El conflicto en Ucrania tras la invasión ilegal de Rusia ha cambiado la forma de entender la guerra en una nueva generación bélica. Los drones han jugado hasta ahora un papel protagonista en ambas fuerzas militares, sostenidas gracias a la escalabilidad de las dos industrias, sobre todo de la ucraniana, que con millones de refugiados desplazados de sus hogares, ha tenido que desarrollar una economía plena de guerra.
Tanto es así que, cuatro años después de la agresión rusa en Ucrania, el gasto en defensa de ambos países se ha multiplicado. En el caso del país agredido, Ucrania, el gasto militar correspondió a un 3,4% de su PIB en 2021, un año antes del inicio del fuego directo. En 2024, último año disponible con datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), Kiev gastó 10 veces más en cuanto a la proporción de su PIB, con un 34,5%. De hecho, en gasto per cápita (por habitante), Ucrania pasó de gastar 155 dólares por persona en defensa en 2021 a invertir hasta 1.728 dólares en 2024, 700 más que Rusia. Economía de guerra total. De cada tres dólares generados en Ucrania, uno se destina a la guerra.
Esta inversión ha permitido a Ucrania defenderse de los constantes ataques de drones rusos, con el reto de sostenerse con insuficiencias energéticas y guerra electrónica de por medio. De hecho, hasta el primer semestre de 2024, último dato disponible de los informes de la Secretaría de Comercio, Ucrania compró más de 900 millones de euros en armamento a España. De esta cantidad, el 80% (728 millones de euros) corresponde a municiones y dispositivos para armar. Entre ellos, España ha exportado 130.948 proyectiles de 155 mm por 166,6 millones de euros desde 2022, año en el que inició el conflicto directo. Es decir, el proyectil de gran calibre de 155 mm se ha vendido a unos 1.272 euros.
Respecto a los drones rusos, la escalabilidad industrial ucraniana, también de vehículos no tripulados, ha hecho posible ralentizar el avance ruso en Europa. De hecho, el Monitor de la guerra aérea de Ucrania señala que en 2025 el ejército ruso llevó a cabo aproximadamente 56.700 ataques aéreos, "principalmente con drones de largo alcance (el 96% de todos los ataques) contra objetivos civiles en Ucrania, más de cuatro veces más que en 2024 (13.300)". Este fue el año en el que Rusia atacó con más drones desde el inicio del conflicto.
La defensa ucraniana antidrones siguió siendo el mayor desafío para la Fuerza Aérea de Zelenski. La tasa de interceptación de drones de largo alcance se redujo del 98% en febrero al 80% en octubre, lo que resalta la guerra de desgaste que está ejecutando Rusia en el este de Europa.
El desgaste ejecutado por Rusia lo realiza con el Shahed-136, un dron kamikaze de bajo coste que el Kremlin ha empleado masivamente para atacar ciudades e infraestructuras en Ucrania. Vuela a baja altura con un motor sencillo, lo que dificulta su detección y permite ser lanzado en grandes cantidades para saturar las defensas aéreas ucranianas. Su importancia radica en el desgaste que ejerce sobre las Fuerzas Armadas de Ucrania que sufren el constante ataque de los aparatos no tripulados. Este dron entró en servicio en 2022, año en el que inició la guerra.
Para contener los ataques rusos, Ucrania ha tenido que aumentar considerablemente el suministro diario de drones interceptores que se utilizan para contrarrestar los Shahed-136 rusos, con entregas promedio de unas 950 unidades por día en diciembre, según informa el Ministerio de Defensa ucraniano. También ha logrado reducir el daño del atacante restringiendo la producción rusa de drones mediante ataques selectivos contra fábricas y empresas proveedoras. De hecho, a partir de agosto de 2025, el número de drones rusos de largo alcance desplegados disminuyó de forma constante. El conflicto ha sido como un laboratorio que ha puesto en tela de juicio los multimillonarios programas europeos defensivos, siguiendo la línea opinativa del subsecretario de Defensa para Adquisiciones y Mantenimiento William LaPlante: "Si derribamos un dron de 50.000 dólares con un misil de 3 millones, no es una buena ecuación de costes".
De hecho, un informe de enero del Instituto de Estudios Económicos (IEE) comparó la industria rusa con la industria de defensa de occidente advirtiendo de un posible desfase en la producción de armamento de elevado coste: "La lógica de precision mass rusa, de empleo en masa de sistemas de bajo coste, desafía el enfoque occidental de precision quality mantenida hasta ahora... lo que podría llevar a una reevaluación doctrinal sobre qué capacidades deben priorizarse". El IEE también advirtió que "si Occidente sigue dando prioridad a la innovación sobre la escala de producción, se arriesga a una parálisis estratégica en un conflicto prolongado".
Empresas que sostienen Ucrania con más ingresos
Las entradas monetarias por ventas de armas de las 100 principales empresas del mundo aumentaron un 5,9% en 2024, alcanzando un récord de 679.000 millones de dólares. Incluso, por primera vez desde 2018, según datos de SIPRI, las cinco mayores empresas de armas incrementaron sus ingresos por ventas de armamento. De hecho, en Europa los ingresos crecieron todavía más, un 13%, hasta los 151.000 millones de dólares.
Del top 100 global, 23 compañías europeas registraron un aumento en sus ingresos por comerciar con armamento. Este aumento, informan desde SIPRI, se debió a la creciente demanda derivada de la guerra en Ucrania y a la percepción de la amenaza rusa en territorio OTAN. Por ejemplo, la checa Czechoslovak Group, que atribuye la mayor parte de sus ingresos a Ucrania en abastecimiento de proyectiles de artillería, casi triplicó sus ingresos en 2024 con un aumento del 193%.
En el puesto 52 se encuentra la empresa ucraniana JSC Ukrainian Defense Industry, que subió cinco posiciones con un aumento del 40,7% de ingresos por venta de armamento. En total, pasó de 2.140 millones de dólares de ingresos en 2023, a 3.010 millones de dólares en 2024.
"Las empresas armamentísticas europeas están invirtiendo en nueva capacidad de producción para satisfacer la creciente demanda", aseguró Jade Guiberteau Ricard, investigadora del Programa de Gasto Militar y Producción de Armamentos del SIPRI. Sin embargo, subrayó el desafío creciente del abastecimiento de materiales en el que "es probable que la dependencia de minerales críticos complique los planes europeos de rearme".
Respecto a la industria rusa, el investigador principal del Programa de Gasto Militar y Producción de Armas del SIPRI, Diego Lopes, destacó que "que la industria armamentística rusa ha demostrado resiliencia durante la guerra en Ucrania, contrariamente a lo esperado", cuando este martes se cumplen cuatro años de la guerra en Ucrania, el laboratorio bélico del siglo XXI.
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