Los secretarios de Estado de Trabajo, Joaquín Pérez Rey, y el de Seguridad Social y Pensiones, Borja Suárez, presentaron este lunes los datos de empleo y paro correspondientes al mes de diciembre. Durante la rueda de prensa, el secretario de Seguridad Social recalcó que la creación de empleo había sido superior al medio millón de afiliados por cuarto año consecutivo. Y en la misma línea, el secretario de Trabajo se congratuló de que "el mercado de trabajo español funcionó en 2025 prácticamente de manera perfecta, es decir, ha sido la gran variable económica de todos y cuantos elementos han funcionado sobre nuestra economía".
Sin embargo, un análisis más detallado de las cifras matiza esta lectura positiva: el fuerte crecimiento del empleo convive con un retroceso en el número de empleadores, un fénomeno inédito en plena fase expansiva del ciclo económico. Históricamente, las fases de crecimiento económico han ido acompañadas de un aumento del número de empleadores, mientras que las crisis han provocado su descenso.
Pues bien, de acuerdo con los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), el número de personas que dan empleo se ha mantenido por debajo del millón desde que comenzó el año 2024. Una debilidad que ha sido advertida por el Instituto de Estudios Económicos (IEE) en su último informe sobre la Coyuntura Económica de España: "en el tercer trimestre de 2025, según la EPA, había 962.900 empleadores, un 6,8% menos que hace dos años", cuando se registraron 1.032.700 empleadores, pese al dinamismo agregado del mercado laboral.
Del impacto de la pandemia a la caída actual
El impacto inicial de la pandemia provocó un desplome abrupto de esta variable, que pasó de situarse en torno a los 950.000 empleadores en los últimos trimestres de 2019 hasta los 861.900 en el cuarto trimestre de 2020. Se trata del nivel más bajo registrado tanto desde el inicio de la serie histórica de la EPA —cuando en el tercer trimestre de 2002 se contabilizaban 878.400 empleadores—, como desde los años 2013 y 2014, cuando la economía española aún arrastraba los efectos más severos de la crisis financiera iniciada en 2008.
Tras el desplome provocado por la pandemia, la normalización progresiva de la actividad económica permitió una recuperación paulatina del número de empleadores a partir de 2021. Aunque con oscilaciones, la serie logró superar los niveles previos a la crisis sanitaria en 2022 y mantuvo una senda ascendente durante 2023, hasta alcanzar el umbral del millón en el segundo trimestre de 2023, con 1.028.800 personas dando empleo. Sin embargo, desde que comenzó 2024, la tendencia se ha invertido y el número de empleadores inició un descenso sostenido, en contraste con el buen comportamiento agregado del empleo.
Una ruptura histórica del patrón del ciclo
Al ampliar la perspectiva histórica, se observa una correlación entre las fases de expansión económica y el aumento del número de empleadores, mientras que en los periodos de recesión esta variable tiende a contraerse. Así ocurrió entre 2002 y 2008, cuando el número de personas que daban empleo creció de forma sostenida desde las 878.400 hasta 1.184.600 en 2008 —un récord que debe contextualizarse en un escenario demográfico muy diferente del actual, con 7,5 millones de habitantes menos, lo que subraya la anomalía del retroceso actual—.
Posteriormente, el estallido de la crisis financiera rompió ese ciclo y dio paso a un prolongado ajuste que llevó a mínimos en 2013 y 2014. Pese a ello, a partir de 2015, con la recuperación económica, el número de empleadores volvió a crecer de forma gradual hasta 2020, antes de desplomarse nuevamente con la irrupción de la crisis sanitaria. Tras la pandemia, la normalización de la actividad permitió un nuevo repunte, coherente con la fase expansiva del ciclo. No obstante, a diferencia de lo ocurrido en etapas anteriores, en los dos últimos años —desde 2024— esta relación se ha roto: pese a que la economía española se encuentra en una fase de crecimiento y figura entre las que más avanzan del mundo desarrollado, el número de empleadores ha descendido de forma acusada.
El Instituto de Estudios Económicos atribuye esta debilidad en el último par de años a factores estructurales que afectan de forma desigual al tejido productivo: "El número de empresas inscritas en la Seguridad Social de menor tamaño continúa disminuyendo, mientras que el total de empresas crece, pero de forma moderada". Entre los factores que explican este descenso del número de empresas de pequeño tamaño destaca la creciente dificultad para absorber el aumento de los costes laborales, la presión fiscal y el alza de los precios, que estarían limitando su capacidad para sostener empleo o iniciar nuevos proyectos empresariales, incluso en una fase de expansión económica.
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