Oleadas de dinero en los mercados y rentabilidades de la deuda en cotas mínimas, incluso negativas. Estos ingredientes, hasta hace pocos años inusuales, forman parte del escenario que los bancos centrales han contribuido a crear desde el inicio de la crisis. Casi ochos años han pasado desde que la Reserva Federal de EEUU abrió el camino de los estímulos monetarios, con su primera ronda de expansión cuantitativa (Quantitative Easing o QE), y desde entonces todos los grandes bancos centrales se han adentrado por ese sendero.

Pero la hora de emprender el camino de vuelta podría estar próxima. Al menos eso parecen descontar los mercados de deuda en las últimas jornadas, en las que las rentabilidades han registrado una llamativa escalada. El interés del bono español a 10 años tocaba este lunes el 1,14% por primera vez en tres meses, lo que contrasta con los mínimos históricos, inferiores al 0,9%, que registraba hace menos de tres semanas.

En el mismo periodo, la rentabilidad de los títulos a diez años de Italia ha escalado del 1,18% hasta el 1,4%. Y más llamativo ha sido el repunte de los bonos alemanes, que han tornado sus tipos negativos del -0,1% por tasas positivas de similar magnitud.

Y la deuda corporativa ha experimentado un movimiento similar, con un repunte de las rentabilidad media, según el índice Bank of America Merrill Lynch Euro Corporate, de 14 puntos básicos, desde el mínimo histórico que registró el pasado 7 de septiembre, en el 0,63%.

Ajuste de rentabilidades

«El mercado está tomando conciencia de que el QE  no va a ser para siempre y que, aunque aún le queda recorrido, más tarde o más temprano se va a terminar y gradualmente los bonos europeos se van a ir situando en una franja de rentabilidades más acorde con el nivel de sus economías», señala Javier Casal, director de la mesa de bonos de gobierno de Ahorro Corporación.

Desde marzo de 2015, el BCE está adquiriendo deuda pública europea, a ritmos inicialmente de 60.000 millones al mes, que se aceleraron, desde el pasado abril, hasta los 80.000 millones. Además, desde junio, en este paquete de compras se incluye deuda de empresas. Está previsto que el programa se prolongue hasta el próximo marzo e, incluso, más allá, si fuera preciso.

El interés del bono español a 10 años ha escalado más de 20 puntos en tres semanas, hasta niveles de julio

Pero lo cierto es que en las últimas semanas algunas noticias han apuntado a que la institución que preside Mario Draghi estaría estudiando una progresiva retirada del programa en el medio plazo. Aunque el BCE negó haber discutido esta opción, la tensión registrada en el mercado de bonos parece evidenciar que los inversores han decidido dar cierta credibilidad a una próxima retirada del QE.

«El mercado está a unos niveles desorbitados, conducido por la demanda de los bancos centrales. A estos niveles, los inversores se muestran muy sensibles a cualquier indicio de un cambio en las condiciones y prefieren hacer caja a arriesgarse a un vuelco en la situación», explica Manuel Villalba, director de Renta Fija de GVC Gaesco Beka.

La mejora reciente de los datos económicos y el repunte de la inflación, la preocupación por los efectos negativos de las políticas de estímulo, especialmente en la banca, y las dificultades técnicas a las que se enfrenta el BCE para poder seguir comprando bonos al ritmo actual son algunas de las razones que aducen los que apuestan a que el inicio del fin del QE podría estar más cerca de lo que se cree.

«Teniendo en cuenta todo esto, creemos que sería una gran hazaña para el grupo más proclive a los estímulos del Consejo de Gobierno del BCE persuadir a la mayoría de los miembros para acordar la extensión de las compras de bonos más allá de marzo sin una reducción», observan en Oxford Economics. Aunque descartan un fin abrupto del QE, los analistas de esta firma dan sólo un 15% de probabilidades a que las compras se mantengan al ritmo actual a partir del próximo marzo.

Lo cierto es que el escenario de estímulos extraordinarios -y, por ende, tipos extraordinariamente bajos en la deuda- parece estar debilitándose, y no sólo en la eurozona. Las rentabilidades del bono a 10 años de Reino Unido han escalado casi 50 puntos básicos, hasta el 1,15%, en sólo trece sesiones. En EEUU, rondan el 1,8%, 20 puntos más que a inicios de octubre. Y en Japón, los tipos negativos se han reducido a la mitad en poco más de un mes, hasta el -0,05% actual.

Cambio de rumbo en Japón

Precisamente, en Japón se encuentra parte de la clave del cambio de escenario. La decisión que anunció el banco central nipón a finales de septiembre, marcándose un objetivo de rentabilidad para el bono a 10 años en torno al 0%, fue entendido como un cambio de enfoque que anticipaba que las políticas de estímulo habían alcanzado su límite. De hecho, los analistas de Citi calificaron la medida como «el inicio del fin del QE«.

«La decisión del Banco de Japón fue el primer detonante. Al flexibilizar sus compras y establecer ciertos mecanismos de control de la curva de tipos lanzó una señal de que la política monetaria ha agotado buena parte de su potencial. Y ahí surge la duda de si sus pasos podrían ser seguidos por otros bancos centrales, como el BCE», apunta Marian Fernández, directora de estrategia de Andbank.

Con la mayor parte de los expertos apostando a que la Fed elevará los tipos de interés el próximo diciembre y con la subida de los precios del petróleo alentando unas crecientes expectativas de inflación, cada vez existen menos razones para que los inversores se posicionen en bonos que apenas ofrecen rentabilidad.

Pero tras años de elevada complacencia en unos mercados en los que apenas se ha contemplado ni el riesgo de inflación, ni aún la opción de un fin próximo de los estímulos, el cambio de escenario podría entrañar notables riesgos. Son muchos los expertos que han calificado de burbuja la situación del mercado de deuda y la amenaza del fin de los estímulos podría acabar por explotar la misma.

El incremento de los intereses de la deuda podría poner en riesgo la solvencia de algunos países de la eurozona

Sin ir tan lejos, en Natixis mencionan otros riesgos, como la posibilidad de un incremento de los diferenciales de deuda en los países considerados menos seguros, en concreto en las economías periféricas europeas, que podría propiciar un deterioro de la situación fiscal de estos países, por el incremento de los intereses de la deuda.

En cualquier caso, la mayor parte de los expertos considera que, aunque hay que empezar a contemplar que el QE tiene fecha de caducidad, en Europa tal vez sea prematuro empezar a hablar de retirada. «Una reducción eventual de las compras no sería una gran sorpresa, pero parece prematuro que sea decidido en la reunión de este jueves», observan en Lloyd’s.

De hecho, casi nadie espera ningún anuncio relevante esta semana por parte del BCE, de modo que las miradas se trasladan a diciembre, en espera de algunos ajustes en el programa QE y tal vez una extensión del mismo por otros seis meses. «Lo que esperamos más bien es una flexibilización del plan del BCE, pero aún no su retirada», comenta Fernández.

Y en cualquier caso, cuando llegue el momento de esa retirada, «los bancos centrales van a procurar que esta sea muy gradual, de modo que no se generen grandes sobresaltos en los mercados», explica la experta de Andbank.