La inocencia del comprador es su ruina y la del lector, su perdición. Seguramente, fueron muchos quienes llegaron a confiar en el criterio de Alon Pinkas, un diplomático israelí que ejerció durante un tiempo de cónsul en Nueva York. Sus columnas de opinión tenían cierta popularidad en la publicación israelí Haaretz, muy crítica con Benjamin Netanyahu y, a la vez, muy atacada por ese gobierno.

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El analista no firmará más en esa cabecera porque escondía un secreto muy oscuro que ha salido a relucir: había recibido “cientos de miles de dólares” entre enero de 2024 y marzo de 2025 por parte de un lobista que residía en Washington, de nombre Jay Footlik, que estaba a sueldo de Qatar y que se dedicaba a influir en Israel para promover una narrativa favorable al emirato sobre el conflicto de Oriente Medio.

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Era un caballo de Troya cuyos tentáculos llegaron hasta el entorno del propio Netanyahu y alcanzaron a Pinkas, que, en una reunión con los responsables de la cabecera en la que firmaba, reconoció el ingreso de elevadas cantidades monetarias desde ese entorno. Eso sí, aseguró que las recibió de una tercera empresa para escribir análisis que no iban destinados a clientes qataríes.

El periódico para el que escribía ha reconocido esta circunstancia --le honra-- y ha expresado sus dudas con respecto a la imparcialidad de los siete artículos que rubricó Pinkas durante ese tiempo. También ha especificado que la entidad para la que trabajó — a la que hizo referencia-- Pinkas era propiedad de un tal Gil Birger, quien ha sido vinculado a otros escándalos de transferencias de dinero desde Qatar hacia figuras cercanas al entorno de Netanyahu.

No me digan que el asunto no resulta interesante: un diplomático ejerce de analista mediático y se muestra incisivo con el gobierno de su país, mientras, en paralelo, percibe sumas de dinero mareantes desde un grupo de cabildeo vinculado a Qatar, con el que, asegura, rompió cuando se enteró de su nexo con el emirato. Un país, por cierto, que es el responsable del Qatargate -- presuntos sobornos en el Parlamento europeo--.

Partes interesadas

Sería interesante analizar cuáles eran los argumentos más acertados sobre el conflicto de Gaza, si los de Netanyahu o los que transmitía el articulista en sus artículos, que en ocasiones eran implacables con el Gobierno israelí y beneficiosos para Qatar. El ejercicio sería de extraordinaria valía, pero no me corresponde: no dispongo de los elementos de juicio suficientes.

Pero este asunto permite plantear una pregunta mucho más sencilla de responder: ¿influyen terceros países en la opinión pública de otros territorios a través de grupos de lobistas o analistas a los que retribuyen para difundir sus argumentos, en ocasiones, ocultando que son mera propaganda? La respuesta es tan evidente que podría usted calificarme de 'inocente' o de pardillo.

Pese a todo, no me resisto a citar la avaricia de los periódicos españoles que han difundido de forma habitual, durante los últimos años, el panfleto China Daily, un cuadernillo que elabora el Departamento de Publicidad del Partido Comunista de China.

No sólo Pablo Iglesias se presta a difundir los contenidos manufacturados por un régimen de partido único, en el que se vulneran sistemáticamente los derechos humanos y en el que las desapariciones de disidentes son frecuentes. En esa labor también han participado empresas informativas a derecha y a izquierda.

Habría que ser también muy inocente para pensar que el extremo ruido que desataron algunos, en septiembre, por la catástrofe de Gaza no está íntimamente relacionado con el silencio sepulcral que esos mismos guardan a la hora de referirse a los cientos de muertos que ha causado en tan sólo unos días la represión de los clérigos iraníes sobre los manifestantes.

Podría considerarse que todo eso obedece a la casualidad, como que Juan Carlos Monedero apareciera la semana pasada en la Telesur caraqueña para realizar un análisis, donde también citaban estos días las palabras de un tal Amauri Chamorro, asesor político de varios gobiernos populistas de América Latina que, en 2016, montó una empresa en Vallecas -- Alfaro Comunicaciones S.L.-- y recibió al menos un contrato de Podemos - Equo.

Puebla y otras cosas

Debe ser también fruto del azar que los medios más a la izquierda del panorama nacional consideren como uno de sus referentes a Baltasar Garzón, que forma parte del Grupo de Puebla, donde no hay ningún país que pueda dar lecciones a Europa sobre el sistema judicial; y donde, además, se defienden conceptos sobre la "multipolaridad" y el "sur global" que son los que han utilizado los BRICs para intentar cuestionar la posición de Occidente, lugar en el que España, de momento, tiene sus principales aliados.

Junto a Garzón figuran por allí Irene Montero, José Luis Rodríguez Zapatero, Oriol Junqueras o Enrique Santiago. Este último, el pasado 3 de enero, corrió a reunirse con la embajadora venezolana.

Supongo que todo esto se puede juzgar con inocencia, al igual que la relación de amistad de Vladimir Putin y Gerhard Schröeder, la de Rodríguez Zapatero con Delcy Rodríguez o la de sus hijas con Huawei. Esta última, radicada en un país con el que la asociación Gate Center pretende estrechar lazos. ¿Y quién es su presidente ejecutivo? Un expolítico leonés. Vaya usted a saber.

No crean que los trumpistas o los israelíes no utilizan tampoco sus armas para influir en analistas y medios que se venden estos días como 'la derecha verdadera' -- y eso lo dicen todos--, pero que, en realidad, también disparan donde les dicen. Los hay incluso que viajan a Moscú con la bandera de la cruz de San Andrés para hacer de tontos útiles delante del propagandista en jefe del Kremlin.

Hay quien representa a 'un tercero' de forma legal -- en el Parlamento Europeo, como lobista--, pero también hay quien lo oculta y quien, cuando le pillan, como Pinkas, se hace el sueco.

Luego está el caso de Pablo Iglesias, quien, cuando le preguntaron por su colaboración con HispanTV, la cadena propagandística del régimen iraní, afirmó que "hacer política implica cabalgar con contradicciones". Traducido: si son anticapitalistas, allá que vamos, aunque eso vaya en contra de los intereses de tu país.

Me ha regalado mi amiga Guadalupe Sánchez El fin de la inocencia, de Stephen Koch. Leo el primer capítulo antes de publicar este artículo y encuentro una reflexión a partir de la labor que desarrollo Münzenberg para exportar el catecismo de la revolución bolchevique más allá de Rusia.

Expone el autor: "En el siglo XXI, vivimos en un mundo abiertamente influido por una minuciosa red de conferencias de poder, por think tanks que responden a una ideología, por implacables manipuladores que manejan las ruedas de prensa, por soldados culturales y famosos gurús, tanto de izquierdas como de derechas, todos ellos dispuestos permanentemente a lanzarse a la yugular, todos ellos luchando po controlar el poder ideologico de aquello que solía llamarse "la opinión pública".

Tras leerlo, me he acordado de los silencios sobre Irán... y de la historia de Alon Pinkas. Ya no sabe uno lo que tiene que creerse. Mejor no creerse nada.