En realidad, ni son tierras ni son raras. Tampoco son minerales. La lista de las llamadas 'tierras raras' tan codiciada estos días la componen 17 elementos químicos, agrupados como lantánidos. Pocos sabrían citarlos: Disprosio, Tulio, Neodimio, Cerio, Lantano… Los estudios aseguran que las tierras raras en Groenlandia podrían existir en cantidades importantes. Por ahora sólo es una posibilidad, un indicio con potencial. Extraerlos, hacerlo con costes rentables hasta transformar el indicio en yacimiento es otra cosa. Más aún llevarlo a cabo en el lugar más inhóspito del planeta, en la isla en la que el hielo cubre casi toda su superficie y en la que no existen ni los medios ni el apoyo social para ello.

Groenlandia hace años que estaba en el punto de mira de Trump. Durante su primer mandato lo dejó claro y sólo seis días después de tomar posesión por segunda vez de la presidencia de EEUU hace ahora un año, envió a su hijo y a su vicepresidente Vance hasta Nuuk, la capital de la isla danesa.

El argumento esgrimido comenzó siendo la seguridad nacional. La realidad empieza a despejar algunas razones más del interés de Trump por la mayor isla del planeta. Controlar la ruta marítima de este punto del Ártico es una de ellas y poder explotar el ‘tesoro’ de materias primas críticas que serán imprescindibles para el desarrollo tecnológico y energético, otra.

¿Por qué son tan valiosas las tierras raras?

“Es imposible vivir hoy sin tierras raras”, asegura José Antonio Sáez de Santamaría, director científico del GEMPE-C (Grupo Español de Materias Primas Estratégicas y Críticas). Estos elementos químicos son imprescindibles para mantener y avanzar en los desarrollos tecnológicos y en la implantación global de energías limpias. Controlar las materias críticas otorgará poder y liderazgo a quien lo consiga… y por el momento China lleva mucha delantera. Rusia y Japón le siguen, y Trump no quiere quedarse atrás.

Un estudio del Servicio de Geología de Dinamarca y Groenlandia publicado en 2023 concluía que de las 34 materias primas consideradas críticas por la Comisión Europea, 25 de ellas –incluidas las tierras raras- podrían estar presentes en el subsuelo de la isla. Algunas estimaciones incluso han llegado a apuntar que además de petróleo y gas, podrían existir alrededor de 36 millones de toneladas de tierras raras en Groenlandia, en la mayor parte de los casos difíciles de explotar.

Los chips con los que se fabrican los ordenadores emplean tierras raras, las torres eólicas se ‘dopan’ con Neodimio para incrementar por cuatro la potencia de los imanes que utilizan: “Los aviones, los cazas o los misiles también las emplean. Incluso los cristales tintados de los coches requieren de óxido de Cerio o las pantallas táctiles de los teléfonos emplean Indio para que detecten el calor del dedo al pasar por ellas”, asegura el geólogo Sáez de Santamaría.

Groenlandia, ¿una isla llena de yacimientos o sólo indicios?

Sólo en 2024 la Unión Europea importó 12.900 toneladas de tierras raras, casi la mitad de ellas, el 46%, procedían de China, un 28% de Rusia y casi un 20% de Malasia. Y la demanda se estima que crecerá a medida que lo haga el avance de la electrificación y la apuesta por las energías limpias. Es ahí donde controlar estas materias primas críticas puede convertirse en esencial y en una verdadera arma de poder en la pugna multilateral que ahora se adentra en un periodo de equilibrios.

Groenlandia es un lugar potencialmente atractivo. Pero con eso no basta. Disponer de reservas de tierras raras en su subsuelo no lo hace necesariamente en una opción viable. “Lo que tenemos ahora en Groenlandia son indicios, pero después deben realizarse sondeos, trabajos de geología de campo para saber si existe un yacimiento. La estadística dice que, de cada 100 indicios, apenas uno o dos terminan convirtiéndose en una mina”, apunta.

Hoy, la verdadera ‘mina’ mundial de tierras raras está en China. Hace muchos años que identificó estos elementos como esenciales para el futuro e inició un proceso de compra y almacenamiento como ningún otro país. Mientras las limitaciones medioambientales frenaban la apertura de plantas de refino o precipitaban su cierre en la mayor parte de los países, en China se ha seguido apostando por estos procesos. En un país en el que el uso de elementos contaminantes como el carbón convive con la electrificación de la movilidad y la fabricación masiva de tecnología de energía limpia como las placas solares, el refino de tierras raras está muy presente.

¿Por qué se llaman 'tierras raras'?

Hasta comienzos del siglo XX los procesos de refino se hacían a mano disolviendo los elementos químicos extraídos en ácidos y otros componentes para someterlos a calor hasta evaporar la disolución: “Lo que quedaba eran los óxidos pesados, un poso generalmente de color marrón, de ahí lo de ‘tierras’. Y lo de ‘raras’ hace referencia más a su dificultad para extraerlas que a su presencia escasa. Por eso, en realidad, no son ni tierras ni raras”, apunta Sáez de Santamaría.

Obtener un kilo de neodimio, disprosio u holmio requiere un gran esfuerzo y mover mucha tierra. Llevar a cabo su proceso de refino supone un riesgo de impacto ambiental que muchos países optaron por eliminar: “El refino de estos elementos es muy agresivo desde el punto de vista químico, se emplean ácidos, mucho calor y se generan residuos. La legislación occidental limita mucho poder montar este tipo de fábricas, por eso el 98% se refina en China”.

Tanto Francia como Estados Unidos llegaron a tener plantas de refino: “Hasta bien avanzados los años 80 Francia tenía este tipo de instalaciones pero las cerraron y optaron por comprárselo a China. Lo mismo ocurrió con los EEUU, que cerró la planta y vio que era más barato comprarlo a China”, asegura Ester Boixereu, miembro del Grupo de Recursos Geológicos para la Transición Ecológica del CSIC.

Actualmente China compra los elementos químicos para refinarlos y posteriormente exporta parte de los mismos. Se estima que apenas vende al exterior la mitad de lo que refina. Además, sus propias necesidades internas irán limitando y reduciendo esas exportaciones.

El monopolio de China y el refino

El Neodimio es un elemento esencial para el sector de la energía eólica. Al año se producen alrededor de 29.000 toneladas y en su gran parte las produce China. Este control sobre materias esenciales le dota de un gran poder de negociación y de presión a través de las materias primas esenciales.

Un informe de la consultora McKinsey concluye que en la próxima década el suministro actual de minerales debería aumentar hasta en un 35% para satisfacer la demanda. Elementos como el litio, el cobalto, el níquel, el disprosio, el terbio, el neodimio o el praseudomio figuran entre los más relevantes.

Países como Arabia Saudí también han acelerado el ritmo en la búsqueda de estos elementos. Uno de los pasos más relevantes consiste en cartografiar los 500.000 Km2 de superficie del país para detectar posibles indicios de yacimientos valiosos. Lo hace además apoyándose en una empresa española, Xcalibur Smart Mapping, especializada en la búsqueda por medios aéreos de minerales críticos. A través de una flota de 40 avionetas con turbinas, sus sistemas son capaces de detectar la emisión de posibles radiaciones de los minerales.

La especialista del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Ester Boixereu  asegura que el interés por Groenlandia se ha incrementado por el proceso de deshielo en marcha. Apunta que por el momento las zonas potencialmente explotables serías las más próximas a la costa, al encontrarse el 80% de la superficie de la isla helada: “A nivel prospectivo es una zona interesante. En un periodo de 50 a 100 años habrán aparecido nuevas zonas. Si sabemos que en la costa hay zonas interesantes es de suponer que también existan bajo la capa de hielo”, señala Boixereu.

¿Es viable la minería en Groenlandia? Desafíos técnicos y sociales

El casquete polar de Groenlandia tiene un espesor de hasta 4.000 metros en algunos puntos, de ahí que la extracción se limite a la costa. Se trata de un punto del planeta con las rocas más antiguas. Sin embargo, Boixereu cree que no será sencillo explotar estas tierras: “Allí no hay nada, ni líneas eléctricas, ni instalaciones. Habría que desplazar a todos los técnicos, todo habría que llevarlo de fuera. Es complicado, pero se puede hacer, se ha hecho en Siberia, en Alaska o en Canadá. Y no podemos olvidar otro factor, en Groenlandia tienen seis meses de noche”.

Recuerda también que el sentir de la población groenlandesa, apenas 55.000 habitantes, es un factor que habrá que tener en cuenta. El rechazo a la explotación de este tipo de yacimientos lo han expresado en varias ocasiones, no sólo para posibles explotaciones de gas y petróleo sino también de tierras raras: “Ha habido proyectos anteriores. En el suroeste de la isla se promovió un proyecto para explotar tierras raras en Sarfartoq y finalmente no salió adelante por la oposición de los habitantes de Groenlandia”.

Bouxereu recuerda que no hace falta irse hasta Groenlandia para encontrar tierras raras. Afirma que en España existen varias localizaciones conocidas en Ciudad Real o Galicia donde existen pero que por diversas circunstancias no se han explotado. Lo mismo sucede con otras materias como en uranio, del que España posee la segunda reserva más importante de Europa.

Un pulso geopolítico

Desde el punto de vista geoestratégico, además de un intento por controlar la ruta marítima que se abre en Groenlandia, Trump buscaría ganar poder a través del control de materias críticas. Así lo ve el profesor dirección estratégica, geopolítica y sostenibilidad del IESE, Mike Rosenberg. Afirma que EEUU tiene otras vías más razonables para beneficiarse del potencial de Groenlandia sin necesidad de poner en peligro la estabilidad internacional o el futuro de la OTAN: “Bastaría que las empresas de los EEUU o el propio Gobierno llegasen a acuerdos con el Gobierno de Dinamarca para explotar la zona. Se podría negociar acuerdos empresariales o incluso militares en forma de bases militares. Existen otras vías”, señala.

Para Rosenberg, tomar por la fuerza el control de Groenlandia sería “el final de la OTAN”: “Eso son palabras mayores. Es un movimiento que nadie entiende, más aún cuando hay muchas vías para lograr lo mismo sin provocar tantos daños”, señala el profesor del IESE.

Añade que detrás de este tipo de objetivos está el desgaste “de un sistema global con el que llevamos 50 años y está llegando a su fin” y la apuesta por las tierras raras de Groenlandia se englobaría en ese cambio: “Está produciéndose un lento movimiento de placas tectónicas en el plano geopolítico en el que están implicados Rusia, China y EEUU. En el caso de Trump, creo que se equivoca en su intento por gestionar un nuevo modelo. Los organismos internacionales y multilaterales viven un momento delicado. No podemos empujarlo hacia un cambio de pugna multilateral basado únicamente en el poder”.