En el escenario de los bancos centrales, resulta muy difícil competir en trascendencia con la Reserva Federal. Pero el presidente del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, logró la pasada semana robar una buena dosis de protagonismo a la reunión del banco central estadounidense.

Los ajustes anunciados el pasado miércoles por la autoridad monetaria nipona han sido entendidos como el inicio de un nuevo enfoque en las políticas con las que los bancos centrales tratan de revitalizar la economía. Grosso modo, el Banco de Japón estableció un mecanismo de control de la curva de tipos, al marcarse como objetivo que la rentabilidad del bono japonés a 10 años se mantenga en el entorno del 0%, muy por encima del -0,3% que llegó a rondar el pasado mes de julio.

El objetivo es reducir algunos de los efectos secundarios negativos de las políticas de estímulo y que tienen en la banca a una de sus víctimas más evidentes, al erosionar las vías de rentabilidad del sector.

Kuroda busca limitar el impacto negativo de sus políticas de estímulo sobre la banca»

De inmediato, inversores y expertos se han cuestionado si el Banco Central Europeo (BCE) podría seguir los pasos de Kuroda, dado que en la eurozona, al igual que en Japón, el sector financiero se ha visto muy penalizado por la política actual de tipos ultra bajos. De hecho, la banca europea celebró en bolsa la decisión del banco central nipón como si hubiese sido el propio presidente del BCE, Mario Draghi, el que la hubiese adoptado.

Fuentes del sector reconocen que “es importante que los bancos centrales limiten un mayor daño sobre las cuentas del sector financiero, que se puede convertir en un efecto distorsionador y un problema adicional sobre la estabilidad financiera”.

Sin embargo, los expertos muestran serias dudas de que Draghi vaya a seguir la senda abierta por Kuroda. Y no sólo porque el presidente del BCE considere, como recalcó el pasado jueves, que gran parte del problema de rentabilidad de la banca se debe a un exceso de competencia y no a la política monetaria. “No creemos que el BCE seguirá la senda del control de la curva de tipos”, apuntan en Nomura.

Esta visión es compartida por los analistas de Bank of America Merrill Lynch, que resaltan que el establecimiento de una política de este tipo en la Eurozona chocaría con obstáculos de tipo técnico e incluso desafíos legales. Entre otras cuestiones, se preguntan cómo podría establecerse un nivel objetivo de rentabilidad del bono a 10 años apropiado para cada país de la unión monetaria.

La alternativa europea

Esto, no obstante, no implica que el BCE deba desentenderse de las dificultades de la banca. Según los expertos del banco estadounidense, Draghi cuenta con dos vías para compensar el daño que las políticas de estímulo están generando en el sector financiero: modificar alguna de las medidas adoptadas en los últimos tiempos o instar a que otros brazos de la política europea proporcionen un sustento al sector.

Dentro de la primera opción, apuntan en Bank of America, el BCE podría revertir los tipos negativos que aplica a la facilidad de depósito (la hucha que pone a disposición de los bancos para que guarden la liquidez que les sobra), aunque esto podría generar problemas de credibilidad al banco. Otra opción sería compensar los efectos nocivos sobre la rentabilidad del sector, incluyendo los bonos de la banca entre las compras del programa de compra de activos (QE). No obstante, esta solución podría generar cierto conflicto de interés, dado el papel que mantiene el BCE como supervisor del sector.

La reversión de los tipos negativos o la compra de bonos bancarios podrían ayudar al sector»

Por eso, “si las limitaciones de la política monetaria son demasiado pesadas, otras ramas de la política tienen que ser llamadas al rescate”, observan en Bank of America. En este sentido, señalan que el BCE podría respaldar la puesta en marcha de medidas que quedan fuera del ámbito estricto de la política monetaria. Destacan tres opciones: una moratoria en la aplicación de una regulación financiera más estricta; una acción auspiciada por los gobiernos para sanear los balances del sector; o un paquete de estímulo fiscal apropiado. “En los dos primeros casos, se podría elevar la rentabilidad de la banca mediante la reducción de la base de costes. En el tercer caso, se generaría suficiente volumen de nuevos préstamos para compensar la caída de márgenes”.

Con la baja rentabilidad de la banca como una de las principales amenazas que penden sobre la situación financiera en la eurozona, a buen seguro que el BCE no deja de sopesar este amplio abanico de opciones para aliviar la situación del sector. Sin duda, Kuroda ha mostrado a Draghi una meta a la que le conviene dirigirse. Aunque antes tendrá que dibujar su propia senda.