Es el tesoro extraído de las entrañas de la tierra que estos días mantiene en vilo al mundo. El petróleo, el crudo, hace algo más de dos semanas que ha cambiado de rutas. El bloqueo bélico del estrecho de Ormuz, en el corazón de Oriente Medio, ha obligado a buscar alternativas. Y la solución, al menos una parte de ella, está en algunos de los desiertos más inhóspitos del planeta. Por ellos discurren algunos de los oleoductos a los que han tenido que recurrir países como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irak y Omán.
Son las que están permitiendo no asfixiar a las potencias de Oriente Medio que dependían de Ormuz. Países que se han visto en la necesidad de poner al límite de su capacidad estas rutas menores. Por Ormuz circulaban cada día cerca de 20 millones de barriles. Ahora, esa capacidad se ha reducido a la mínima expresión. Sin embargo, estas rutas alternativas construidas con trazados de oleoductos kilométricos permitirían a su máxima capacidad poner en el mercado el equivalente a 9,4 millones de barriles al día.
Petroline: 1.200 kilómetros bajo la arena
Un volumen que compensaría al menos parcialmente el problema de suministro actual y que se suma a otras medidas de emergencia como la liberación de reservas estratégicas. La anunciaron el pasado día 11 los 32 países de la Agencia Internacional de Energía —800.000 barriles diarios, hasta completar los 400 millones comprometidos—. Además, Estados Unidos acordó elevar en otro millón más de barriles diarios su producción.
La ruta más imponente es la que Arabia Saudí construyó en los años 80. Se trata de una impresionante estructura de conductos que recorren 1.200 kilómetros, atravesando puntos críticos como el desierto de Arabia. Esta infraestructura, enterrada bajo dunas rojas y llanuras infinitas, se prolonga por áreas en las que las temperaturas pueden superar los 50 grados centígrados.
Operado por Saudi Aramco, este oleoducto conocido como ‘Petroline’ conecta los campos petrolíferos de Abqaiq en el Golfo Pérsico con el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. Su puesta en marcha se remonta a 1981 como una alternativa ante el riesgo de la guerra entre Irán e Irak que podría poner en peligro el suministro del petróleo en la zona. En un primer momento la infraestructura se completaba con gasoductos, que finalmente se reconvirtieron en oleoductos. De este modo, su capacidad de transportar crudo se elevó de 5 millones de barriles diarios a 7 millones en la actualidad.
Infraestructura al límite de su resistencia
Se trata de una infraestructura estratégica y altamente vigilada. Actualmente se encuentra al 95% de su capacidad. Arabia Saudí ha desviado por esta ruta alrededor del 60% de su producción, según han señalado las autoridades saudíes. Sin embargo, el puerto de Yanbu no dispone de tantas terminales de carga de buques petroleros. Además, haber elevado su actividad hasta un ritmo tan elevado está poniendo al límite de su capacidad esta infraestructura. Arabia Saudí ya ha advertido de que, en caso de no reconducirse pronto la situación del estrecho de Ormuz, deberá plantearse una parada técnica en sus instalaciones.
La segunda de las rutas del desierto que está siendo clave la están explotando los Emiratos Árabes Unidos. El oleoducto de crudo de Abu Dabi (ADCOP) conecta el campo de Habshan, en Abu Dabi, con el puerto de Fujairah, en el Golfo de Omán. Se trata de una infraestructura que recorre 399 kilómetros, entre ellos varias zonas desérticas.
En este caso los Emiratos pueden bombear por él hasta un máximo de 1,5 millones de barriles diarios. Esta vía se puso en marcha en el año 2012, después de una amenaza anterior de Irán de cerrar el tránsito por el estrecho de Ormuz.
La conexión mediterránea desde Irak
El tercero de los grandes oleoductos es el que comunica Irak con Turquía. Parte desde el norte de Irak, en Kirkuk, y recorre 970 kilómetros hasta el puerto de Ceyhan, en Turquía. En su trazado, discurre por áreas como el desierto de Mesopotamia. Permite trasladar la producción de crudo hasta un puerto en pleno mar Mediterráneo. Inaugurado en 1977, supuso una gran innovación al permitir por primera vez que el petróleo del Golfo se desviara hacia una ruta mediterránea sin pasar por el estrecho de Ormuz.
Inicialmente su capacidad se diseñó para 1,6 millones de barriles diarios, si bien su falta de mantenimiento y diversos ataques han reducido su capacidad real a entre 0,9 millones y un millón de barriles diarios.
Duqm: la alternativa más moderna de Omán
La de Omán es la cuarta ruta que estos días ha ganado protagonismo y valor. Parte de los campos petrolíferos del centro del país y desemboca en el puerto y refinería de Duqm, en el mar Arábigo. Completa un recorrido de casi 500 kilómetros a través de mesetas desérticas y pedregosas.
Esta infraestructura se completó en 2023. Se trata de la más moderna de las cuatro rutas, con una capacidad de gestionar cerca de 800.000 barriles diarios. En el caso de Omán, además de desviar y poner a buen seguro su producción, está ofreciendo a países de la zona capacidad de almacenamiento.
El desafío del almacenamiento y las reservas
Precisamente el almacenamiento empieza a ser un gran problema. En algunos países de Oriente Medio la imposibilidad de dar salida al crudo que producen ha provocado que su capacidad de almacenamiento llegue al límite.
Pese a tratarse de unas cantidades moderadas, las rutas alternativas están permitiendo que el colapso en el mercado sea menor. La Agencia Internacional de la Energía anunció ayer que está en disposición de ampliar aún más el desbloqueo de las reservas estratégicas de sus países miembros. El pasado día 11 la AIE anunció que se desbloquearían hasta un total de 400 millones de barriles de crudo. En el caso de España, el compromiso pasa por liberar el equivalente a 12 días de consumo.
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