El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que cada año se producen aproximadamente 50 millones de toneladas de basura electrónica en todo el mundo. Dentro de esta cifra se incluyen los 20 kilos de residuos electrónicos y eléctricos (denominados RAEE) que desecha cada español, de media, al año, según se desprende del informe Global E-waste Monitor 201 del programa Ciclos Sostenibles de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU). Somos el quinto país europeo que más basura electrónica produce por detrás de Alemania, Reino Unido, Francia e Italia.

La carrera por la innovación tecnológica constante y el simultáneo abaratamiento del coste de los dispositivos electrónicos que utilizamos en nuestro día a día explica el crecimiento exponencial de este tipo de desechos, que es tres veces mayor que la media de los residuos urbanos que generamos anualmente. No solo hablamos de electrodomésticos, bombillas y reproductores de música sino, sobre todo, de teléfonos móviles, ordenadores, tabletas, módems, routers, controles remotos, y un largo etcétera.

Las consecuencias para el medio ambiente son graves. Cualquier smartphone contiene sustancias químicas y metales pesados como plomo, tantalio, zinc y litio, que son altamente contaminantes para las personas que los manipulan. El contacto con este tipo de elementos puede conllevar enfermedades del sistema nervioso, respiratorio, cardiovascular, así como asociadas a los riñones y al sistema reproductivo. Además, este tipo de tóxicos permanecen en el entorno durante larguísimos periodos de tiempo, incluso de miles de años. La gestión inadecuada de la chatarra electrónica –por ejemplo, se quema y se produce humo tóxico-, incide directamente en los niveles de contaminación del aire, la tierra y el agua.

en España se producen casi un millón de toneladas de desechos electrónicos al año. Esto supone un aumento del 43% sobre el volumen registrado en 2010

Los registros de la UNU indican que en España se producen casi un millón de toneladas de desechos electrónicos al año. Esto supone un aumento del 43% sobre el volumen registrado en 2010, según datos aportados por la Universidad de Salamanca.

En nuestro país, el Real Decreto 110/2015 establece una serie de condiciones para el manejo y la manipulación de esta basura. En términos generales, la forma correcta de proceder consiste en deshacerse de este tipo de aparatos solo cuando ya ha terminado su vida útil. Una vez esto ocurre, debemos llevarlos siempre a un punto limpio desde el que posteriormente serán transportados a una planta de tratamiento donde serán procesado en condiciones de seguridad. Allí se separarán cada uno de sus componentes y materiales para destinarlos, en la medida de lo posible, al reciclaje de otros productos, o en todo caso evitando que acaben liberándose al medio ambiente.

«Deberíamos preguntarnos si realmente necesitamos comprar un teléfono móvil nuevo cuando podríamos seguir utilizando el que tenemos», opina Thibaud de Larauce, director ejecutivo de la plataforma especializada en la reutilización de aparatos eléctricos Back Market. Siguiendo la lógica intrínseca del Objetivo 12 de Nacionales Unidas sobre producción y consumo responsables, de Larauce insiste en la necesidad de impulsar medidas «eficaces» que frenen el crecimiento de estos residuos, fomentar la reutilización y el consumo más eficiente de los dispositivos eléctricos y electrónicos.