El Palacio de Vistalegre se ha consolidado como el escenario icónico de la "nueva política" en España, pero también como el punto de origen de una supuesta maldición que termina por devorar a los liderazgos de los partidos que allí se presentan. Podemos estrenó este escenario en su primera asamblea ciudadana con los llamados "cinco magníficos": Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Juan Carlos Monedero, Luis Alegre y Carolina Bescansa. En aquel entonces, el núcleo duro del partido presumía de una amistad genuina y un lenguaje corporal que, según ellos, los diferenciaba del "cinismo" y las peleas internas de los partidos tradicionales como el PP o el PSOE.
Sin embargo, esa imagen de unidad no tardó en fracturarse, con salidas sucesivas motivadas por discrepancias estratégicas e internas. Monedero fue el primero en apartarse, decepcionado por el rumbo del partido, seguido de Luis Alegre, quien denunció que la dirección había sido secuestrada por una "camarilla de pelotas", y de Carolina Bescansa, crítica con la postura del partido ante el independentismo catalán. La ruptura final entre Iglesias y Errejón, que no acabó en buenos términos, confirmó que el proyecto original de Vistalegre había quedado completamente desmantelado.
La historia parece repetirse con Vox, que escenificó su "resurrección" cual ave fénix en el mismo recinto en 2018, tras años de irrelevancia electoral. Aunque el partido nació de una amalgama de centristas, activistas y "abascalianos", tras el fracaso inicial en 2014 solo quedó el grupo fiel a Santiago Abascal. En Vistalegre se presentó una cúpula aparentemente sólida formada por Abascal, Iván Espinosa de los Monteros, Rocío Monasterio y Javier Ortega Smith, quienes prometían un modelo de partido más democrático y menos vertical que el de sus competidores.
No obstante, el "efecto Vistalegre" también ha terminado por alcanzar a la formación de derecha, con la reciente salida o purga de sus rostros más visibles. Mientras que Abascal criticaba inicialmente que los líderes determinaban todo en los partidos españoles, ha terminado justificando una estructura donde "la dirección toma las decisiones y es la que manda". Con las renuncias de Espinosa y Monasterio, y la reciente suspensión de militancia de Ortega Smith, el análisis sugiere que Vistalegre actúa como un escenario de gloria efímera que precede a la desintegración de los equipos fundacionales.
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