El dolor es una experiencia universal, pero también profundamente personal. Todos hemos sentido un golpe fuerte, un dolor de muelas o una quemadura, y solemos creer que existe un límite claro entre lo soportable y lo insoportable. Sin embargo, la medicina sabe que la intensidad del dolor no depende solo de la lesión, influyen los nervios afectados, la duración, el miedo, el contexto emocional y la capacidad de cada persona para describir lo que siente.

PUBLICIDAD

La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor define el dolor como una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada (o parecida) a un daño tisular real o potencial. Subraya que siempre es personal y que está condicionada por factores biológicos, psicológicos y sociales. En otras palabras, no existe un medidor universal capaz de comparar con exactitud el parto, una pedrada, una quemadura grave o un cólico renal. Aun así, la investigación clínica permite identificar algunas condiciones que aparecen una y otra vez entre los dolores más intensos comunicados por los pacientes.

La cefalea en racimos, el candidato más sólido

Según la evidencia disponible, la cefalea en racimos es probablemente el peor dolor físico que puede sufrir un humano. Se trata de un trastorno neurológico primario que produce crisis muy breves pero extremadamente intensas, normalmente alrededor de un ojo y en un solo lado de la cabeza.

Un estudio publicado en BMJ recoge que, en una encuesta retrospectiva a 1.604 pacientes, la intensidad media de una crisis de cefalea en racimos fue de 9,7 sobre 10, por encima del 7,2 atribuido al parto en esa misma comparación. Las crisis suelen durar entre 15 y 180 minutos y pueden repetirse hasta ocho veces al día.

El NHS describe el dolor como agudo, ardiente o punzante, localizado habitualmente alrededor del ojo. No es una migraña común, puede despertar a la persona por la noche, provocar lagrimeo, congestión nasal, sudoración facial o caída del párpado, y generar una agitación tan grande que el paciente no puede permanecer quieto.

La neuralgia del trigémino, una descarga eléctrica en la cara

Si la cefalea en racimos destaca por su intensidad sostenida, la neuralgia del trigémino es otro de los dolores más terroríficos descritos en la literatura médica. Afecta al nervio trigémino, encargado de transmitir la sensibilidad del rostro, y produce ataques súbitos de dolor facial lancinante.

El NHS explica que el dolor se siente como una descarga eléctrica o un pinchazo muy agudo en la mandíbula, los dientes o la mejilla. Cada crisis puede durar desde unos segundos hasta unos dos minutos, pero puede desencadenarse por gestos cotidianos como lavarse la cara, comer, hablar o cepillarse los dientes.

La gravedad de esta enfermedad no reside solo en el pico de dolor, sino en su imprevisibilidad. Una persona puede estar tranquila y recibir una descarga brutal al masticar o al sentir una brisa en la cara. Por eso algunos pacientes la describen como uno de los peores dolores que existen, pese a que las crisis sean cortas.

Cólico renal, parto y otras referencias extremas

El cólico renal, causado normalmente por un cálculo que se desplaza por el uréter, también figura entre los dolores más intensos. Un estudio publicado en Journal of Pain Research encontró que la mayoría de las mujeres que habían vivido tanto un cólico renal como un parto consideraron el cólico renal más doloroso. De hecho, el 63,3% lo situó por encima del parto, mientras que el 21% consideró el parto peor.

El parto, especialmente sin analgesia, sigue siendo una de las experiencias dolorosas más intensas registradas mediante cuestionarios como el de McGill. Pero compararlo con otras dolencias es complicado: su duración, su significado personal, el apoyo recibido y el uso de epidural cambian por completo la vivencia.

También se citan con frecuencia las grandes quemaduras, las fracturas de fémur, el dolor oncológico avanzado y ciertos cuadros neuropáticos. Ninguno puede declararse objetivamente "el peor" para toda la población, porque el dolor no se mide como la temperatura o la presión arterial.