La empresa papelera Sniace ha cesado su actividad y solicitará este viernes al juzgado su liquidación y la de Celltech y Viscocel, sus dos sociedades participadas, alegando la «imposibilidad» de hacer frente a los compromisos derivados del convenio de acreedores aprobado tras su salida de la situación de concurso en 2015.

Según ha informado la compañía a la Comisión Nacional del mercado de Valores (CNMV), esta notificación implicará la suspensión del ejercicio de las facultades de administración y disposición de su patrimonio, el nombramiento de nuevo de administradores concursales, el vencimiento anticipado de los créditos concursales aplazados y el inicios de las operaciones de liquidación, informa Europa Press.

La decisión se produce un día después de que Cogen suspendiese, cinco años antes de los previsto, el contrato de arrendamiento y gestión de su fábrica de Torrelavega, en Cantabria; que los integrantes del comité de empresa se encerrasen casi seis horas en las oficinas de la empresa para reclamar el pago de la última nómina, que aún no ha sido abonada; y tras la suspensión por parte del regulador de su cotización en Bolsa.

La compañía culpa de esta situación a la «drástica» caída del precio de la celulosa dissolving, de la fibra de viscosa y de la venta de electricidad, así como a la decisión acometida por Cogen, que cree que no se ajusta a derecho.

El comité de Sniace considera «disparatada» e incomprensible» la decisión, que pone en peligro más de 600 empleos en Torrelavega

El comité de Sniace considera «disparatada» e incomprensible» la decisión adoptada por el consejo de administración de solicitar la liquidación de la empresa, ya que supone colocar a la sociedad «en un callejón sin salida» y poner en peligro más de 600 empleos en Torrelavega, de ellos 400 directos.

Además, culpa de esa decisión al máximo accionista de Sniace, Sabino García Vallina, presidente y fundador del grupo asturiano de ingeniería TSK, ya que opina que la liquidación «son palabras mayores» que «dejan muy escaso margen de maniobra» para poder evitar la desaparición de la empresa.

El comité de Sniace ha conocido la decisión del consejo de administración a última hora de la tarde de este jueves durante una reunión con la presidenta de la sociedad, Gema Díaz Real, tras lo cual se ha celebrado una asamblea urgente de trabajadores para valorar la situación, a la que han asistido unos 150 empleados, informa Efe.

El secretario del comité, Francisco Plaza, ha asegurado ante la asamblea que la decisión de liquidar la empresa de Torrelavega (Cantabria) supone «un mazazo» para la plantilla que todavía no se había recuperado de la anterior crisis, la de 2013, en la que Sniace entró en un proceso concursal que se saldó con la reapertura de las fábricas en 2016.

Según ha explicado, Díaz Real ha justificado la medida porque no hay inversores interesados en aportar capital a Sniace tras los recortes a la cogeneración decretados por el Gobierno central, lo que deja a la empresa en una situación «inasumible» para poder hacer frente a nuevas inversiones y los gastos del anterior concurso.

Plaza ha asegurado que el comité no se esperaba la decisión de liquidar la empresa, máxime cuando durante los últimos años se han hecho «importantes inversiones» en mejora de maquinaria y también en lanzar nuevos productos al mercado.

Por todo ello, ha avanzado que los sindicatos esperarán el desarrollo de los acontecimientos en los próximos días para decidir qué hacer, sin que se descarte convocar algún tipo de movilización para «apurar todas las posibilidades» de salvar la empresa.

En este sentido, ha asegurado que la plantilla «no se merece» la decisión adoptada por el consejo de administración, máxime tras los «sacrificios» que sufrió durante la crisis de 2013, segunda que pasó la empresa tras la remontada hace 25 años.

A su vez, Díaz Real ha comunicado al comité que este viernes la dirección solicitará al Juzgado su liquidación, así como la de sus filiales, por no poder hacer frente a los compromisos de pago con sus acreedores.

También reunirá a los directores de las distintas fábricas para ir programando la parada de las distintas líneas de producción, proceso que se podría extender entre 20 y 25 díás.