A las dos de la tarde, la escena en la calle ha cambiado. Cada vez es más habitual ver a trabajadores con una bolsa del supermercado o un táper en la mano, buscando dónde comer rápido o, directamente, sin salir de la oficina. No es que el menú del día haya desaparecido entre los consumidores, pero sí ha dejado de ser la única opción. En este sentido, los platos preparados han ido ganando terreno hasta convertirse en una alternativa habitual.
El fenómeno se refleja en los datos. El consumo de platos preparados ha crecido un 18% desde la pandemia, desde las 592.454 toneladas consumidas en 2019 hasta las 715.052 toneladas de 2025, de acuerdo con el informe Platos Preparados de España de la Asociación Española de Fabricantes de Platos Preparados (ASEFAPRE). De hecho, en 2025, cada español consumió de media 18 kilos de platos preparados, un 4,7% más que en 2024, frente a un incremento del 0,6% del conjunto de la alimentación.
Según ASEFAPRE, este diferencial "confirma al sector como uno de los grandes motores de desarrollo de la alimentación en España". Además, "los platos preparados han pasado de ser una opción puntual en la mesa de los españoles a una solución integrada en su dieta cotidiana", añade el secretario general de la Asociación, Álvaro Aguilar.
La erosión en el poder de compra
El auge de esta categoría alimenticia coincide con un deterioro en la capacidad de consumo. Según la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística (INE), el porcentaje de personas que no pueden permitirse reunirse con amigos o familiares para comer o tomar algo al menos una vez al mes ha aumentado en todas las franjas de edad desde 2019, excepto en el caso de los mayores de 65 años.
Un dato que evidencia que, pese al crecimiento económico de España —que se sitúa entre las economías desarrolladas que más avanzan tras la pandemia—, esta mejora no se ha trasladado de forma homogénea al bolsillo de los ciudadanos. Para una parte de la población, salir a comer o tomar algo se ha convertido directamente en un lujo.
Ahora bien, aunque este es el caso extremo, el ajuste en el consumo del ciudadano medio también se ha producido. Comer de menú todos los días, una práctica habitual hasta hace unos años para muchos trabajadores, empieza a dejar de ser accesible. Este cambio se percibe en la calle. "Antes comía menú diario en un restaurante. Ahora, llevo comida de casa, compro un bocadillo en un bar o recurro a algún plato preparado del supermercado", explica Nuria, consultada por El Independiente. En la misma línea, Fernando —otro ciudadano preguntado a pie de calle— apunta a una imagen cada vez más frecuente: "Ahora veo a mucha gente con la mochila y la tartera".
Este cambio también responde al contexto económico. Aunque el coste salarial medio por hora ha aumentado un 24,2% desde 2019, la inflación acumulada en el mismo periodo ha sido del 21,8%, lo que deja un crecimiento real de las nóminas del 1,1% hasta 2025. Y se trata de una media: en partidas clave como la vivienda, los costes energéticos o la propia cesta de la compra, los precios han crecido por encima de ese nivel, lo que intensifica la pérdida de poder adquisitivo y reduce el margen disponible para el gasto diario del ciudadano medio.
Platos preparados vs. menú del día
El menú del día —que según la Confederación Empresarial de Hostelería de España ronda los 14,2 euros de media en España— compite con alternativas que en algunos supermercados no superan los seis euros. "Hay cadenas que están rompiendo precios frente a lo que pueden ofrecer determinados bares", advierte para este periódico el secretario general de FACUA (Federación de Asociaciones de Consumidores y Usuarios en Acción), Rubén Sánchez.
En esta línea, fuentes del sector de la hostelería apuntan a que sí se ha registrado un descenso en el consumo de menús diarios. Una tendencia que se revierte en el sector de la distribución: "Cada vez viene más gente, desde estudiantes hasta personas en traje", explica una trabajadora de la sección de platos preparados en Mercadona.
No obstante, el impacto en el sector de la hostelería es desigual. Roberto, propietario del bar Cantalejo en Madrid, señala que en su caso no ha notado ningún cambio en el número de comensales "gracias a los precios competitivos" de su menú diario, aunque reconoce que "Mercadona está llenísimo a la hora de comer". En la misma línea, Juan, camarero del bar Majoma (también en Madrid), explica que no ha "notado una disminución porque tenemos una cartera de clientes fijos que priorizan la calidad".
Cambio de hábitos
Además, fuentes del sector de la hostelería consultadas por este periódico apuntan a que los platos preparados de los supermercados y el menú del día no compiten de forma directa, ya que responden a públicos distintos y a experiencias de consumo diferentes.
En esta línea, el secretario general de FACUA señala que el fenómeno no se explica únicamente por la pérdida de poder adquisitivo o la competencia en precios, sino también por un cambio más amplio en los hábitos de los consumidores, en el que influyen factores como "la falta de tiempo para cocinar, los problemas de conciliación o la reorganización de las rutinas laborales". Un cambio que también señalan los establecimientos: "Se nota el teletrabajo, sobre todo los viernes", concluye Fernanda, camarera en un bar de Madrid.
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