Metro de Madrid acaba de cumplir cien años. Qué mejor manera de homenajear a lo que es, sin duda, toda una institución en la vida de los madrileños, que sentarnos frente a la mujer que tiene bajo sus hombros la responsabilidad del que es, sin duda alguna, el mejor metro del mundo. Nada más y nada menos que 7.000 trabajadores, 12 líneas, 302 estaciones y una red mallada por la que circulan, cada día, dos millones trescientos mil viajeros. Produce cierto vértigo pero baste con considerar que mi amada Roma, con una población superior a la de Madrid, solo tiene dos líneas de metro, más una tercera en construcción. 

Silvia Roldán es una de las profesionales más reputadas en su ámbito. Ingeniera industrial, admite que la gran pasión de su vida, además de su marido y sus hijas, es el ferrocarril. Fruto de ello son los 16 años transcurridos en Adif, organismo público que administra las infraestructuras ferroviarias. De ahí saltó a la dirección del Consorcio de Transportes madrileños y desde hace unos meses ha asumido el que, de momento, es su mayor reto profesional: ser la primera mujer en la historia que se convierte en CEO del Metro de Madrid.

Empática, buena conversadora, con ideas claras y con un estilo de liderazgo absolutamente natural e inspirador. De sonrisa franca y amable, va explicando los pormenores de una empresa que siente como suya y de la que le enorgullece saber -para ello trabaja- que es parte fundamental de la vida de los madrileños.

Pregunta.- Señora Roldán, ¿cómo empezó todo?

Respuesta.- Yo provengo de una empresa pública, Adif, de trabajar en un sector muy cercano a lo que desarrollamos aquí, en Metro. Por ello no he notado una diferencia muy grande, porque aquí me he encontrado con muchas de las cosas que durante 16 años he visto en Adif: las dificultades de una empresa pública, también sus bondades. Esto respecto a lo que tiene que ver con organización empresarial. Respecto a lo técnico, también hay semejanzas.

P.- El sector de la ingeniería, a pesar de haber cambiado mucho en todo lo referido a la igualdad, sigue estando mayoritariamente dominado por hombres. ¿Cómo lo ve usted?

R.- Cuando yo entré en Adif había ya un grupo grande de mujeres ingenieras. En las carreras técnicas entrábamos prácticamente un 50 por ciento de hombres y un 50 por ciento de mujeres. Es cierto que, a lo largo de la carrera, el porcentaje de chicas ingenieras se reducía o se dedicaban a ramas quizá un poco menos agresivas, como organización o materiales… Yo fui por el lado de automática y electrónica, que era por donde iban más los chicos. Pero había un gran número de chicas ingenieras que estábamos licenciadas y en un momento en el que en España había mucho dinero: se habían recibido ayudas de la Unión Europea y se apostaba por las infraestructuras y por el sector del ferrocarril. Yo recuerdo la primera vez que me fui a una obra y cómo me recibieron. No era habitual que la directora de obras fuera una mujer y les podía sorprender inicialmente, pero las cosas llegan a normalizarse. Ayer leía un tuit de una jurista que me encanta en el que explicaba que, cuando empezó, ella puso en la puerta de su despacho: «Juez». Y que a veces, cuando tomaba declaración, preguntaban que cuándo llegaba el juez, y ella tenía que decir: «‘¡Soy yo!'»

P.- ¿Cómo ve usted la instrumentalización política que se hace de este tema?

R.- Sin hacer juicios de valor políticos, porque yo soy un técnico y puedo hablar de mi experiencia como ingeniera, le puedo decir que cuando empecé a trabajar me gustaba que apareciera en mis tarjetas Ingeniero industrial… ¡Me encantaba! Me decían: «¿Ingeniero o ingeniera?». Y yo contestaba que ingeniero. E insisto, no quiero hacer juicios políticos, pero es que a mí el lenguaje inclusivo me da exactamente igual. El hecho de que me llamen ingeniero o ingeniera no creo que me vaya a cambiar algo relativo a mi trabajo o a como me vea la sociedad. Lo que creo es que sí tenemos que empezar a luchar porque cambien determinadas cosas. Cuando deje de ser noticia que alguien es consejero delegado habremos entrado en el punto de la normalización. Ya está. 

P.- Es muy relevante que usted sea la primera consejera delegada de esta empresa, que ha cumplido ya cien años. ¿Qué sintió cuando le llamaron para proponérselo?

R.- Me dio un vértigo tremendo. Hablamos de un empresón con más de 7.000 empleados. Yo no me lo planteé desde el punto de vista de «¡Uy!, voy a ser la primera mujer consejera delegada en la historia de Metro de Madrid». Ni se me pasó por la cabeza. Sí pensé en si sería capaz, si podría asumir el reto. De hecho, cuando me llamaron, el primer puesto que ocupé fue el del Consorcio de Transportes, donde también fui la primera mujer como directora gerente. Sí entiendo que hay que visibilizar las cosas, pero me importaba mucho que quedara claro que estaba ahí por una experiencia técnica, porque venía de una experiencia en el sector y porque da igual que seas hombre o mujer; te escogen porque piensan que estás preparada para hacer eso. Y seguro que hay compañeros, ingenieros, que están igual de preparados, pero circunstancialmente me tocó a mí porque técnicamente cuadró más. Dicho lo cual, quiero remarcar que respeto profundamente a quien defienda el lenguaje inclusivo y me parece fenomenal quien quiera decir diputados o diputadas…

Da igual que seas hombre o mujer; te escogen para un cargo porque piensan que estás preparada para hacer eso»

P.- Quiero preguntarle por esas críticas que se hacen -cuando ocurre algo y hay retrasos- acerca del transporte público: de si funciona mejor o peor. Yo, que vengo de Italia y que he trabajado y he viajado por todo el mundo, ya sea en Londres o Nueva York, pensaba ya hace años que en España no se valoraba bien lo que tenemos. ¿Cuál es ahora mismo la foto de Metro de Madrid hoy?

R.- Entiendo todas las explicaciones. Tenemos uno de los mejores metros del mundo. Esto es así. Es una realidad objetiva. Pero también movemos al día 2,3 millones de viajeros…

P.- ¡2,3 millones! ¡Mamma mía!

R.- Pues sí. Por eso, si contextualizamos ese dato, es absolutamente entendible el servicio tan importante que da Metro de Madrid para cualquier habitante de esta Comunidad. Es brutal. Y cualquier cosa que ocurra que tenga que ver con el Metro afecta a muchísima población. Hablamos de un número de usuarios brutal. 

P.- ¿Es comparable a lo que mueve el metro de París o de Londres?

R.- Creo que sí; ellos también mueven un gran porcentaje de población. Pero le digo más; piense en la implantación de Metro de Madrid. Llegamos a 12 municipios, con 12 líneas y 302 estaciones, con una red muy mallada, y además es el medio de transporte más sostenible y que llega con gran puntualidad. Y cuando se está acostumbrado a eso, una incidencia puntual quizá pueda ser muy percibida. 

P.- ¿Cuál es el futuro de Metro de Madrid? ¿Cuáles son sus objetivos estratégicos?

R.- Trabajo en dos líneas. Por un lado, tengo que trabajar por el metro actual y por el del futuro. En cuanto al actual, tenemos que ser responsables a la hora de hacer un análisis de qué problemáticas hay para poder solucionarlas. Tenemos que mejorar en frecuencias, en fiabilidad, en todo lo que tenga que ver con el servicio al cliente. Un servicio que sea de la plena satisfacción del cliente y para ello debemos encarar un proceso de digitalización porque, si te fijas, en cada vagón casi todo el mundo va con su teléfono móvil. Es imprescindible evolucionar hacia lo que la sociedad y los usuarios nos piden. En cuanto al futuro, embarcarnos en ese proceso de digitalización tiene que llevarnos no solo a mejorar la experiencia del cliente sino a ser capaces de qué le pasa a un tren: si el aire acondicionado no funciona cuál es la causa, o si hay un problema de señalización o de apertura o cierre de puertas. Debemos llegar a un sistema de mantenimiento predictivo para adelantarnos a todo lo que pueda ocurrir. Me refiero por tanto a una digitalización en una doble vertiente: la de servicio al cliente y la que, dentro de la casa, nos permita desarrollar procesos para lograr buenas frecuencias, aumentar nuestra capacidad de transporte y nuestra fiabilidad. 

Metro de Madrid mueve al día 2,3 millones de viajeros. Una incidencia puntual quizá pueda ser muy percibida»

P.- ¿Y la cultura? Yo soy algo romántico y cuando llego a cada ciudad, ya sea Moscú, Boston o la que sea, me gusta mucho pasearme los metros… ¡Porque en ellos hay vida!

¿Se preocupa Metro de Madrid de la actividad cultural?

R.- ¡Sí! No puedo hacer spoiler de miles de ideas y de proyectos que tenemos en marcha.

P.- Pero, ¿qué idea estratégica tienen en la cabeza en cuanto a Metro de Madrid como parte de la vida de la ciudad?

R.- Cuando llegué a esta casa, una de las cosas que más me sorprendió fue la marca. Esto significa que esa marca acompaña a cada uno de sus usuarios, que la sienten como suya, que hay gente que cuenta historias, por ejemplo, de cuando los vagones se abrían de esta forma o de esta otra… Esto es así. Metro es parte de sus vidas. También de las de nuestros más de siete mil empleados. Todos la sienten como parte de su familia. La potencia de esta marca es infinita, impresionante. Nuestra idea no es solo por tanto la de un trabajo técnico sino seguir apostando porque la marca siga acompañando a usuarios y trabajadores. 

P.- Pasando a su propia marca, si tuviera que resaltar algunas de las principales cualidades que definen su liderazgo, ¿cuáles serían?

R.- Me lo han preguntado mucho a lo largo de mi vida profesional y le puedo decir que la importancia que he ido dando a unos u otros rasgos ha ido variando. Se aprende que algunas de las cosas en las que antes focalizaba la atención no eran las correctas y que hay que centrarse en otras. Desde mi experiencia personal, considero muy importante la empatía. El resto de las habilidades se entiende que vienen con el cargo: desde el análisis de procesos hasta la toma de decisiones. Deben venir con el puesto, porque si no … Luego lo harás mejor o peor, pero están incorporadas. Por eso reitero que es fundamental el desarrollo de la empatía, saber escuchar, poder transmitir serenidad en momentos de tensión para no trasladarlos al personal. Esas cosas son las fundamentales y las que te hacen exitosa.

P.- Usted ha trabajado en Adif y después en Metro. Habrá sufrido momentos muy duros…

R.- A nivel técnico ha habido muchas crisis, muchos momentos muy duros. He de decir que, para los que amamos el ferrocarril y lo hemos vivido con pasión, cualquier accidente era sentido de manera especial. Recuerdo algunos terribles, que nos dejaban descolocados y sin dormir muchas noches pensando en cómo podía haber pasado. Era muy doloroso para los que queremos tanto a este sector. Y a nivel personal, profesional, esta carrera, como la vida en general, es una sinusoide, con momentos muy diferentes. Donde yo he vivido una lucha personal y profesional, como no había experimentado nunca, ha sido en el momento de tener hijos. 

P.- ¿Cómo le ha cambiado la vida ser mamá? Se lo digo ahora que está tan de moda hablar de conciliación.

R.- Fue una lucha personal, interna. Se me planteó el hecho personal de estar apostando por una carrera profesional y a la vez querer ser madre. ¿Qué significaría para mí irme cuatro meses de baja maternal?  ¿Cómo podría cuidar bien a mis hijos si quería seguir con este ritmo profesional?  Fue una lucha interna con un sentimiento de culpabilidad añadido. Me gusta mi profesión pero ¡quiero a mis hijas!, ¡quiero cuidarlas y pasar tiempo con ellas! 

P.- ¿Dónde está el equilibrio? Algunas madres lo viven con un sentimiento de culpabilidad que para mí ha resultado durísimo. 

El proyecto vital del que me siento más orgullosa es el de haber tenido a mis hijas. También le digo que amo a mi profesión

R.- Mi vida es un Tetris. Diariamente juego al Tetris, he intento que todas las piezas encajen. Me siento así. Puedo decir que el proyecto vital del que me siento más orgullosa es el de haber tenido a mis hijas. También le digo que amo a mi profesión. Me vuelve loca y soy una trabajadora nata. Me lo inculcó mi padre y no concibo la vida sin retos. 

P.- Y, en ese Tetris, ¿le queda espacio para hobbies?

R.- Pues ahí está. Ese es el secreto. Se acaba uno convirtiendo en un Proyect Manager a la hora de organizar hasta el último segundo. Eso y la organización que ello implica; cómo y dónde colocar todo en su sitio, el pañal, la ropa, para no perder un solo segundo para llegar a la guardería. Siempre digo que en el caso de un hombre suele ser al revés: el pañal se lo pone encima de la cabeza (risas) y eso que mi marido es el mejor padre y el más implicado. Pero nosotras nos organizamos para que no se nos pase nada: la cita del médico… Tantas cosas. Hay poco tiempo para ti misma. Cuando los hijos crecen ya vas adquiriendo más espacios propios.

P.- ¿Algún sueño?

R.- Esto para mí ya es un sueño. Hacer un buen trabajo en Metro, mejorar la vida de los ciudadanos. Y después, seguir aprendiendo. Tengo muchas curiosidades que me gustaría desarrollar. En general, lo más importante es que mi familia y mi gente estén bien, que mis hijas crezcan y que mi marido y mi familia estén bien.