seguridad, estabilidad clínica y bienestar prolongado.
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