Las mulas y la leña han vuelto a Cuba. Nunca se fueron del todo. Son una fuente de energía y de trabajo que ha repuntado en los últimos meses. La primera para arar el campo, la segunda para calentar los hogares. La crisis energética en Cuba empieza a ser dramática. Los combustibles se han convertido en un bien preciado y escaso en la isla, casi crítico. El petróleo hace tiempo que no fluye como lo hacía. Tampoco sus derivados. Cuba ha visto cómo la llegada de petróleo ha menguado sin parar en los últimos meses, en particular desde que Donald Trump decidió dar el golpe de gracia a Venezuela, el principal ‘pozo’ de crudo que abastecía a la isla.

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La alarma de colapso energético se visibilizó en los apagones, cada vez más frecuentes y extendidos. El último se registró ayer y dejó sin energía al 64% de la isla. El déficit de generación de energía, incapaz de cubrir la demanda es cada vez mayor. Todo ello ha precipitado una imparable caída de turistas. Ahora el Gobierno ha tenido que reconocer que no tiene combustible, queroseno para que los aviones reposten a su llegada y salida de Cuba.

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Estadísticas del colapso: La caída de la generación eléctrica (2020-2024)

En el campo el combustible necesario para la maquinaria agrícola ha comenzado a escasear y las mulas han vuelto a hacer el trabajo de las máquinas. En los hogares, según datos de la ONEI (Oficina Nacional de Estadística e Información) el consumo de leña para calentarse y cocinar ha aumentado un 27% y el uso del carbón se ha disparado un 66% entre 2022 y 2024.

Cuba está a puertas del colapso energético. El precipicio se vio cerca tras la detención de Maduro y la toma de control del petróleo venezolano por parte de la Administración Trump. La isla dependía en un 95% del petróleo venezolano. Hace una década el régimen Chavista le reportaba la mayor parte de los 110.000 barriles diarios que requiere su economía para estar operativa. Esa cantidad se fue recortando poco a poco, hasta rondar los 30.000 barriles diarios hace dos años y ser nula ahora. Y sin ese petróleo, la isla apenas tiene capacidad para producir un tercio de sus necesidades de crudo.

El fin del petróleo venezolano: el impacto de las medidas de Trump

Trump ha cerrado el grifo en un intento por asfixiar energéticamente al régimen castrista. Pero las dificultades vienen de más atrás. La decadencia energética ha sido imparable en los últimos años. En 2020, según los datos de la ONEI, Cuba era capaz de generar 19.070 GWh de electricidad. En 2024 esa capacidad ya había caído hasta los 14.344 GWh y ahora la situación se ha vuelto aún más difícil. El 95% de la energía que se genera procede de fuentes fósiles y sin petróleo es imposible generar esa energía. Las fuentes de origen renovable en la isla son, hoy por hoy, casi una anécdota: apenas suponen en torno al 5% del total de la energía producida.  

“Cuba subsistía por el petróleo venezolano, pero una vez que Trump ha tomado Venezuela la próxima ficha en caer será Cuba”, asegura Antonio Aceituno, CEO y Fundador de Tempos Energía. Este experto en energía asegura que en la situación actual Cuba es “una isla energética” aislada y con un panorama muy complicado: “Si países como Rusia no le han ofrecido ya ayuda, que entiendo que se la habrán suplicado, no creo que ya la aporte”, apunta.

Y si no hay energía, el consumo se debe ‘racionar’. Poco a poco el régimen ha ido limitando el consumo, que en apenas cuatro años se ha reducido un 12%. Uno de sus aliados, Rusia, sí ha salido al rescate de Cuba en momentos críticos, pero ahora Putin tiene sus propias necesidades energéticas disparadas, con bloqueos internacionales y con la guerra de Ucrania aún en marcha. El respaldo a Cuba por parte de Rusia se ha relegado de modo importante. Y por si alguien tuviera la tentación de salir en apoyo de Cuba, Trump ha advertido que aplicará nuevas sanciones y aranceles al país que decida ayudar energéticamente a la isla. De igual manera, las advertencias de Trump han afectado al apoyo que hasta ahora brindaba México a Cuba.

Crisis en el turismo: impacto en los vuelos a Cuba

Mientras tanto, la economía cubana sigue debilitándose y su capacidad para comprar crudo en el mercado se reduce. La inestabilidad de sus pagos hizo a Rusia replantearse su ayuda.

Ahora, la decisión de dosificar el combustible para los aviones que traen turistas a la isla puede complicar aún más el escenario. Compañías como Air Canadá han anunciado que suspenderá sus vuelos. Que lo haga una compañía aérea canadiense no es baladí. Canadá es el principal origen de los turistas que llegan a la isla: 754.000 el año pasado. La comunidad cubana en el exterior ocupa el segundo lugar con 228.000 y los procedentes de Rusia, 131.800, el tercero. En el caso del turismo español la cifra en 2025 apenas rozó los 46.500 turistas, lejos de los 65.000 de 2024. “La incertidumbre influye mucho en el turismo. Los turistas buscan confort, certidumbre y huimos de lugares que nos puedan crear problemas”, apunta Aceituno.

Las compañías que operan vuelos a Cuba desde España ya han asegurado que seguirán haciéndolo. La fórmula que han encontrado es hacer un vuelo de regreso con escala en Santo Domingo para repostar. Una medida que alarga el vuelo desde Cuba a España y que puede suponer un mayor coste para las compañías. En algunas de ellas, como Iberia, aseguran que no se repercutirá en los billetes. Air Europa (Globalia) mantiene sus seis vuelos semanales, IAG (Iberia) los cuatro que ahora opera y World2Fly sus dos conexiones con La Habana. Inicialmente, la medida se anuncia para un periodo de un mes, pero pocos creen que no se vaya a prolongar en el tiempo.

Según la ONEI, el consumo de combustible de aviación se ha ido recortando en los últimos años. En 2020 se consumieron 2.900 toneladas de combustible y de modo progresivo esa cantidad cayó a los 1.100 toneladas en 2023 y a la prohibición para vuelos internacionales que ahora se ha decretado, no así para vuelos regionales.

Infraestructuras obsoletas

La inestabilidad económica no ayuda a captar turistas. Tampoco los apagones. En sólo dos años Cuba ha visto cómo la llegada de turistas caía un 25%. En términos absolutos, en 2025 llegaron a la isla 626.000 turistas menos. De los 2,4 millones de 2023 pasó a 1,8 millones de turistas. Si se comparan estas cifras con las de 2018 la conclusión es muy dura: en sólo siete años Cuba ha perdido el 62% de su turismo: “Si esto sigue así, el colapso es inminente. Si no llega turismo, difícilmente podrá salir adelante”, asegura Aceituno.

A todo ello añade el mal estado de todas sus infraestructuras energéticas, muchas de ellas obsoletas. Un mal mantenimiento sumado al desgaste provocado por el petróleo de mala calidad venezolano, deja las infraestructuras cubanas al borde del colapso. Sólo el año pasado se registraron seis apagones masivos en la isla. Alguno de ellos afectó a 10 millones de personas y se prolongó 36 horas.

El déficit de generación de energía se produjo el año pasado prácticamente todos los días del año. En periodos de mayor demanda energética como el verano o el fin de año en algunas regiones del país los apagones fueron diarios y por periodos de entre 12 a 20 horas. La Unión Eléctrica, el organismo oficial del Gobierno cubano ha reconocido déficit de generación de hasta 2.000 MW y picos de demanda en los que sólo se puede satisfacer el 55% de las necesidades energéticas de la isla.