La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha publicado este miércoles su informe anual Taxing Wages, donde se radiografía la evolución y el reparto de la carga fiscal sobre los salarios en los 38 países miembros. El informe, con datos de 2025, destaca que tan solo en nueve economías las cotizaciones a cargo de los empresarios han superado el 20% de la cuña fiscal del trabajo. Es decir, que de cada 100 euros que paga el empresario en el salario bruto del trabajador, 20 no llegan a la nómina final porque son para abonar las cotizaciones de la Seguridad Social. Y entre estos nueve países se encuentra España.

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En concreto, las cotizaciones empresariales en España suponen el 23,6% de la presión fiscal sobre los salarios. Una cifra que la sitúa como la séptima economía de los países miembros que más carga a los empresarios. Tan solo superada por Suecia (23,9%), Italia (24%), Eslovaquia (24,4%), Estonia (25,3%), República Checa (25,3%) y, en primera posición: Francia (26,7%).

De hecho, resulta especialmente significativa la carga que soportan las empresas en España si se analiza el desglose de la cuña fiscal. En total, el coste laboral alcanza el 41,1%. Es decir, cuando se suma lo que supone el IRPF y las contribuciones a la Seguridad Social —cotizaciones de la empresa y del empleado— en el salario bruto del trabajador, se refleja un dato seis puntos porcentuales por encima de la media de la OCDE (35,1%).

No obstante, este diferencial se explica exclusivamente por el desfase al alza de las cotizaciones empresariales respecto del promedio de la Organización. Mientras que el IRPF representa el 13,1% —en línea con el promedio del 13,4%— y las cotizaciones a cargo del empleado son inferiores a la media —un 5% frente al 8%—, las cotizaciones empresariales superan en más de un 10% el promedio de la OCDE (13,5%).

Desincentivar la contratación y las subidas salariales

El pasado octubre, el profesor de economía aplicada en la Universidad de Málaga, José Manuel Domínguez, publicó con Fedea (Fundación de Estudios de Economía Aplicada) un informe sobre el sistema fiscal español. El documento advertía del elevado peso de las cotizaciones sociales dentro de la carga tributaria y defendía la necesidad de una reforma fiscal que trasladase "la carga tributaria desde el trabajo hacia bases más proclives al crecimiento".

Una recomendación al Gobierno que no es puntual. Numerosos organismos nacionales e internacionales también han alertado anteriormente de las consecuencias que supone concentrar una parte tan elevada de la carga fiscal sobre el trabajo. Este diseño no solo encarece la contratación, al elevar el coste total que asumen las empresas por cada trabajador, sino que también reduce los incentivos para subir los salarios. Cualquier aumento del sueldo bruto implica un incremento paralelo de las cotizaciones, de modo que por cada euro adicional que la empresa intenta trasladar al trabajador, el coste total crece en mayor proporción. El resultado es un mercado laboral en el que contratar es más costoso y subir sueldos, más complejo.

El salario en España es un 47% inferior a la media de la eurozona

Además, esta elevada carga sobre el trabajo también se produce en una economía que no destaca precisamente por sus niveles salariales. En 2025, el salario medio por hora trabajada en el sector privado en España —excluyendo cotizaciones sociales— se situó en los 19,5 euros, un 47% inferior que la media de la eurozona (28,7 euros por hora), según Eurostat. Un desfase que se explica en parte porque, dentro del modelo productivo de España, los empleos de bajo valor añadido, donde los salarios son más reducidos, tienen un peso relevante en el mercado laboral.

En este sentido, este patrón ayuda a entender la evolución reciente de la economía. Aunque España ha sido uno de los países desarrollados que más ha crecido en términos de PIB tras la pandemia, el avance se ha apoyado fundamentalmente en la expansión del empleo más que en mejoras de productividad. La incorporación de población extranjera ha contribuido a sostener este crecimiento. Sin embargo, estos nuevos residentes se han empleado en sectores de bajo valor añadido, lo que ha limitado que el impacto de este dinamismo macroeconómico se refleje en una mejora paralela de los salarios.