Hace ya casi doce meses que el Gobierno decidió colocar a Marc Murtra al frente de Telefónica. El ahora presidente del gigante español de las telecomunicaciones ocupó el sillón de José María Álvarez Pallete en el Distrito C, procedente de la también cotizada Indra. Moncloa le encomendó tomar las riendas de la compañía a la que busca dar un nuevo rumbo con un Plan Estratégico hasta 2030.

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Con la práctica renovación de la cúpula directiva y el baile de asientos entre el consejo y algunas filiales, el hombre del PSC acaba de cerrar con los sindicatos un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) para más de 4.000 personas. Uno de los mayores ajustes de plantilla en las últimas fechas.

Pese a los ahorros que supondrá a medio plazo, las líneas maestras de la nueva hoja de ruta presentada por Murtra no han terminado de calar en el mercado. El recorte del dividendo anual de 0,30 € a 0,15 € por acción en 2026, entre otras cosas, ha hecho que las acciones de la teleoperadora hayan cerrado el año con una caída del 11%, hasta los 3,49 euros.

Un día antes del anuncio del relevo marcaban 3,97 euros y el 20 de agosto llegó incluso a valer 4,89 euros. Pero desde entonces, la tendencia ha sido totalmente opuesta al récord que ha marcado la bolsa española, que cerró este miércoles su mejor ejercicio desde 1993.

Murtra, que vio triplicarse el valor de los títulos de Indra durante su mandado, ha preside ahora una de las seis compañías del Ibex 35 que han cerrado en rojo el ejercicio bursátil. Su antigua casa, también participada por el Estado a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), es el valor que más crece de todo el selectivo español. Al calor de la ola inversora en defensa, cierra 2025 con una revalorización del 180% y por encima de los 48 euros por título.

Pero en la dirección de la 'teleco' llaman a la calma y dicen estar convencidos de que la reacción de los inversores cambiará de signo a medida que se convenzan de que los planteamientos del plan bautizado ‘Transform & Grow’ son solventes y que los ajustes van en la buena dirección para sostener la solidez del negocio. La apuesta es hacer una Telefónica más enfocada, con inversiones selectivas en tecnología e innovación, disciplina financiera y un repliegue calculado de operaciones menos rentables.

En este sentido, la compañía aceleró el proceso de desinversiones en varios países de Hispanoamérica y ha vendido sus negocios en mercados como Argentina, Perú, Uruguay, Ecuador o Colombia. Queda por ver qué pasa con Venezuela, donde es el primer operador del país. La intervención de Estados Unidos deja todo en el aire. En todo caso, el nuevo rumbo implica centrarse de manera prioritaria en mercados fuertes como España, Reino Unido Alemania y Brasil.

Cambios en la cúpula

Del lado puramente corporativo, el primer año del directivo catalán termina con una renovación casi al completo del máximo núcleo de poder y la salida de las caras más ligadas con la etapa de su predecesor en el cargo. Emilio Gayo ocupa ahora el cargo de consejero delegado y Laura Abasolo fue relevada como directora financiera por Juan Azcue.

La semana pasada, el empresario sevillano Rosauro Varo -uno de los mayores inversores individuales de la compañía- comunicaba su decisión de abandonar los cargos en Telefónica España y Movistar Plus. "Esta decisión responde a una reflexión de carácter profesional orientada a una mayor dedicación a mis proyectos actuales y a la conveniencia de dar por finalizada esta etapa en la Compañía", se limitó a asegurar en un breve comunicado.

Precisamente, al consejo de esta última filial se incorporó al expresidente del PNV, Andoni Ortuzar. Un hombre clave para los intereses del PSOE durante esta y la pasada legislatura. Quien preside la filial no es otro que el histórico Javier de Paz. El 'hombre fuerte' del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero dejó su asiento en el consejo de Telefónica tras 18 años en el cargo.

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