Entre Caracas y Teherán hay un abismo cultural e histórico. Pero sus realidades en este mes de enero de 2026 se parecen más de lo que nadie hubiera imaginado no hace tanto. En cuestión de días sus destinos pueden cruzarse en el imprevisible camino de Trump. En ambos países la crisis económica hace años que asfixia a sus pueblos, hambrientos de un cambio político. En Venezuela y en Irán la riqueza aportada por el petróleo podría ser la norma que marcara su economía, pero su realidad se asemeja más a la miseria.
El tesoro del oro negro lo tienen oculto en sus subsuelos, pero su explotación está limitada por las sanciones internacionales que pesan sobre Irán. En Venezuela el escenario ha cambiado en cuestión de días y no se descarta que a corto plazo pueda hacerlo también en Irán, un país que posee el 16,8% de las reservas mundiales de petróleo, según la OPEP.
Ahora, al comienzo de 2026, Estados Unidos se ha propuesto extender sus tentáculos energéticos. Lo hace aprovechando la inestabilidad política que hace tambalear a algunas de las potencias petroleras del mundo. Venezuela ha sido la primera, Irán podría ser la siguiente. En el país caribeño Trump ya se ha sentado con las grandes compañías petroleras para repartirse el botín de sus pozos. El suyo es un proyecto a largo plazo que requerirá un plan millonario de puesta a punto de la maltrecha infraestructura petrolera venezolana.
Venezuela e Irán: dos gigantes petroleros bajo la lupa de EEUU
Irán no es Venezuela. Allí, la producción es significativamente mayor, y sus infraestructuras, aunque necesitadas de mejora, son capaces de generar cada día cerca de 3,5 millones de barriles de petróleo, más del triple de lo que producía la Venezuela de Maduro. Las sanciones impuestas al régimen de los Ayatolás han sido burladas por Irán de distintas maneras. El 85% de su producción ha acabado en China, su gran aliado y comprador.
El levantamiento social, reprimido con mano de hierro y balas por el régimen, se ha convertido en una oportunidad para intervenir en otro mercado energéticamente interesante para EEUU. Los Estados Unidos son ya la primera potencia del petróleo, con una producción diaria de 13,7 millones de barriles. Pero Trump quiere más. Al control que ya ha comenzado a activar sobre los pozos en Venezuela, anuncia ahora un plan para controlar el potencial energético de Groenlandia y pronto se podría sumar el control sobre Irán.
El presidente de los EEUU ya ha anunciado que planea intervenir para terminar con el actual régimen iraní. Anuncios que han hecho elevar la tensión en Irán y a tensar los mercados. Cuando el ejército norteamericano invadió Venezuela para detener a Maduro el barril de petróleo cotizaba por debajo de los 60 dólares. Ayer, el precio del crudo llegó a rozar los 66 dólares por barril. La de este miércoles fue la quinta sesión continuada de subidas en el precio.
Posibilidades de un ataque de EEUU
Los expertos aseguran que la sobreoferta que existe en el mercado está permitiendo contener por ahora una mayor volatilidad del crudo. El desenlace de los hechos los próximos días será quien determine la senda del precio del petróleo, la tercera fuente de energía más consumida en el mundo.
Una intervención quirúrgica capaz de impedir una escalada de violencia en Irán y facilitar una reconducción más o menos pacífica de la situación sería la mejor opción. Desde la Unión de Operadores Independientes de Petróleo (UPI) reconocen que se ha comenzado a instalar un temor ante posibles problemas de suministro en caso de un ataque de los EEUU, a las que podrían seguir ataques en forma de represalia a intereses norteamericanos. “La posibilidad de un ataque estadounidense parece alta”, aseguran.
Subrayan, sin embargo, que es relevante que en las principales zonas productoras de petróleo de Irán “las protestas no se han extendido”, lo que hace que por el momento la inestabilidad en la producción no se perciba de modo importante. De la relevancia que el petróleo puede llegar a tener en la crisis iraní da muestra la consigna dada por quien está llamado a suceder al régimen de los ayatolás, Reza Pahlavi. El hijo del Sha, ahora exiliado en los EEUU, instó a los trabajadores del petróleo a ir a la huelga, en un intento por hundir aún más la economía del país, ya de por sí herida y con una inflación de más del 40%, y con ella llevarse por delante la actual estructura de gobierno.
¿Es el petróleo una batalla del pasado?
La fluctuación del precio se ha logrado contener, señala la UPI, por el primer movimiento de los EEUU en Venezuela. Así, los recortes en la producción se han revertido y las exportaciones de crudo se han retomado con fuerza. El pasado lunes dos superpetroleros, con alrededor de 1,8 millones de barriles cada uno, partieron rumbo a los EEUU.
El profesor del departamento de Dirección Estratégica del IESE de la Universidad de Navarra, Mike Rosenberg, considera que los movimientos que está liderando Trump pretenden avanzar hacia “un modelo de dominación energética del mundo”: “Es la estrategia que están siguiendo, yo creo que equivocada. A día de hoy los precios del petróleo son bajos y las renovables son cada vez más importantes, la batalla del petróleo diría que es una batalla que mira más al pasado…”, señala. Recuerda que además de una sobreoferta, la demanda cada vez crece de manera más moderada en el mundo.
Rosenberg recuerda que entrar en Irán puede ser un error. Destaca que el sentimiento de identidad iraní es muy importante y que el papel de los EEUU tiene que estar muy medido para no provocar un efecto rechazo. “Sí logra poner fin a este régimen por otro más proccidental podrían terminarse las sanciones y entrarían allí las petroleras. Pero ese aumento de producción bajaría el precio en el mercado. En cambio, si todo colapsa y se entra en un proceso de enfrentamiento civil, la producción se resentiría y subiría el precio”.
El Estrecho de Ormuz: un factor de riesgo crítico
En el sector del petróleo por el momento no ha cundido la preocupación, pero sí la alerta vigilante. Fuentes consultadas por El Independiente señalan que se está siguiendo con atención la evolución de la crisis iraní. Confían en que a pesar de que “a corto plazo el escenario pueda cambiar, no se prevé que a largo plazo lo haga”.
La mayor preocupación se sitúa en el impacto que esta situación puede tener en el estrecho de Ormuz. Hace meses el ataque de Israel contra Irán amenazó con el cierre de este punto clave de tránsito del petróleo mundial. Por este paso circula cerca del 20% del crudo mundial. El agravamiento de la crisis iraní con consecuencias en el estrecho “sí haría cambiar el escenario”: “El verano pasado, durante la crisis anterior, los analistas estimaban que el precio podría llegar a los 100 dólares por barril, ahora está en 65 dólares”, recuerdan estas fuentes.
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