"Gastar en defensa por debajo de lo necesario tiene consecuencias para España". Así lo afirma Salvador Sánchez Tapia, general de brigada en la reserva, en el informe La cuestión del 5%: España y su gasto en Defensa, publicado por Global Affairs Journal de la Universidad de Navarra. En un contexto en el que el mundo incrementa su inversión en disuasión, la retórica del 2% defendida por Sánchez y la del 5% impulsada por Trump y la OTAN puede generar un espejismo de seguridad, al sugerir que alcanzar ese porcentaje del PIB basta para garantizar la protección de la nación. En la misma línea, Carlos Calvo, coronel de Infantería retirado y consultor en estrategia de defensa en GAHN, señaló en un desayuno con los medios que "el objetivo no es una cifra", como las que ponen sobre la mesa los presidentes de ambos países, ya que, como en el caso de España "hace falta una visión de Estado".

En otras palabras, el Coronel subraya que llegar a los compromisos OTAN no repercute en la seguridad y defensa del Estado, siempre y cuando España muestre déficits en estrategias y políticas de financiación del sector. Sobre esto gira en torno la publicación, poniendo en cuestionamiento los presupuestos de defensa, sean cuales sean, si se realizan sin una estrategia clara y sin futuro.

La línea de medida de la defensa basado en términos porcentuales del PIB puede dar una falsa sensación de seguridad, ya que "el dato tiene un significado diferente para cada país, con contribuciones muy desiguales en términos absolutos". Es decir, "Italia o Alemania", de PIB más alto que España, pueden verse "obligados a gastar por encima de las demandas razonables de sus defensas". De igual manera, economías más pequeñas "deberían invertir por encima de la cifra acordada para que sus capacidades militares tengan un mínimo impacto en la Alianza, más allá de mostrar la bandera".

Esto coge relieve en el caso de España, que es la séptima economía por tamaño de la OTAN y que se ha comprometido en gastar solo el 2% del PIB, convirtiéndose en el único miembro de la OTAN en dar la espalda a los compromisos del 5% del PIB, cuyo sí asienten los otros 31 miembros de la Alianza.

Esto, asegura Sánchez Tapia, "debilita la propia posición de la nación en el marco de la OTAN al ser percibida por los aliados como poco comprometida con la defensa colectiva, lo que limita su voz en las decisiones". Además, España se encuentra en la cola de la OTAN en el gasto de defensa por habitante, según datos de SIPRI.

Sin presupuestos y "protagonismo excesivo del Estado"

Esta debilidad en la OTAN es, entre otras cosas, espejo de la fragilidad parlamentaria actual del Gobierno, que no ofrece capacidades en la toma de decisiones, generando un "margen de maniobra limitado" con "pequeños avances frágiles", asegura Sánchez Tapia, y que se consiguen "gracias a hipotecas en otros terrenos". Además, a pesar de haber llegado al 2% del PIB en Defensa, "la financiación del Plan no está asegurada, dada la ausencia de presupuestos", señala Juan Carlos Domingo, General de División retirado.

Por otra parte, los investigadores del informe, entre los que también han participado Paula Las Heras, de la Agencia Europea de Defensa y Antonio Fonfría, Doctor en Economía y experto en Artes Militares, señalan que las actuaciones del Plan Industrial de defensa "han primado criterios políticos, con el foco centrado en la creación acelerada de un campeón nacional, alejada de los criterios europeos para potenciar un marco de defensa común". Indra es la empresa que hace referencia el informe y se cuestiona si estas decisiones políticas se orientan en una verdadera estrategia operativa. Todo esto genera un doble eje: un Estado sin presupuestos, pero con "protagonismo excesivo del Gobierno".

Por ello, el desarrollo de las Fuerzas Armadas "no puede estar guiado únicamente por cifras ni objetivos económicos" ya que las inversiones "sólo serán sostenibles si se basan en criterios estratégicos y de seguridad nacional". En otras palabras, la estrategia nacional no pide solo números, sino un camino común que busque programas escalables, como Ucrania, que ha tenido que recurrir a una economía según el tipo de guerra que el Kremlin ha desarrollado. En definitiva, "la composición del Ejecutivo actúa como un freno a cualquier esfuerzo decidido, si lo hubiera, de incrementar el gasto en defensa".