Es un alivio frágil. Un suspiro después de 48 días aguantando la respiración. En el mes y medio transcurrido desde el primer misil que EEUU e Israel lanzaron contra Irán muchas cosas han cambiado. La vida y el futuro de los países del Golfo Pérsico y de sus habitantes es hoy peor que el 27 de abril, antes de que la tormenta de Trump y Netanyahu pusiera en vilo al mundo. Tampoco la economía se recuperará pronto. El anuncio ayer del gobierno iraní de que abría sin condiciones el estrecho de Ormuz fue, al menos, un descanso para los mercados y las previsiones económicas que comenzaban a dibujar el desastre.

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Los 49 días en el que el petróleo, o la falta de él, han puesto en jaque al mundo han registrado hitos que jamás se han producido y episodios que parecían de otro tiempo. Sin duda, el poder de controlar o condicionar el suministro energético se ha demostrado como el arma más amenazante de una guerra. El estrecho de Ormuz ha sido el ‘misil’ económico con el que Irán ha logrado plantar cara a EE. UU. y a la loca estrategia bélica de Trump.

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Bastó un día de ataques para disparar los miedos en los mercados. La cotización del precio del petróleo, y en menor medida del gas, se disparó casi de modo inmediato. El barril Brent llegó a alcanzar los 118 dólares de cotización, frente a los 77 en los que se encontraba antes de comenzar la guerra. El gas se disparó aún más al duplicar sus precios de los 31 euros a casi 62. Lo que por momentos se auguraba como un conflicto de pronta resolución, de apenas cuatro semanas, no tardó en complicarse y con ello en arrastrar a las economías del planeta.

Bloqueo naval y reservas estratégicas

Fue cuestión de horas que la inestabilidad en las compañías petroleras se instalara: barcos con cargas millonarias bloqueados a las puertas de Ormuz y las compañías de seguros anunciando que revisarían o anularían sus coberturas para servicios en esa zona del mundo. Por el estrecho de Ormuz transitaba el 20% del petróleo mundial y desde hace 49 días apenas lo ha hecho. En la zona, los ataques cruzados también han dañado infraestructuras del resto de países productores de la región que tardarán, en algunos casos, años en repararse. La herida en el Golfo Pérsico no se sanará rápido aunque Ormuz vuelva a estar despejado.

El 11 de marzo, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) anunció que la treintena de sus países miembros había acordado dar un paso inédito: aprobar el mayor desbloqueo de reservas estratégicas de la historia con la liberación de 400 millones de barriles de petróleo. En nuestro país, la medida de emergencia se ha traducido en la liberación de 11,5 millones de barriles de nuestras reservas, el equivalente a 12 días de consumo.

Impacto en el bolsillo de los españoles

España se vio obligada a aprobar un plan de medidas para contener el impacto en los precios. La reducción del IVA de los carburantes del 21% al 10% y la aplicación del impuesto especial mínimo a los hidrocarburos no tardó en verse sobrepasada por los acontecimientos. Aún hoy, los precios por litro del gasóleo y la gasolina por encima de los 2 euros perviven en muchas gasolineras. Por el camino, el diésel ha ‘sorpasado’ a la gasolina y se ha convertido desde mediados de marzo en el combustible más caro en las más de 12.000 estaciones de servicio españolas.

La incertidumbre llegó hasta los despachos comunitarios, donde comenzaron a preocuparse por posibles problemas de abastecimiento. El anuncio de planes de recomendación en la contención del consumo es reciente e incluye medidas como el teletrabajo, la reducción en el uso del vehículo privado o limitaciones de velocidad. En países como Italia la crisis de Irán ha llegado a obligar a limitar vuelos por falta de queroseno.

Una volatilidad que no cesa

El viernes por la tarde los mercados respiraron aliviados tras mes y medio de guerra. En el caso de barril Brent, tras el anuncio de Irán la caída en la cotización llegó a situar su precio en los 86 dólares, cuando esa misma mañana había rozado de nuevo los 100 dólares. Pero las dudas sobre la fragilidad del anuncio volvieron a insuflar ciertas dudas y el Brent rebotó hasta los casi 91 dólares a última hora de la tarde del viernes.

Las conversaciones que se anuncian para este fin de semana y la continuidad del alto el fuego entre Israel y el Líbano determinarán si el suspiro de la economía se convierte en temor o angustia. Por ahora, la normalidad no se ha restablecido del todo y los mercados energéticos siguen lejos de recuperar el escenario del 27 de abril: el petróleo está un 16% más caro y el gas cotiza un 20% más alto que antes del conflicto.