En un futuro no muy lejano – uno que veremos todos nosotros – los trabajos de baja cualificación desaparecerán devorados por los avances tecnológicos de nuestra época. Esto afectará a la función de recursos humanos, que sobre todo en empresas de mano de obra intensiva, perderá todo su valor, debiendo transformarse en un rol más sofisticado y focalizado en la gestión individual del talento.

Las direcciones de recursos humanos deberán reinterpretar las dimensiones físicas y temporales de la tradicional relación laboral vigente, así como el concepto de exclusividad. Ahora, diseñar nuevos modelos organizativos, mantener los niveles de productividad, proteger la identidad de empresa y defender el know how como activo esencial de la compañía serán sus nuevos cometidos. Es decir, desaparecerá parte de la actividad tradicional y aparecerán otros retos diferentes, exactamente lo mismo que ocurrirá en el resto del mercado laboral.

Y la verdad no entiendo el por qué de tanta tensión, esto no es nuevo, lleva pasando ante nuestros ojos durante los últimos veinte años y simplemente ahora se acelera un poco más, pero no es una sorpresa. A estas alturas todos deberíamos saber que hay que correr para simplemente quedarte donde estás, que hay que seguir aprendiendo cosas nuevas todo el tiempo y que como dice la canción “todo cambia, nada permanece”.

Desde mi punto de vista, los cambios son la mayoría de las veces para mejor.De hecho, todos los avances tecnológicos se han puesto de nuestra parte en el pasado y gracias a ellos, hoy hay más trabajo, somos más productivos y vivimos mejor que antes. Y sí, el mundo es mejor – para todos –siendo muchos más en términos absolutos y aunque algunos se esfuercen en decir lo contrario, ¿han leído ya Factfulness de Hans Rosling?.

¿Acaso es una inteligencia artificial capaz de arriesgarse?

Estoy de acuerdo en que se destruirán muchos puestos de trabajo, pero también se crearán muchos otros, algunos que incluso hoy día todavía no podemos imaginar – acaso podían sospechar hace algunos años que alguien pudiese ganarse la vida y muy bien, por cierto, subiendo fotos y videos de su vida privada a una red social llamada Instagram.

Es cierto que algunos sectores y algunas profesiones sufrirán más, el futuro irá eliminando paulatinamente los trabajos de menor cualificación, los de menor valor añadido y como el nivel del agua, los avances irán subiendo hasta llegar al cuello. Si te has acomodado o buscas un trabajo sencillo de los que den pocos problemas, ya estás muerto, aunque tú no lo sepas.

Sólo utilizando tu cerebro, adaptándote y entendiendo que hay que formarse y entrenar todos los días sobrevivirás. De hecho, si algunas profesiones no han desaparecido todavía es porque el ser humano y la sociedad no puede asumir el cambio tan rápidamente como se produce hoy en día. Nuestra propia capacidad de absorción de tecnologías nuevas, los marcos regulatorios existentes y la dificultad para regular terrenos inexplorados, así como los abultados e inmediatos costes directos asociados al cambio ponen el freno. Otras veces, son simplemente grupos de presión que luchan por proteger situaciones de privilegio – que son siempre a costa de otros – y digo privilegio porque cuando no competimos todos con las mismas reglas, seguimos siendo iguales, pero unos más que otros.

Mi mensaje es optimista porque como decía Churchill “no parece muy útil ser otra cosa” pero toda recompensa que merezca la pena requiere de esfuerzo y habrá que salir de nuestra zona de confort para entender que la tecnología no es el problema, sólo la estupidez y la desidia lo son.

Parece inevitable que las máquinas nos reemplacen en muchas actividades, pero también nos harán mejores y más eficientes en otras, además no todo lo pueden hacer las máquinas; los seres humanos no somos perfectos y eso es precisamente lo que nos hace sobrevivir. Disponemos de capacidades innatas que no se pueden replicar, ¿acaso es una inteligencia artificial capaz de arriesgarse?.

Sólo el ser humano es flexible, creativo y dispone de la capacidad para improvisar y para adaptarse y es que simplemente, hay cosas que no se aprenden. Las máquinas verán detalles que a nosotros se nos escapan, pero ninguna comprenderá la foto de conjunto; podrán interactuar con personas, pero no serán capaces de sacar el máximo partido al encuentro, pues no pueden ponerse en los zapatos del otro. En estadística hay un término conocido por el nombre de random walk para definir a un comportamiento aleatorio impredecible, ¿cómo lidiará con ello un robot?, adivinen: se desconectará.

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Iván González es directivo de Recursos Humanos y Comunicación.