“Temía que el Partido Comunista pudiera dominar el mundo algún día, y entonces no me quedaría ningún lugar al que huir”, escribe Jung Chang en Vuelan los cisnes salvajes, la novela que a través de una memoria familiar atravesada por la represión y el tajo del exilio disecciona el último medio siglo de la China comunista. Un relato duro y conmovedor que alerta de las ambiciones desmedidas de Xi Jinping, obsesionado con desenterrar y cumplir por fin el sueño de Mao Zedong de conquistar el planeta. “Durante un tiempo, las pesadillas llenas de escenas horribles de la Revolución Cultural que hacía tiempo que había desaparecido volvieron a atormentarme”, desliza.

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El testimonio de Chang tiene la fuerza de los supervivientes. Comparte generación con Jinping y procede de una experiencia de adolescencia y juventud similar. Ella también fue hija de un alto dirigente del Partido, caído en desgracia por oponerse públicamente a la barbarie que desató la Revolución Cultural, y -aunque fugazmente- militó en la Guardia Roja antes de convertirse en una de las primeras chinas en abandonar el país para estudiar en Occidente. Movida por la llegada de Jinping al poder, Chang desempolvó la misión de escribir la secuela de Cisnes salvajes, la exitosa novela que, desde su publicación en 1991, ha sido traducida a 40 idiomas y seducido a más de 15 millones de lectores con la historia de tres generaciones de mujeres en la China del siglo XX.

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“Sentía que había terminado una era, la de las reformas y la apertura de China hacia Occidente, la de la amistad con Occidente, porque 1978 fue un punto de inflexión: terminó el tiempo de Mao. Pero en 2013, la era de Deng Xiaoping había terminado y había comenzado la de Xi Jinping, que era un retorno a la época de Mao. Por eso sentí el deseo de escribir una continuación de Cisnes salvajes, para poner al día las historias de mi vida y la de mi madre, así como las historias de China”, reconoce la autora de la monumental Mao: La historia desconocida en una entrevista con El Independiente con motivo de la publicación de su novela en España por Lumen.

A lo largo del libro, Chang recupera su vida familiar, demediada por la distancia entre su vida londinense y la de su madre en China, una desencantada temprana de la deriva comunista. “Mi madre en aquella época se hizo comunista antes de cumplir los 16 años. Y una de las razones fue que mi abuela era la concubina de un general militar. Una concubina no tenía estatus, pero llevaba consigo un enorme estigma de vergüenza. La vida de mi abuela estuvo llena de tragedias. Así que los comunistas, cuando dijeron que iban a acabar con el sistema de concubinas, mi madre se unió a ellos. Pero luego se sintió decepcionada porque, cuando llegaron los verdaderos comunistas, se dio cuenta de que también despreciaban a su madre por haber sido concubina. Y las mujeres funcionarias del partido ni siquiera se sentaron con mi abuela en la boda de mi madre con mi padre”, explica la autora.

Xi Jinping -en el centro- junto a otros dirigentes en un congreso en Pekín.

Las purgas han estado ocurriendo desde que Xi llegó al poder. Y ha habido cientos de ellas

El "neomaoísmo"

La desilusión de la propia Chang por el curso de los acontecimientos en la última década, unida a su experiencia cada vez más angustiosa con la seguridad del Estado en sus contadas visitas a Pekín, la lleva a denunciar el intento de resucitar la pesadilla de Mao en una suerte -escribe- de “neomaoísmo”. “Se quiere recuperar el control de Mao y el estilo de Mao para gobernar China. Y creo que, sobre todo, la continuación de la ambición de Mao de convertir a China en una superpotencia de primer orden para poder dominar el mundo. Esa había sido la ambición de Mao desde que tomó el poder en China en 1949, pero que no cumplió porque China era demasiado pobre. Ahora China es relativamente rica y poderosa. Por eso, Xi cree que puede cumplir ese sueño”, apunta.

“Las cosas cambiaron a principios de la década de 1990, cuando se publicó Cisnes salvajes. En China, el libro fue prohibido. Pero, a pesar de la prohibición, se me permitió entrar en China e investigar la biografía de Mao. China era relativamente liberal, y eso continuó. Y cuando se publicó la biografía de Mao en 2005, Pekín intentó prohibirme ir a China, pero el Gobierno británico me ayudó, pero había perdido la libertad de los años anteriores. Estaba bajo vigilancia de la seguridad del Estado. Solo se me permitía ver a mi madre, y era como una prisionera virtual. La seguridad del Estado me acompañaba a todas partes. Era como vivir en una burbuja. No se me permitía tener contacto con los chinos que estaban allí”, relata.

En Vuelan los cines salvajes, Chang apunta directamente hacia la “guerra cibernética”. “En algún momento depositaron muchas esperanzas en Huawei, el gigante chino de las telecomunicaciones, que se había incrustado estratégica y profundamente en los sistemas de telecomunicaciones vitales de muchos países occidentales”, esboza. “Dominar el mundo es es su intento, pero creo que se ha encontrado con muchos problemas. No ha logrado su objetivo y dudo que Xi lo logre alguna vez”, replica.

La nueva purga militar

La publicación de su novela en España está precedida por las noticias desconcertantes que llegan de Pekín, por el cese o desaparición de la mayor parte de la cúpula militar china. En apenas tres años Xi ha borrado del mapa a decenas de altos mandos castrenses, en un purga en la élite del ejército sin precedentes. El último ha sido el general Zhang Youxia, el cargo más importante del estamento militar bajo Xi. “Las purgas han estado ocurriendo desde que Xi llegó al poder. Y ha habido cientos de ellas. En los últimos días, quizá haya sido la más dramática, porque se trataba del número dos del ejército y el segundo al mando después de Xi. Además, era amigo íntimo de Xi y sus padres eran colegas en la época de Mao, por lo que eran muy cercanos. Xi obviamente confiaba lo suficiente en él como para convertirlo en el hombre que controla el ejército. El hecho de que purgara a este tipo, que también es un príncipe, como se llama a los hijos de las personas más importantes de la época de Mao, es algo muy importante”, admite Chang.

“La diferencia con la Revolución Cultural -agrega- es que que no afectó tanto a la población, a la gente corriente. Xi solo se centró en aquellas personas que consideraba desleales hacia él. Y este tipo, probablemente, mostró sus cautelas a la hora de atacar Taiwán. Xi está muy interesado en apoderarse de Taiwán porque sería su legado político. Su número dos era el único alto funcionario que había estado cerca de un campo de batalla. Y tal vez simplemente sospechó de él”.

El general relevado pertenece al entorno de personas “que constituyen la base del poder de Xi, los descendientes de los funcionarios comunistas, en particular los grandes funcionarios comunistas”. “Financieramente son ellos los que más tienen que ganar. En el caso de las empresas estatales, solían controlarlas e incluso las empresas privadas. Si querías hacer algo grande, necesitabas tener hijos de altos funcionarios, a los príncipes. El capitalismo de China está muy controlado por el partido. Por eso es muy importante que Xi esté purgando su base de poder. Purgando a personas que son un poco como él”.

Vuelan los cines salvajes es, al mismo tiempo, un homenaje a su progenitora, que falleció en 2024 sin que la autora pudiera estar en ella “en su lecho de muerte” y un demoledor retrato de los derroteros peligrosos de la China de Xi. “El título de este libro es un homenaje a mi madre, a quien no puedo acompañar en su lecho de muerte. Ella me ha dado alas para alcanzar el cielo y ser libre. Gracias a ella hoy puedo vivir y escribir con libertad”, escribe Chang, que describe con emoción su despedida final con una pantalla y miles de kilómetros de separación.

“Un día mi madre se estaba muriendo, y los médicos llamaron a mi hermana y le dijeron que mi madre podía morir en cualquier momento, y que era el momento de que sus hijos se reunieran alrededor de su cama y se despidieran de ella. Pero yo no pude ir porque había decidido no volver. En 2018, Xi se convirtió en el líder supremo permanente de China. Inmediatamente después, emitió una orden que básicamente condenaba a cualquiera que se suponía que había insultado o calumniado a un héroe revolucionario como Mao con penas de cárcel. Como biógrafa de Mao, que documentó su mal gobierno, me di cuenta de que si volvía a China, no volvería a salir de allí”, rememora. “Tomé la dolorosa decisión de no intentar ir a China, de no luchar. Y cuando mi madre vio que no estaba allí en su lecho de muertey aparecí en el teléfono móvil, supo lo difícil que era para mí ir a China. Así que me dijo: 'No vengas. No vuelvas por esto'. Lo dijo porque no quería que me sintiera culpable por no luchar, por intentar volver para verla en su lecho de muerte. Era típico de mi madre. No quería ser una carga para mí, para sus hijos. Así que, después de hablar con ella, me sentí aliviada y un enorme agradecimiento y admiración por ella”.

Xi está muy interesado en apoderarse de Taiwán porque sería su legado político

El fin de la ingenuidad de Occidente

Chang reconoce que necesitó tiempo y esfuerzo en “desmantelar” el adoctrinamiento que recibió. Cuando se le interroga por si ve posible revertir “el lavado de cerebro” de una sociedad entera, duda. “Las reformas de Xiaoping permitieron que se dijeran ciertas verdades. Pero cuando Xi llegó al poder en 2012, comenzó a revivir la vieja propaganda y eliminó las críticas a la Revolución Cultural que se habían hecho en el pasado. Xi intentó decir que la Revolución Cultural fue algo bueno, a pesar de que su padre estuvo en prisión y él mismo sufrió enormemente. Pero todo eso no importa. Intentaba revivir el maoísmo porque su misión es asegurarse de que, en el mundo capitalista, el poder del partido nunca se pierda. Asegurarse de que los comunistas mantengan el poder absoluto para siempre”.

Una estrategia contra la que se subleva abiertamente. “Mucha gente ha empezado a darse cuenta en Occidente que se debe hacer negocios con China porque los chinos son muy inteligentes y fabrican objetos útiles de modo más eficiente y económico, pero también perciben que existen temas que amenazan la seguridad nacional. Al hacer negocios hay que pensar en los planes del régimen chino. Pekín quiere superar a Estados Unidos para ser los número uno del mundo y entonces imponer la tiranía china al mundo Creo que mucha gente se ha dado cuenta de eso y está actuando para evitar ese escenario”.

La autora de esta saga que capta la China del último siglo, no obstante, rehuye la etiqueta de disidente u opositora a pesar de que la suya es una demoledora obra de resistencia politica. “Soy una escritora que escribe con honestidad, que persigue e intenta descubrir la verdad y escribir sobre ella”, responde. Lo dice con serenidad, como hija del hombre que abrazó el comunismo y anticipó hace décadas el principio de la pesadilla. “Él ya nos dijo: Si muero así, no creáis más en el Partido Comunista. Eso resumía la tragedia de su vida, desde creer en ello a costa de su familia y anteponerlo incluso a mi propio nacimiento, a la decepción”, concluye.