Ucrania es la obsesión de Putin. Y cuando un líder se obsesiona pierde la capacidad de juicio. Esa pérdida de sentido de la realidad es lo que le llevó a ordenar la invasión a gran escala de Ucrania el 24 de febrero de 2022. Para los servicios secretos de EEUU y del Reino Unido era una guerra anunciada, aunque los europeos la ignoraron. Hasta dos días antes el portavoz de Putin, Dimitri Peskov, sostenía que no habría guerra. De hecho, el Kremlin se resiste a hablar de guerra. Cuando se adentra en su quinto año, ya es la más larga de las que ha librado Rusia desde que Putin está en el poder, hace un cuarto de siglo. Y la más sangrienta.

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En primavera el número de soldados rusos y ucranianos muertos, heridos o desaparecidos podría alcanzar los dos millones , según un informe del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), con sede en Washington. El CSIS estima que Rusia ha tenido alrededor de 1,2 millones de bajas, incluyendo hasta 325.000 muertos, mientras que cerca de 600.000 soldados ucranianos han muerto, o han resultado heridos o desaparecidos. Tanto rusos como ucranianos mantienen en secreto los datos oficiales. Las estimaciones del CSIS se basaron en entrevistas con funcionarios occidentales y ucranianos y en datos recopilados por el medio independiente ruso Mediazona y el Servicio Ruso de la BBC.

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Desde cualquier perspectiva histórica, las pérdidas son extraordinarias. Las bajas rusas en el campo de batalla en Ucrania son "más de 17 veces superiores a las pérdidas soviéticas en Afganistán durante la década de 1980, 11 veces superiores a las de la primera y segunda guerras de Chechenia, y más de cinco veces superiores a todas las guerras rusas y soviéticas combinadas desde la Segunda Guerra Mundial", de acuerdo con el estudio.

Avance ruso a paso de tortuga

Putin ya había atacado el este de Ucrania en 2014, a la vez que se anexionaba Crimea. El líder ruso estaba convencido de que obtendría el control del gobierno de Kiev con facilidad. La operación estaba destinada a durar apenas unas semanas, incluso días. Sin embargo, desde 2024 las fuerzas rusas avanzan a paso de tortuga. Desde 2024, las fuerzas rusas han avanzado a un ritmo medio de solo entre 15 y 70 metros al día durante sus ofensivas más destacadas, "más lento que casi cualquier campaña ofensiva importante en la guerra moderna", según el CSIS.

Aunque Moscú logró algunos avances a finales del año pasado en el este de Ucrania y cerca de la región de Dnipropetrovsk, desde entonces el progreso se ha ralentizado debido a las condiciones invernales y a la férrea resistencia ucraniana.

En la Segunda Guerra Mundial, conocida en Rusia como la Gran Guerra Patriótica, entre junio de 1941 a mayo de 1945, el Ejército Rojo avanzó 1.600 kilómetros, de Moscú a Berlín. En la guerra en Ucrania, que ya es más prolongada, las fuerzas rusas solo han ganado 60 kilómetros, menos de la distancia que hay entre Madrid y Toledo.

Un final incierto en tablas sin gloria

"Es una guerra de desgaste que acabará en tablas sin gloria", afirma el almirante retirado Juan Rodríguez Garat. "Ni Rusia ni Ucrania están derrotadas militarmente. Y Rusia quiere más de lo que Ucrania va a conceder. La guerra va a durar".

"En el frente la baza fundamental ahora son los drones. Es una guerra muy tecnológica y muy inestable. Desde el punto de vista militar no hay solución inmediata. Podría haber un colapso de la voluntad de combatir en alguno de los dos bandos. Ucrania teme quedar bajo Rusia. Y Putin ejerce el control absoluto en Rusia. Las negociaciones se enfrentan con el hecho que Putin quiere una Rusia domesticada con un gobierno prorruso", añade Rodríguez Garat.  

Todo lo que no sea ese sometimiento de Ucrania bajo el yugo ruso no le parece una victoria a Putin. Podría darse el caso de que tenga que vender como victoria otra salida. Pero aún no ha llegado ese momento porque todavía resiste el frente, la economía y la moral (sobre todo subvencionada por prebendas a los soldados y a las familias de las víctimas, combinado todo con represión).

Según Petro Burkovsky, director de Democracy Initiatives, un think tank con sede en Kiev, "en este momento, todo indica que la guerra continuará durante más años hasta que Ucrania o Rusia se agoten. Se ha convertido en una competición entre China, que respalda a Rusia e intenta agotar los recursos estadounidenses y europeos, y Occidente por otro lado".

Burkovsky sostiene que "tanto Rusia como Ucrania han perdido esta guerra. Rusia la ha perdido porque no ha conseguido aplastar y ocupar Ucrania, convirtiendo a su ejército en el más grande y potente de Europa. Ucrania la ha perdido porque Rusia ha ocupado sus preciados territorios y recursos y ha destruido millones de vidas".

Sobre el terreno los rusos están luchando por llevar a cabo operaciones ofensivas en la zona de Donetsk (Pokrovsk), han perdido Kupiansk y se han detenido en la zona de Zaporiya, cerca de Huliaypole, Orikhiv y Stepnohirsk. "Es posible que, si nuestras fuerzas siguen causando más de 30.000 bajas al mes, en junio los rusos alcancen su punto álgido. Esto significa que perderán más de 100.000 hombres en primavera y se agotarán antes de que llegue la mejor temporada de verano. Si esto ocurre, Ucrania podría tener una mejor posición para las negociaciones", añade el analista.

Negociaciones sin avances

Hasta ahora las sucesivas rondas de negociaciones no han servido para acercar posiciones, a pesar de la presión de los representantes de Estados Unidos a favor de Rusia. Han acordado liberaciones de prisioneros, lo que ayuda a insuflar moral en la población ucraniana, pero los puntos discordantes siguen siendo los mismos: los territorios y las garantías de seguridad.

Como ha reconocido el propio presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, los ucranianos no van a aceptar cesiones de territorios. Otra cuestión es que se acepte de facto congelar la línea de frente, pero siempre y cuando Ucrania pueda conservar su ejército y obtenga unas garantías similares al artículo 5 de la OTAN.

"Mientras que Putin siga pensando que está ganando, y mientras que no haya algún tipo de presión externa, y con un control muy alto de la política interior, Putin puede tirar un tiempo aún. Hasta que no piense que no le conviene seguir no parará", señala Carmen Claudín, investigadora sénior no residente del CIDOB

Hablar o no hablar con Putin

Ahora el presidente francés, Emmanuel Macron, y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, han planteado la necesidad de volver a hablar con Putin. El argumento es que si se va a tratar sobre la arquitectura de seguridad europea es mejor estar en la mesa que ser parte del menú, como pretenden Putin y Trump.

"Siempre es mejor hablar que matarse. Pero es como el tango, para hablar tiene que s haber dos interlocutores. A Putin le interesa hacer ver que habla, como hace con Trump. Puede que reciba a Trump y a Meloni, y hará ver que quiere, pero no es serio. No va a dar nada", apunta Claudín. "Los europeos no pueden en este momento ser aceptados como un interlocutor adecuado si no demuestran que están dispuestos a luchar militarmente por Ucrania. Es lo único que entiende Putin y lo único que le hará pensar".

En realidad, las negociaciones parten de una premisa falsa, mientras Rusia no esté al borde del colapso financiero. Putin no quiere la paz, aunque le diga a Trump lo contrario. Lleva alimentando la maquinaria de guerra desde hace más de una década y le da réditos. Basa su poder en la gestión de la guerra y en la represión. Es presa de su concepción imperialista de Rusia que puede que sea finalmente su soga.

La economía rusa se resiente

Las sanciones impuestas a Rusia, hasta 19 rondas por parte de la UE, son de muy lento efecto. Además, Rusia está contando con ayuda de China o la India. Sin embargo, en 2025 la economía empieza a renquear. "Hay inflación, los salarios están estancados, se retrasa el pago de salarios y pensiones, los tipos de interés están por las nubes. También hay dificultad para encontrar trabajo. Ya se nota en la calle. Los economistas dicen que la economía rusa entra en estancamiento. Vuelve a una situación a la soviética en la que todo gira en torno a la guerra. Todo lo que necesita la guerra tiene prioridad sobre lo demás", apunta Claudín.

"Hay descontento pero también mucho miedo. Permiten ciertas quejas sobre problemas reales, como la vivienda, para dar la impresión de que hay libertad de expresión", añade Claudín.

Batalla contra el tiempo

Tanto Ucrania como Rusia libran una batalla contra el tiempo. Los ucranianos confían en que la ayuda de la Unión Europea, y del Reino Unido se mantenga como hasta ahora. De hecho, son los que están financiando a Ucrania desde que llegó Trump a la Casa Blanca. No se atreven aún a dar pasos como descongelar los fondos rusos para entregárselos a Ucrania pero será necesario que lo hagan para que quede claro que van hasta el final con Kiev. La traición de Trump en Groenlandia ha abierto los ojos a la Unión Europea, que ya sabe que ha de acelerar su reconversión en defensa. EEUU no solo tiene otras prioridades sino que amenaza invadir un aliado si conviene a sus intereses.

Ucrania afrontó su prueba de fuego con la invasión a gran escala. Pero ahora es Europa la que ha de reaccionar. La Rusia de Putin, si consigue una salida airosa en Ucrania, se verá tentada de poner a prueba a la OTAN en los países bálticos, o de dividir a la Unión Europea gracias a sus afines como el húngaro Viktor Orbán, o el eslovaco Robert Fico. También se ha abierto el debate nuclear. No hay seguridad de poder contar con el paraguas de EEUU.

El siguiente paso de Rusia: temor nuclear

"Rusia puede amenazar con una invasión de un país de la OTAN o bien recurrir al chantaje nuclear. Así consigue condiciones que no podría lograr de otra manera. Cuando perdió Jersón, ya amenazó con usar armas nucleares. Eso es lo que nos debería preocupar más de Rusia. Podría ir escalando la situación en Moldavia o en los Bálticos. Europa no se va a arriesgar a una guerra nuclear. Y por ello el debate es imprescindible en Europa, también en España. Ya no solo se trata de contar o no con EEUU sino qué nos va a cobrar por el paraguas nuclear", indica el almirante retirado Rodríguez Garat.

Cuando nos adentramos en el quinto año de guerra en Rusia, hay algunas certezas y todas apuntan a que Putin se cegó con Ucrania y las consecuencias han sido nefastas para sus intereses. Como dijo el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, en Múnich,
"Putin quería que Ucrania se volviera rusa. Se volvió europea. Quería parar la ampliación de la OTAN. Añadió Finlandia y Suecia. Ha conquistado un 1% de territorio en 2 años". Y, sobre todo, la guerra contra el invasor ruso será ya el hecho clave en la creación de la identidad ucraniana. Cada vez más sólida.