Es el corazón del sistema energético español. La red eléctrica española se ha quedado pequeña, algo obsoleta y desactualizada para los niveles de demanda que conlleva la descarbonización. Su puesta a punto requiere de miles de millones en inversión. La transformación hace tiempo que la reclaman las compañías energéticas, la demanda el Gobierno y la urgen las necesidades de ‘conexión’ del mercado. Los resultados y beneficios del primer trimestre de este año hechos públicos esta semana por las energéticas revelan que el proceso ha comenzado, que la inversión en redes es ya una apuesta central y rentable para las compañías.

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Invertir en la contrucción de redes eléctricas, en su ampliación y modernización, es caro pero lleva aparejado para las distribuidoras una recuperación de esas inversiones. Se logra a través de la llamada tasa de retribución de redes que los consumidores pagan en sus facturas. Recientemente la CNMC elevó la tasa del 5,58% al 6,58%, un 18% más. Y así se aplicará hasta el año 2031. Pese a no suponer un incremento como el que reclamaba el sector, por encima del 7%, sí ha supuesto un cambio significativo que las cuentas de resultados empiezan ya a reflejar.

La principal energética del país, Iberdrola, hace tiempo que ha situado a las inversiones en redes eléctricas como uno de los ejes centrales de su negocio, equiparable al de generación de energía. Las cuentas presentadas ayer por la compañía que lidera Ignacio Sánchez Galán muestran un 11% más de beneficios entre enero y marzo de este año.

Redes, un activo al alza

Las inversiones en redes, y la remuneración que conllevan, se han convertido en una vía de ingreso y de beneficio estable, ajena al albur de los vaivenes del mercado energético. Además de una necesidad para adaptar y actualizar las infraestructuras, las redes son ya un activo valioso para el futuro inmediato en un entorno de transición energética como el actual y de transformación de la economía con fenómenos como la IA o los centros de datos, gandes demandantes de energía.

En Iberdrola el conjunto de las redes eléctricas con las que cuenta en el mundo supone un activo valorado en 53.000 millones de euros. Más de seis de cada diez euros invertidos en el último año los ha destinado a mejorar sus redes, con especial atención a Reino Unido y Estados Unidos, los mercados de mayor expansión actualmente para la energética vasca.

Refuerzo del sistema tras el apagón de abril

También Red Eléctrica, el operador del sistema, ha disparado sus inversiones en la red nacional. Lo hace por necesidad y tras el impacto que tuvo el apagón del 28 de abril de hace un año. Solo en el primer trimestre de este año, Redeia ha incrementado un 43% sus inversiones en redes y su plan de actuación contempla actuaciones de hasta 4.800 millones de euros este año para reforzar la red. Solo de enero a marzo de este año la operadora ha invertido 338 millones de euros. El balance de beneficios de este primer trimestre es clarificador: 140 millones, un 1,8% más. La práctica totalidad de sus ingresos proceden de la retribución regulada de las redes.

Endesa es la compañía que cuenta con una red más extensa. Su modernización será precisamente uno de los retos que el nuevo CEO de la compañía, Gianni Vittorio Armani, deberá liderar. Su larga experiencia en el grupo Enel convierte su perfil en una oportunidad. Armani ha liderado el desarrollo estratégico, la innovación y el refuerzo de las redes de distribución eléctricas del grupo en seis países europeos y en Sudamérica. Un proceso que ahora dinamizará en España, priorizando la digitalización, la resiliencia de las infraestructuras y la transición energética.

Peajes, cargos y seguridad para el inversor

Cada año la tasa de retribución por las redes de transporte (Redeia) y de distribución (Iberdrola, Endesa, Naturgy, etc.) supone un pago de casi 7.000 millones de euros. De ellos, una parte va destinada a financiar el mantenimiento de las infraestructuras y otra a la retribución financiera por las inversiones realizadas. Las grandes compañías obtienen beneficios anuales por la tasa, la TRF, que oscila entre los 600 y los 750 millones de euros.

La inversión en instalar nuevas ‘autopistas’ por las que distribuir la energía es otra vía de ingresos que irá a más en el futuro. A través de los ‘peajes y cargos’ que los consumidores abonan en sus facturas, el riesgo de estas inversiones es reducido. Al tratarse de una tasa regulada, apostar por las redes permite a las compañías no solo ampliar la capacidad energética del país y las posibilidades de ‘conexión’ hoy limitada, sino recuperar a largo plazo la inversión durante la vida útil de la infraestructura y un beneficio asegurado.

Precisamente la pugna por atraer inversiones a España fue la clave de la disputa que la CNMC y las energéticas han mantenido en los últimos meses. La actualización de la TRF para los próximos seis años finalmente no ha alcanzado el porcentaje demandado y se ha quedado lejos de los aplicados en otros países. El 6,58% sí supone un punto más que el aplicado hasta ahora, pero lejos del 7% o 7,5% que venía reclamando el sector. La CNMC siempre ha justificado la limitación de la subida en la necesidad de no impactar en exceso en los consumidores.

El reto de la saturación y la capacidad de la red

La red eléctrica de nuestro país es compleja y actualmente insuficiente. Gran parte de los nodos de conexión se encuentran saturados y sin capacidad de absorber nuevas demandas. La red en muchos puntos ya no puede recibir parte de la energía generada ni satisfacer demandas de empresas, centros de datos, industrias o instalaciones de conexión eléctrica. Aumentar esa capacidad se ha convertido en una urgencia. Incluso el Gobierno ha reconocido que sería necesario triplicar la capacidad de la red para avanzar en la descarbonización.

Los 800.000 kilómetros de cableado de alta, media y baja tensión que integran la red se completan con un complejo mapa de millones de postes y torres eléctricas, cerca de 6.000 subestaciones y miles de transformadores de gran potencia. Tampoco faltan infraestructuras submarinas para conectar Canarias y Baleares con la península. Endesa es la que cuenta con una red de distribución más amplia en España, que alcanza los 315.000 kilómetros. Tras ella figura Iberdrola, con cerca de 250.000 kilómetros, Naturgy con 115.000 kilómetros y finalmente Redeia con 45.200 kilómetros de líneas de alta tensión.

La inversión en redes que las compañías siempre subrayan en sus planes de desarrollo anuales son una apuesta de futuro. Construir líneas de alta tensión, subestaciones, interconexiones o apostar por la digitalización permite no saturar la infraestructura y, con ello, rebajar riesgos de colapso o limitaciones de desarrollos empresariales por falta de capacidad.