Si la crisis del brote de hantavirus fuese una película empezaría con la mujer neerlandesa infectada desmayándose en el aeropuerto de Johannesburgo antes de coger un vuelo de regreso a Países Bajos. Al poco de ese suceso se convirtió en la segunda víctima mortal del brote que ha puesto al mundo en vilo. Su marido había muerto días antes a bordo del crucero MV Hondius en el que estaban disfrutando de una larga travesía por el Atlántico.

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La Organización Mundial de la Salud investiga los pasos de esta pareja de jubilados que llegó a Argentina en noviembre del año pasado y llevaban meses recorriendo Chile, Argentina y Uruguay antes de embarcarse en el crucero. Se sabe que el hantavirus causante del brote es la variante de los Andes y es endémico de zonas por las que estuvieron. Su largo periodo de incubación, de unas seis semanas, es consistente con la teoría de que subieron infectados, incluso se apunta a la idea de que fuera el marido, primero en fallecer, el que se lo transmitió a la mujer. Esta es la cronología de lo ocurrido en el barco recreado con inteligencia artificial.

El 20 de marzo, cuando el MV Hondius partió de Tierra del Fuego con 149 personas, solo tenía por delante experiencias polares y científicas de lujo. Es precisamente eso lo que ofrece Oceanwide Expeditions en este crucero. Rutas por el hielo, seguimiento de ballenas, desembarcos en la costa antártica para ver fauna, conferencias y formaciones a bordo. Nada que ver con el crucerismo mediterráneo. Su coste para una estancia larga puede oscilar entre 20.000 y 35.000 euros, dependiendo del camarote y las actividades. Lo que no incluía era el brote y la experiencia epidemiológica que están viviendo los pasajeros y tripulantes.

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Los primeros días transcurrieron sin incidentes tras su partida desde Ushuaia, la ciudad más austral del planeta, conocida como el fin del mundo. El MV Hondius hizo sus incursiones en la zona antártica, cumpliendo el guion previsto de desembarcos en zodiacs y actividades a bordo.

El holandés fue atendido sin medidas de seguridad. IA
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El 6 de abril, el pasajero holandés de 70 años empezó a encontrarse mal. Fiebre, dolor de cabeza, molestias abdominales, diarrea: síntomas que, en cualquier crucero, se confunden con un virus gastrointestinal pasajero o una mala digestión. El servicio médico del barco lo atendió como a un enfermo más en un viaje largo, lejos de la costa y de los grandes hospitales. Cinco días después, el 11 de abril, falleció. Al día siguiente el capitán informó al pasaje asegurando que fue por causas naturales y que no era infeccioso.

El desembarco en Santa Elena. IA.

Diez días después el barco llegó a Santa Elena, donde la viuda se bajó con el cuerpo de su difunto y otras 28 personas. Este es el momento clave del viaje y el que podría hacer de este brote una pandemia. Ningún epidemiólogo con el que hemos hablado estos días ni otro experto apunta a que esto vaya a ocurrir. La razón es que la transmisión del hantavirus no es tan sencilla como la del coronavirus, de ser un virus más contagioso ese desembarco podría haber sido dramático. Cuando los expertos hablan de que el turismo es un vector de transmisión de enfermedades, este momento en la isla de Santa Elena es el ejemplo perfecto.

La mujer empeoró en el vuelo. IA.
Cuando iba a coger el vuelo para volver a Países Bajos se desmayó. IA.

Cuatro días más tarde, el 25 de abril, la mujer holandesa embarcó en un avión hacia Sudáfrica con el cuerpo de su marido. Durante el vuelo su estado empeoró y estando en el aeropuerto camino de su país se desmayó y murió al día siguiente en Johannesburgo. Allí, en un gran hospital sudafricano, empezaron a encajar piezas que en el barco aún parecían sueltas: un matrimonio que había enfermado con pocos días de diferencia, una combinación de síntomas respiratorios y gastrointestinales, una ruta reciente que incluía Tierra del Fuego, la Antártida y el Atlántico sur. 

Mientras tanto, a bordo, las cosas fueron a peor. El 26 de abril empeoró el estado de un pasajero británico que ya había desarrollado síntomas respiratorios: tos, dificultad para respirar, una fatiga que no encajaba con el cansancio habitual del viajero. Al día siguiente, 27 de abril, fue evacuado por vía aérea a Sudáfrica e ingresado en una UCI. Desde ese momento, el MV Hondius dejó de ser un crucero más en seguimiento rutinario y pasó a ser un nombre propio en los informes de las autoridades sanitarias, primero regionales y luego globales.

Evacuación del paciente inglés.IA.

El 28 de abril, una pasajera alemana empezó con síntomas de neumonía. Su estado se agravó con rapidez: fiebre alta, compromiso respiratorio, necesidad de oxígeno. Para entonces, en los pasillos del barco se extendía la preocupación. 

El 2 de mayo llegó una nueva sacudida: la pasajera alemana falleció y Sudáfrica confirmó por laboratorio que el pasajero británico estaba infectado por hantavirus. La Organización Mundial de la Salud fue notificada de que varios pasajeros del Hondius presentaban una grave afección respiratoria; a partir de ese momento, el crucero quedó bajo el foco de la vigilancia internacional. 

El 3 de mayo, el barco alcanzó las proximidades de Cabo Verde.Tres nuevos pasajeros presentaban fiebre alta y síntomas gastrointestinales y fueron evaluados por equipos médicos locales. De repente, las autoridades caboverdianas se enfrentaban a una decisión complicada: permitir el atraque de un barco con un posible brote de hantavirus o mantenerlo a distancia prudente.

El barco fondeó cerca de Cabo Verde.

El 4 de mayo, cuando el MV Hondius debía atracar en Cabo Verde, el caso saltó a los medios. Imágenes de la embarcación fondeada frente a Praia empezaron a circular en televisiones y webs. El barco quedó anclado a la vista de la ciudad. Un día después, el 5 de mayo, se movió otra pieza clave: la OMS y España acordaron que el barco se dirigiera a Canarias.

El 6 de mayo, la historia volvió atrás, a Santa Elena. Un pasajero que había desembarcado allí semanas antes fue atendido en un hospital de Suiza y dio positivo en hantavirus. Ese día se supo que era la variante de los Andes, de la que hay documentada contagios entre humanos. 

En ese momento la prioridad de las autoridades sanitarias se centró en las personas que se habían bajado en Santa Elena y sus posibles contactos estrechos, la gente con la que habían viajado en avión, sus familias, sus amigos. Hay sujetos bajo observación en Reino Unido, Países Bajos, Suiza, Dinamarca, Suecia, Alemania, y también hubo pasajeros de otros lugares como Australia, Taiwán y distintos puntos de Norteamérica. De ser un virus de fácil transmisión, estaríamos a las puertas de una nueva pandemia.