En el contexto laboral de la era pospandemia, las empresas se han encontrado con un cambio profundo en los patrones de baja y absentismo. Estas ya no responden solo a las causas físicas tradicionales, sino a un conjunto de tensiones, ritmos y condiciones de trabajo que se han intensificado en los últimos años.

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En las grandes organizaciones, hay una determinada patología que se ha consolidado como uno de los ejes centrales de la incapacidad temporal. Cuenta con un peso estadístico que obliga a repensar la gestión del talento, la organización de la jornada y el equilibrio entre productividad y bienestar del trabajador.

La psiquiatría en el centro del absentismo

La salud mental se ha convertido en la segunda causa más frecuente de incapacidad temporal en España, por detrás solo de las afecciones musculoesqueléticas. En 2025, según el último Observatorio de Contingencias Comunes de la mutua Asepeyo, los problemas de salud mental acumularon el 37% de todos los días de baja registrados en las grandes empresas. Esta cifra explica que, junto con las dolencias traumáticas, ambas patologías sumen casi la mitad de los procesos de contingencia común.

Esos días de baja laboral no corresponden solo a diagnósticos dramáticos o extremos, sino también a depresión, ansiedad, estrés crónico, trastornos del sueño... La diferencia es que, hoy, muchas personas están más dispuestas a pedir ayuda, solicitar baja y dejar registrada la incidencia real de la salud mental, en lugar de minimizarlo o soportarlo en silencio.

Ese cambio de actitud es clave. El incremento de las bajas laborales puede interpretarse como un síntoma de problemas crecientes. Sin embargo, también como una señal de que la sociedad está dejando el estigma de lado y está legitimando el derecho a estar bien.

Un fenómeno que se ha disparado

En 2025, los días de baja relacionados con el deterioro de la salud mental representaron el 15,7% del total en España. Esta tasa ha pasado de ser un porcentaje marginal a instalarse ya en cifras de doble dígito. Cada año, esta proporción sube aproximadamente un punto porcentual, con lo que la tendencia es claramente creciente y difícil de revertir en el corto plazo.

No se trata de una moda temporal, sino de un fenómeno estructural que se ve reforzado por el tamaño de la empresa, el sector de actividad y las nuevas generaciones de trabajadores. En las grandes compañías, donde la organización es más compleja, la presión puede ser mayor y la conexión individual con la dirección, más débil. Eso explica que, según Asepeyo, el 37% de las bajas laborales en grandes empresas sea de origen psiquiátrico, frente al 22% en empresas pequeñas y el 15% en pymes de menos de diez trabajadores.

Sectores más afectados

Por sectores, destacan especialmente las actividades administrativas y de servicios auxiliares, como limpieza, seguridad y telemarketing. En ellas, aproximadamente el 12% de los días de baja corresponden a problemas de salud mental. Si tenemos en cuenta el sector sociosanitario, que engloba la asistencia médica y los cuidados, la cifra es algo menor, pero sigue siendo preocupante.

En estos ámbitos, el trabajo puede ser muy exigente, con turnos largos, falta de recursos y alta responsabilidad emocional, lo que se traduce en un desgaste constante. Además, la normativa y el entorno organizativo no siempre están preparados para acompañar a los profesionales en momentos de crisis, con lo que la baja se convierte en la única vía visible y legal de parar.

El perfil de la persona de baja

El perfil típico de la persona de baja, según Asepeyo, es una mujer de 31 a 50 años, con antigüedad en la empresa menor a 3 años. Su proceso es de 1 a 3 días, normalmente por patologías digestivas o respiratorias. Aunque la baja psiquiátrica suele ser menos frecuente en número de casos, dura más tiempo y se concentra en un número reducido de trabajadores.