Primera votación y primera fumata negra. Una noticia previsible la que llega desde el interior de la Capilla Sixtina donde se hallan confinados y aislados del mundo exterior los 133 cardenales que deben elegir al nuevo papa.

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Una fumata negra que, sin embargo, los cardenales van a usar como brújula para moverse en esta segunda jornada de votaciones, la de este jueves.

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La primera votación les permite saber con qué apoyos cuentan cada uno de los candidatos y empezar así a forjar un Papa de consenso. Los purpurados saben qué cartas hay sobre la mesa. Tal vez para unirse a las diferentes familias del cónclave en torno a favoritos como Parolin o Tagle o para buscar perfiles menos evidentes como el arzobispo de Estocolmo o algún candidato no europeo.

Recordemos que estamos ante el colegio cardenalicio más numeroso y diverso de la historia, con -como dice Giovanni Maria Vian en las paginas de El Independiente- cardenales cada vez más desconocidos y menos europeos. Con más presencia de esa iglesia de la periferia a la que tanta atención prestaba el Papa Francisco.

La pregunta del millón es cuando tendremos fumata blanca. Y en ese pronóstico nos ayudan las estadísticas de los conclave previos. El inmediatamente anterior, el que escogió a Bergoglio, se desarrolló en dos días y apenas cinco votaciones. El de Benedicto XVI, en abril de 2005: duró dos jornadas e hicieron falta 4 escrutinios. A lo largo del siglo XX la duración media ha sido entre los dos y cinco días. Está por ver cómo los factores del número de cardenales y su origen influyen en una fumata blanca precoz o tardía.