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La gesta de los presos madrileños que fueron liberados el 2 de Mayo para combatir a Napoleón

Palacio de la Santa Cruz en Madrid
Palacio de la Santa Cruz actualmente, antigua Cárcel Real | Carlos Delgado
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Era el 2 de mayo de 1808 en Madrid. Afuera solo se escuchaban gritos, disparos y el retumbar de la caballería al chocar con el empedrado de las calles. Dentro, en la Real Cárcel de la Corte (actual Palacio de Santa Cruz), se estaba gestando uno de los episodios más singulares y contradictorios de la Guerra de la Independencia española, donde un grupo de hombres encarcelados pidió permiso a sus captores para abandonar momentáneamente su reclusión y combatir a las tropas francesas invasoras, bajo juramento regresar a su cautiverio. Las páginas del Archivo General Central, Libros de Gobierno de la Sala de Alcaldes, 1808, t. II, folio 640, recogen la historia. 

Vista de la Cárcel Real. S. XVIII
Vista de la Cárcel Real. S. XVIII

Un pacto entre caballeros

Para los presos, encabezados por un tal Francisco Xavier Cayón de Bustamante, la salida de la cárcel fue un acto de lealtad a España y su rey. Según un escrito de su puño y letra redactado horas después del suceso, los internos escucharon los cañonazos y gritos de "¡Viva el Rey y mueran los franceses!" que en ese momento resonaban con estruendo en el exterior del recinto carcelario.

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A pesar de su condición, los prisioneros eran conscientes de la situación previa en la que estaba inmersa la ciudad. Sabían que los madrileños estaban en contra de la presencia de tropas francesas y por ello, ataron cabos rápidamente. El alboroto solo podía deberse a un motivo: la población se había rebelado contra el ejército napoleónico. Así, con la idea de “salir a defenderse y no morir dentro de la cárcel asesinados”, y habiendo conseguido zafarse de los grilletes que los aprisionaban, los reclusos se ofrecían a salir a combatir a los franceses bajo la solemne promesa de volver a sus celdas una vez hubieran cumplido con su deber en la defensa de la nación.

Confesiones en la cárcel. Francisco de Goya

El valor de los prisioneros

Debido al miedo a un posible descontrol de los presos, la propuesta contó con la aprobación del director y fueron los propios porteros quienes abrieron las puertas de las celdas. Los internos se precipitaron al exterior. Aquellos que no pudieron salir de la cárcel para unirse al combate, bloqueados por el intenso fuego de fusilería francesa , se dedicaron a proteger la prisión y a consolar a las mujeres presas, aterrorizadas por los disparos. 

Los que consiguieron salir, guiados por el fragor de la contienda, se dirigieron en tromba a la Plaza Mayor. Allí, atacaron un destacamento francés que estaba cañoneando a los insurrectos desde el arco de la calle Toledo. Tras una breve lucha, pasaron a degüello a siete de ellos y requisaron el cañón que utilizaban. En respuesta, los galos contraatacaron con un escuadrón ligero de caballería, pero los presos lo frenaron, “haciéndoles tres disparos con la metralla que habían tomado de la pieza”. Finalmente, al no contar con la munición suficiente para mantener la posición, reventaron el cañón “prestado” para inutilizarlo y se separaron, buscando la bulla cada cual por su cuenta. 

Esta versión de los hechos finaliza con la vuelta de los presos “fugados” el día siguiente, tres de mayo. Donde, de los 56 presos que habían salido, regresaron a sus celdas 51, estando uno herido en el hospital, 2 declarados muertos y otro que desapareció. El propio Bustamante, al regresar, se mostró profundamente indignado cuando los burócratas anotaron a él y sus compañeros como "fugados", exigiendo que se reconociera la honorabilidad de sus acciones.

Carga de los cazadores de la guardia imperial contra la población madrileña.
Carga de los cazadores de la guardia imperial contra la población madrileña. | Maurice Orange (1867-1916) - "La Vie privée des hommes : Au temps de Napoléon", Pierre Miquel, Hachette, 2001.

Fuego, motín y abandono militar

Entre los testimonios y documentos que se encuentran en los Libros de Gobierno de la Sala de Alcaldes, se recoge también el parte oficial firmado aquel mismo mediodía por el alcaide de la prisión, Aquilino Sandoval, el cual expone una realidad diferente a los hechos anteriormente narrados. El funcionario expone que lejos de producirse un pacto de honor, los presos escaparon de la penitenciaría violentamente.

A las doce de la mañana, ante el clamor de los reclusos que ya contaban con armas a su disposición, se produjo un intento de fuga. El documento detalla la desesperación de las autoridades penitenciarias, que intentaron calmarlos sin éxito, pero lo más revelador del informe oficial es la constatación del absoluto colapso del ejército regular español. El alcaide Sandoval, que salió a la calle desesperado pidiendo auxilio a las autoridades, relata cómo la guardia de Santa Cruz se negó a intervenir por "no tener orden para dejar salir la tropa". Además, una patrulla de caballería española ignoró las súplicas del alcaide y se alejó al galope por la calle Boteros.

Abandonado por el ejército, el alcaide regresó a la cárcel solo para encontrar que los presos habían prendido fuego a las instalaciones. Mientras los guardias luchaban con cubos de agua para evitar que el edificio entero ardiera, los internos aprovecharon la confusión para escapar en masa.

El dos de mayo en Madrid, escenas en la calle de Cuchilleros. | Huertas (1908-05-02). "El dos de mayo en Madrid.Defensa de una casa de vecindad". Blanco y Negro (887).

El veredicto de la historia

Es innegable que muchos de los presos que salieron de la Cárcel Real aquel día lucharon ferozmente en las calles de Madrid con armas improvisadas, y está documentado que varios de ellos murieron combatiendo contra las tropas del general francés Joachim Murat. Asimismo, otros muchos cumplieron su promesa y regresaron a sus celdas por la noche, entregando multitud de armas capturadas. Sin embargo, el informe del alcaide arroja luz sobre el terror primario y el caos violento que reinó en los pasillos de la prisión.

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