Es la nueva ‘mina’ digital, la que más réditos reporta. Quienes la explotan lo saben bien. Su valor puede ser incalculable. Tiene forma de intangible pero sus consecuencias son profundas y su capacidad de producir puede ser insaciable. En ella se oculta un bien preciado capaz de movilizar sociedades, cambiar gobiernos o hundir grandes empresas. Es la mentira, el nuevo negocio, el más rentable en tiempos de posverdad. Ni siquiera hay que buscarla, basta con fabricarla, basta con un trabajo previo de prospección de puntos débiles y de fijación de objetivos. Se puede ‘extraer’, fabricar en múltiples formatos; difamación, falsedad vestida de verdad, creatividad malintencionada oculta en mensajes inocentes…

Sólo el año pasado en España se fabricaron cientos de noticias falsas. La mentira gusta y atrae mucho más que la verdad. Debilidad humana. Y la atracción global que genera en las redes sociales supone tráfico y el tráfico negocio. ¿Por qué frenarla? El año pasado las tres noticias más leídas en las redes sociales eran falsas. Encabezaron el ránking de lectura digital y a gran distancia de los contenidos veraces. El ‘bulo’ de que Albert Rivera quería recuperar la ‘mili’ para los ‘ninis’ rebasó las 270.000 interacciones; la pretendida propuesta del PP de prohibir el acceso a la Universidad de los obreros o la de Podemos de prohibir las procesiones para no ofender a los musulmanes rozaron las 100.000. Todas falsas. Un flujo de actividad e interacción que a los contenidos veraces les cuesta siquiera soñar. “No es que la falsedad se imponga a la verdad, es que la arrasa en las redes”, asegura Alex Rayón, vicedecano de Relaciones Exteriores y director de Big Data en Deusto Ingeniería.

La mentira es capaz de movilizar sociedades y cambiar gobiernos. Se ha convertido en el negocio más rentable en tiempos de posverdad.

El problema es de calado. Las nuevas generaciones, incluso las englobadas en los millennials, -y empiezan a ocupan puestos en el mercado laboral-, sólo se informan a través de Facebook, Twitter, Instagram, etc. Esa es su realidad, la que construyen e interpretan a través de los canales digitales. “La lógica ha cambiado, yo ya no voy a informarme a los periódicos, son los periódicos los que vienen a mí”. Por eso los medios de comunicación tradicionales, a los que se presupone un aval de veracidad, filtro y credibilidad han desaparecido de su radio de influencia. “Vivimos un tiempo en el que se ha perdido el rigor y la crítica, estamos viviendo un proceso de globalización de la superficialidad en la que la verdad es la gran damnificada. Y esto acaba de empezar”, asegura este experto en Big Data.

El tráfico por encima de la verdad

Rayón predice que a medio plazo la proliferación de informaciones falsas será difícil de detener. Demasiados intereses como para frenar una tendencia con multitud de grupos de presión interesados en aplicarla bien con fines políticos o estratégicos, bien con objetivos económicos o incluso religiosos. A ese interés se suma otro esencial, “que los dueños de las ‘autopistas’ por las que circulan esas informaciones están encantados por el tráfico que generan”.

Al contrario que en los medios de comunicación tradicionales, controlados por profesionales de la información, se espera que lo que aporten tenga ciertas garantías de veracidad: “Pero en las redes sociales no hay códigos deontológicos, prima la jungla, por eso en muchos casos el único objetivo es generar un contenido para poder viralizarlo rápidamente. Las redes son empresas y como toda empresa tienen fines económicos y por tanto cuanto más viral sea un contenido, sea cierto o no, mejor para sus fines económicos. A efectos de manipulación estamos ante la coctelera perfecta”.

Hace unos años la capacidad de influencia a través de las estrategias de comunicación se ejercía mediante otros mecanismos. Buscar la complicidad de los medios a través de la publicidad, de sus líneas editoriales, era la fórmula más habitual. Hoy se ha quedado obsoleta. La capacidad de influir a través de un retuit puede ser mucho mayor que cualquier editorial.

“Aquí rige otra lógica. Hoy día se puede influir muchos más con un contenido viral bien diseñado. Por eso es importante saber manejar bien el juego de las viralizaciones y ahí están trabajando los gobiernos”. En un soporte sin reglas, con empresas ávidas de que se genere tráfico y sin filtros que diferencien verdad y mentira, el terreno para la difamación y el ataque está abonado. “Es muy fácil atacar y muy difícil defenderse porque además los medios para atacar evolucionan muchos más rápido”, asegura Rayón, “en las redes sociales la única manera de hacerlo es prever qué puede hacer en rival y adelantarte”.

Las tres noticias más leídas en España en 2016 eran falsas. El supuesto regreso de la ‘mili’ provocó 260.000 interacciones

Esta arma hace tiempo que ha sido descubierta por los servicios secretos de medio mundo. Su propagación inmediata y su acreditada capacidad destructiva del adversario ha sido puesta a prueba con éxito en las últimas elecciones de los EEUU y volverá a hacerlo en las citas electorales previstas en Europa este año. A la capacidad de destruir unas candidaturas o arengar otras, el juego de la mentira en las redes avanza de la mano de los ciberataques a gran escala que ponen en jaque los procesos electorales. El temor a un hackeo general para alterar las elecciones ha puesto en alerta al Gobierno de Holanda que ha anunciado que el recuento en las elecciones del día 15 se hará a mano.

Las redes sociales, por su fuerza de desgaste e influencia, y los ciberataques, por su capacidad destructiva en los modelos democráticos, amenazan también la batalla electoral en Francia, con elecciones presidenciales el 23 de abril en primera vuelta y el 7 de mayo en segunda, y en Alemania, con cita con las urnas el 24 de septiembre. “En todos estos casos el papel de las redes va a ser crítico. Se juntan muchos factores en un mismo momento. Por un lado un proceso migratorio que polariza a la sociedad y con incidencia en lo económico y lo social, algo muy fácil de propagar por las redes. Por otro, la situación de crisis económica que continúa y por último, la pérdida de identidad y rumbo en el que está Europa. Es el escenario perfecto para, en unas redes sin filtros y con unas empresas dispuestas a ganar dinero, promover este tipo de  viralizaciones”.

Reputación y ciberseguridad

Rayón no tiene dudas de que la ‘guerra digital’ ya está aquí. En ella un buen informático puede ser mucho más útil que un buen soldado. La escena internacional dibuja ya un panorama de gobiernos y servicios secretos pugnando por los mejores informáticos del planeta “que están cotizadísimos” para reforzar sus filas de ataque y defensa digital. “Hay muchos gobiernos, no sólo Rusia o Europa, que se han preparado desde hace tiempo. Países como Corea del Norte o incluso Cuba, que tienen algunos de los mejores informáticos del mundo. Son batallones dedicados exclusivamente a este tipo de cuestiones. El equipo de Putin está integrado por personal procedente de la antigua KGB. En realidad libran la misma guerra de siempre, crear caos en el rival, que es lo que buscaba la KGB, pero ahora “llevándolo a un terreno digital”. El objetivo ahora no necesariamente pasa por acabar físicamente con el rival, bastar con “atacar su reputación, que es donde creo que se van a librar muchas de las guerras, en el terreno de lo social”.

Precisamente esta semana Julian Assange provocaba un revuelo mundial al filtrar que la CIA ha perdido el control de su principal software de ciberataque y que podría estar en manos de piratas informáticos. En su denuncia también incluyó la acusación de que los servicios secretos norteamericanos tienen capacidad para espiar ordenadores, teléfonos o televisores inteligentes. Un torpedo en la línea de flotación a los servicios secretos que completó asegurando que se habían quedado “obsoletos”. Una maquinaria incapaz para frenar a otro gigante de la intoxicación y la mentira, Rusia, que ya incidió en las elecciones de EEUU.

En nuestro país, la guerra cibernética también crece. El Centro de Seguridad del Instituto de Ciberseguridad, ubicado en León, no hace sino constatar cada año que la amenaza crece. El año pasado se rebasó la cifra de 100.000 ciberataques, cinco veces más que los 18.000 que se localizaron en 2014. Se cree que España es tras EEUU y Reino Unido el tercer país en sufrir este tipo de agresiones informáticas tras las cuales no sólo se ocultan delitos sino guerras de

El año pasado España interceptó casi 100.000 ciberataques. Es el país más atacado tras EEUU y Reino Unido

El reto parece imposible. Pasar de hacer rentable la mentira a convertir la verdad en el gran negocio. “El problema es evidente, la verdad no vende tanto y no genera tanto tráfico. A ello se suma que en medio tenemos a las dueñas de las autopistas por las que circula la gente, la sociedad”. En una guerra en la que los medios de comunicación aparecen como otro de los grandes damnificados de la proliferación de la mentira. Rayón les llama a explorar otra vía para conectar con las generaciones digitales: “Quizá habría que dar una vuelta a la configuración clásica de la información, a interaccionar con generaciones que están muy acostumbradas a hacerlo en las redes o incluso a modificando el modo de redactar titulares. En definitiva, adecuar el código de comunicación”.

Junto a ello, apela a la necesidad de promover cambios que impliquen directamente a las empresas digitales por las que se expanden las noticias falsas para que contribuyan a frenar un fenómeno con una incidencia aún por descubrir: “Es cierto que no tienen códigos deontológicos que determinen sus contenidos o principios editoriales, pero sí tienen algoritmos, parámetros que se podrían adaptar para filtrar la verdad de la mentira. El problema es que todos quieren escurrir este debate porque saben que afectaría a su negocio, al tráfico por las redes y por tanto a su cuenta de resultados. Deben saber que esto socialmente será insostenible”.