Antiguo aspecto de la fábrica de Galletas Gullón en Castilla y León.

Antiguo aspecto de la fábrica de Galletas Gullón en Castilla y León.

Economía

Galletas Gullón: el imperio de 400 millones en Aguilar de Campoo que superó las guerras familiares

Hubo un tiempo en el que Aguilar de Campoo, un pequeño pueblo del norte de Castilla y León, era la gran factoría española de las galletas. Convivían media decena de empresas que exprimían la calidad del trigo castellano. Hoy, de las grandes compañías centenarias del sector, sólo queda una que siga controlada por la familia fundadora: los Gullón. Un imperio a pesar de las luchas de los hijos contra su madre y un empresario con mucho poder. Un imperio que ya respira tranquilo, sin tensiones, y que facturó 400 millones el año pasado.

Antigua amasadora empleada en Galletas Gullón, fundada en 1892.

Galletas Gullón nace en 1892 gracias al confitero zamorano José Gullón Barrios. A finales del siglo XIX, cuando la industria galletera aún estaba muy poco extendida en España, varias familias de Aguilar de Campoo se lanzaron a la fabricación de galletas motivados por dos ventajas: el excelente trigo de Tierra de Campos y la conexión con el puerto de Santander. Un año antes, por ejemplo, se había fundado Fontaneda. Pero el dominio de las compañías palentinas aún tardaría unas décadas en llegar. Las empresas catalanas lideraban un sector precario y anticuado.

La balanza cambió en los años 50. Gullón y el resto de galleteros castellanos mantuvieron sus niveles de producción y de abastecimiento durante la Guerra Civil. El gobierno franquista apostó por ellas durante la postguerra y les concedió muchas más peticiones de compra de maquinaria que a los fabricantes del mediterráneo. Gullón diversificó sus productos: aparecieron las galletas Marías, las tostadas doradas, las pastas o los barquillos.

Hacia 1965, de las fábricas de Aguilar de Campoo salía el 22,8% de la producción nacional de galletas. Además de Gullón y Fontaneda, en el pueblo también estaban Ruvil, Tefe y Fontibre. Realmente, la compañía de José Gullón estuvo casi todo el siglo XX a la sombra de Fontaneda, también con un amplio historial de disputas familiares. Junto a ellas, el mercado se lo repartían el Grupo Siro, de un pueblo cercano, los hermanos Cuétara, de Reinosa, o los Artiach. Los vascos fueron, además, la puerta de entrada a España del gigante estadounidense Nabisco, que compró el 70% de la empresa. La historia de los Gullón, sin embargo, estaba a punto de cambiar.

María Teresa toma las riendas

Galletas Gullón luchaba por la supervivencia en 1973. Para apagar las tensiones familiares y resolver los problemas financieros, Gullón da acceso a 30 accionistas minoritarios. Entre todos, sumaban el 28,5% de las acciones. El cambio de rumbo llegó con la muerte de José Gullón en 1983. Su mujer, María Teresa Rodríguez, ama de casa y madre de cuatro niños pequeños, debía decidir. Y contra todo pronóstico, coge las riendas de la compañía. No lo hizo sola. Sus hermanos pequeños, Félix y Raúl, jugaron un papel fundamental para que la empresa siguiera adelante. Fueron ellos quienes contrataron como director de operaciones a José Miguel Martínez Gabaldón, un empresario hecho a si mismo que en seguida se convirtió en la mano derecha de María Teresa.

La matriarca tuvo una idea que marcó un hito en el sector. Como era vegetariana, se le ocurrió apostar por la galleta saludable, un producto inexistente en España. El éxito fue total y convirtió a Gullón en una de las grandes galleteras de los 90. María Teresa aprovechó el tirón para ir recomprando las acciones de los minoritarios. La compañía absorbió parte de la plantilla de Fontibre y compró una firma gallega y otra burgalesa. Cuando Lourdes, la menor de los cuatro retoños de María Teresa, cumple los 18 años, se les reparten un 4,5% de acciones a cada uno. Mientras tanto, a Martínez Gabaldón se le ofrece recomprar acciones de los minoritarios para retenerle en la empresa.

Los hijos se van haciendo mayores. Hernán y Rubén se meten de lleno en la empresa familiar con puestos operativos. El menor de los varones, Félix, se forma en el extranjero en multinacionales como Carrefour o la farmacéutica GSK. Siempre con una ilusión, terminar en Gullón y liderar la empresa familiar. En 2003, Gabaldón ‘ficha’ a Félix como jefe de ventas. Todo iba sobre ruedas. Pero a Félix y a sus hermanos había algo que les mosqueaba en Gabaldón. La guerra familiar era inminente.

Una junta surrealista en un Mercedes

Galletas Gullón es una empresa con virtudes. Aunque si hay una que llama la atención es la de multiplicarse mientras su cúpula está peleándose constantemente. Los hermanos desconfiaban de Gabaldón. Creían que su madre era un títere bajo sus órdenes y criticaban, sobre todo, su falta de transparencia. Veían en él a alguien que quería dominar la empresa que su padre les dejó en herencia.

Más allá de los malos augurios, los verdaderos problemas llegaron en 2004. Los vástagos varones se enteraron de que Gabaldón había comprado a título personal unos terrenos muy cercanos a la fábrica de Aguilar. María Teresa salió en defensa de su mano derecha. Según El País, publicó un comunicado explicando que Gabaldón había adquirido los terrenos por el bien de la compañía porque así aseguraba que un futuro podrían expandir la factoría. Las explicaciones de la madre no fueron suficientes. Las tensiones no cesaron y desembocaron en 2010 en un episodio surrealista que ya es historia viva de Castilla y León.

Primero llegó la embestida de Félix, Hernán y Rubén, apoyados por sus tíos, es decir, los hermanos de su madre, para quitarse de en medio a Gabaldón. En septiembre de 2009 celebraron un consejo de administración donde hicieron a María Teresa presidenta de honor y le quitaron los poderes ejecutivos. Unas decisiones que fueron posibles gracias a que en ese consejo, hijos y tíos contaban con la mayoría de votos. En estas disputas, Lourdes, la pequeña, siempre jugaba en el bando ‘teresista’. Semanas más tarde, despidieron a Gabaldón.

Félix le sustituyó y ocupó la casilla de director general en el nuevo tablero. Pero el organigrama sólo duró un año. La madre vio en su hijo un acto de ambición precipitada y estaba dispuesta a recuperar su puesto. María Teresa hizo cálculos: entre ella, su hija y Gabaldón suman el 82% de las acciones. Con ese poder, convoca su propio consejo extraordinario en la fábrica de Aguilar, que acoge la sede social. Pero lo que se encuentra ahí es a un guardia de seguridad que les impide la entrada, según informaron los medios. El vigilante les enseña el anuncio colocado en la puerta de la entrada que informa de la suspensión de la Junta y que también aparece en dos periódicos provinciales, según El Mundo. Los anuncios argumentaban que la junta extraordinaria no se había convocado con los «requisitos legales necesarios».

María Teresa, Lourdes y José Miguel deciden entonces celebrar la junta en un Mercedes negro aparcado el parking de la factoría. Dentro del vehículo también está la notaria del municipio. La escena la captan los medios de comunicación. Dos carteles sobre el parabrisas dan fe de que en ese vehículo está ocurriendo algo extraño. Gabaldón de traje y al volante, la notaria de copiloto y la madre y su hija en los asientos traseros. La reunión dura 35 minutos. En ese tiempo, disuelven el consejo de administración y María Teresa queda como administradora única. Su primera decisión, restituir a Gabaldón como director general. Días más tarde, un tribunal obligó a la empresa a pagarle al empresario casi nueve millones por el despido, en una de las indemnizaciones más altas de este tipo que se recuerdan en España.

Fuentes conocedoras de la situación de Gullón de aquellos años cuentan a El Independiente una versión distinta de la ‘operación Mercedes’. «Ellos ya lo tenían todo preparado para hacerlo en el Mercedes. Se había puesto un guardia de seguridad para que informara de que no había junta a todos los accionistas. María Teresa tenía llave, podría haber entrado, pero querían hacer algo ruidoso, que tuviera mucha repercusión, convocaron a la prensa e hicieron en el numerito de hacerlo en un Mercedes que estaba aparcado en frente. Pura escenografía», sostienen. Por otro lado, estas fuentes aseguran que los tribunales constataron que no se prohibió la entrada a la sede y que el guardia no estaba ahí para impedir el paso, sino para informar a los accionistas de que no había junta.

«El conflicto de 2010 es historia de la empresa y está súper solventado», concluyen fuentes oficiales de la compañía. Tras el episodio del Mercedes, «los tribunales le dan la razón [a María Teresa] y ella vuelve a constituir el consejo de administración, y vuelve a nombrar consejeros a sus hijos», detallan. Los hermanos Hernán y Rubén continúan en sus puestos operativos, pero Félix permanece apartado y sin funciones hasta verano de 2011, cuando le ofrecen gestionar las exportaciones de Gullón. El conflicto se lleva por delante a los dos tíos, Raúl y Félix Rodríguez, que no entran en ese nuevo consejo.

Las rencillas, por supuesto, no terminaron ahí. Siguieron los pleitos entre los retaños y Gabaldón. El objetivo de los hermanos era que las decisiones se tomaran en consenso. En 2014 llegan a un acuerdo de mínimos para sellar la paz. Con el pacto sobre la mesa, los tres hermanos prometen retirar la denuncia contra el director general por falsedad documental y apropiación indebida. Gabaldón, por su parte, se compromete a no engrosar su participación de acciones del grupo y a no vender más terrenos comprados personalmente. Pero hay un giro más. Además de María Teresa y sus cuatro hijos, a la mesa del consejo se suman el marido de Lourdes, Gabaldón y sus dos hijos.

Gabaldón, CEO y director general

Con ese panorama sigue operando la empresa hasta junio de 2019. Después de 36 años, María Teresa decide apartarse de la empresa y quedarse como presidenta de honor. Lourdes, la pequeña, toma las riendas como presidenta. La idea de la histórica propietaria era profesionalizar el consejo ante el gran crecimiento de la compañía. Así que se decide que salgan todos del consejo de administración: los cuatro hermanos, el marido de Lourdes y los hijos de Gabaldón, y entren por ellos consejeros externos profesionales. Pero Gabaldón padre sí se queda, esta vez como consejero delegado. Un puesto que compagina desde entonces con el de director general.

Este consejo fue la gota que colmó el vaso para Félix Gullón. Los tres hermanos llevaban años en puestos operativos, mientras que Lourdes nunca había trabajado dentro de la empresa familiar. Los lazos familiares se rompen. Félix no comparte que Gabaldón tenga más poder que nunca. Junto con su hermano Rubén, reacciona y propone «reorganizar» el consejo de administración. No lo lograron. En junio de 2020 Félix anunció que abandonaba Gullón para emprender su propio camino.

Fábrica de Family Biscuits en Jaén, liderada por Félix Gullón.
Fábrica de Family Biscuits en Jaén, liderada por Félix Gullón.

«Si tú eres feliz, yo también»

La compañía aguilarense facturó 400 millones en 2020. Es una de las principales galleteras de España y Europa. La única española con más de cien años que sigue controlada por la familia fundadora. Hoy siguen su rumbo, pero sin Félix. El vástago que más se enfrentó a Gabaldón vive ahora en Jaén con su mujer y sus tres hijos adolescentes. Ahí, ha comprado la planta de galletas de Cerealto Siro Foods para poner en marcha su propia marca de galletas, Family Biscuits. Por ahora, fabrican para otros distribuidores, pero pronto lanzarán sus propios productos. «Family Biscuits no nace para competir con Gullón», detalla Félix a este periódico. Elaborarán sus galletas con ingredientes naturales, para ofrecer un producto con valor añadido. Pese a las disputas, desde Gullón respetan a Félix como miembro de la familia y como trabajador y entienden que quiera impulsar su propio proyecto profesional.

Félix reconoce que está ilusionado. En Gullón trabajó más de 17 años. Es la empresa de su familia, en la que siempre soñó estar. Pero ahora, dice, quiere seguir el espíritu emprendedor de su padre. Con los Gullón estuvo más de diez años en medio de las tensiones familiares. Se queda con un recuerdo. Ocurrió en diciembre, cuando fue a Aguilar a visitar a su madre por Navidad. Ahí, después de charlar un rato, María Teresa le dijo que si él era feliz con su nuevo camino, ella también lo será.

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