El bloqueo político en España podría tener las horas contadas. Al menos así interpretan buena parte de las casas de análisis la caída de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE y su sustitución por una gestora liderada por Javier Fernández.

Tras casi diez meses, los inversores ven posible que una abstención del PSOE favorezca la formación de un gobierno del PP, liderado por Mariano Rajoy, con el apoyo de Ciudadanos, una fórmula señalada de forma casi unánime como la preferida por los mercados. Y como prueba de ello, los inversores se lanzaron desde la apertura de este lunes a comprar deuda española, prolongando la buena marcha que ésta ha mantenido en los últimos meses.

El interés del bono español a 10 años marcó un mínimo histórico intradía en el 0,86% -noventa puntos menos que a inicios de año-, mientras que el bono a cinco años rebajó su rentabilidad al 0,03%, a sólo un paso de la barrera de los tipos negativos. «No está claro que el Partido Socialista se abstendrá en otra votación para que Rajoy forme gobierno, pero los inversores se han tomado bien la renuncia de Sánchez», explica Antoine Bouvet, estratega del banco japonés Mizuho, en declaraciones a la agencia Reuters.

El interés del bono español a 10 años marca el nivel más bajo de su historia, en el 0,86%, tras restar 90 puntos en el año

No obstante, este impulso inicial se fue diluyendo a lo largo de la jornada, en un movimiento negativo general de la deuda pública internacional, conforme los buenos datos de la economía de EEUU reforzaron las opciones de que la Fed eleve los tipos de interés este año. El interés del bono a diez años acabó cerrando la jornada por encima del 0,9%.

En cualquier caso, Estefanía Ponte, directora de análisis de BNP Paribas Personal Investors, sostiene que «es cierto que noticias apuntando a una posible solución a la actual situación política se traducen en una menor rentabilidad del bono español». Un efecto que, en opinión de Javier Casal, director de la mesa de bonos de gobierno de Ahorro Corporación, lleva presente desde hace bastante tiempo. «El mercado estaba y está convencido de que no habrá terceras elecciones, incluso antes de la dimisión de Pedro Sánchez. De ahí el movimiento comprador en el bono español hacia mínimos de rentabilidad histórica en las últimas semanas». De hecho, desde las elecciones del pasado 26 de junio, la rentabilidad de los títulos españoles ha diez años ha descendido en más de 70 puntos básicos.

El papel del BCE

La mejora reciente de la deuda española, no obstante, no puede explicarse exclusivamente por cuestiones políticas internas. Como sugiere Carlos Fernández, analista de XTB, las millonarias compras de bonos por parte del BCE han sido un factor fundamental para explicar la caída de intereses, tanto del bono español como del resto de la eurozona, a mínimos históricos. Hasta el cierre de agosto, el banco central había comprado más de 117.000 millones de euros en deuda pública española, y más de un billón de euros en títulos soberanos de la eurozona. «La situación política apenas ha tenido reflejo en la deuda, porque la actuación del BCE ha evitado cualquier tensión», apunta.

Javier Domínguez, socio director de Auriga Global Investors también coincide en el peso primordial del BCE en la evolución de la deuda española y apunta a que las compras de la institución seguirán propiciando un goteo a la baja de las rentabilidades, salvo que la situación política diera un giro inesperado. «La deuda española tiene un buen ráting y aún ofrece rentabilidades atractivas y esa combinación gusta a los inversores», señala.

Los expertos resaltan que la deuda española ha mostrado un mejor tono que la italiana en los últimos meses

Todo esto no oculta que la deuda española ha sido una de las que mejor evolución ha mostrado en los últimos meses en la eurozona, frente a otros países favorecidos igualmente por las compras del BCE. Tanto Ponte como Casal resaltan el mejor comportamiento que el del bono italiano. A inicios de año, el diferencial entre ambos países era de 18 puntos básicos a favor del italiano (es decir, su rentabilidad era menor). Hoy, la diferencia es de alrededor de treinta puntos a favor de España, la más grande en dos años.

Las incertidumbres políticas de Italia, con el temor a una caída del gobierno actual en el referéndum del próximo diciembre, y las dificultades de su banca son algunos de los escollos que han pesado en la percepción de la deuda trasalpina por parte de los inversores. Por eso, Casal sostiene que el diferencial con Italia seguirá aumentando en los próximos meses. Siempre, eso sí, «que no nos explote el tema del déficit público y la posible multa de la Unión Europea y que internacionalmente el petróleo y el Brexit no nos sigan dando sustos».