La trayectoria política de Borja Cabezón ha estado marcada por la controversia desde que fue acusado de adulterar el censo para favorecer a Susana Díaz en 2017. Tras ese proceso, fue integrado en el núcleo duro de Moncloa como director de Asuntos Nacionales en la etapa de Iván Redondo. Después salta a la política autonómica como diputado y jefe de campaña de Ángel Gabilondo en 2019. Su perfil en las esferas de Sánchez le llevó a ocupar el cargo de embajador en misión especial para la crisis de la covid-19 y consejero delegado en Enisa según adelanta El Confidencial.
Actualmente, se ha consolidado en la "fontanería" de Ferraz como secretario adjunto de Organización y Acción Electoral, tras haber sido recuperado para la Ejecutiva después de la salida de Santos Cerdán. Como adelantaba en otra exclusiva El Confidencial, Cabezón había utilizado durante años una estructura societaria administrada por testaferros diseñada para evadir impuestos con ramificaciones en Reino Unido y Costa Rica que ocultaban su identidad.
Su ascenso no ha estado exento de controversias, especialmente tras el fallido intento del Gobierno de situarlo al frente de Casa América. Un nombramiento que fue bloqueado por el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid. Ante este revés, el Ejecutivo le buscó otro puesto, esta vez como "embajador en Misión Especial para la Crisis de la COVID-19", un cargo con un sueldo de 60.000 euros anuales que Cabezón ocupó sin tener experiencia sanitaria previa, sin clarificar sus funciones y en un momento en el que la pandemia ya empezaba a remitir. Pese a ello, mantuvo durante dos años el puesto bajo la protección del Gobierno que justificaba su permanencia en el cargo aludiendo a que hacía "informes diarios". Este puesto lo desempeñó antes de ser nombrado consejero delegado de la empresa pública Enisa, dependiente del Ministerio de Industria.
Tras su paso por la empresa pública Enisa como consejero delegado durante un año y siete meses, su regreso a la Ejecutiva socialista ha estado marcado por la gestión de temas sensibles. Durante su etapa en la dirección del partido, se produjo la desaparición de denuncias internas por acoso sexual contra Francisco Salazar, un caso que ha llevado a la Autoridad Independiente de Protección del Informante (AIPI) a abrir un expediente contra el PSOE para investigar lo sucedido.
El historial de Cabezón también arrastra sombras del pasado, como la acusación de haber adulterado el censo en Majadahonda durante las primarias de 2017 para favorecer a la candidatura de Susana Díaz, aunque la Comisión de Ética del partido decidió no proceder en su contra. Ó la creación de las empresas que diseñó para evadir impuestos entre los años 2011 y 2015. Pese a estos episodios, el político madrileño, sobrevive en las esferas de poder de Sánchez consolidándose como hombre de confianza.
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