El Gobierno ha activado una nueva ofensiva para mejorar la empleabilidad de dos de los colectivos con más dificultades para reincorporarse al mercado laboral, los mayores de 52 años y los jóvenes desempleados. La medida llega a través del reparto de 2.575 millones de euros entre las comunidades autónomas. Una partida que se destinará principalmente a formación, programas de inserción y modernización de los servicios públicos de empleo.

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La decisión se produce en un momento en el que el mercado de trabajo sigue mostrando dos grandes problemas estructurales. Por un lado, la salida de personas mayores que acumulan experiencia pero encuentran obstáculos para ser recolocadas. Por otro, la dificultad de muchos jóvenes para acceder a su primer empleo estable o para completar un itinerario formativo que les permita ganar opciones reales de contratación. Con esta medida, el Ejecutivo pretende actuar sobre ambos frentes al mismo tiempo.

Un reparto millonario

La propuesta aprobada por el Gobierno contempla el reparto de 2.575 millones de euros entre las comunidades autónomas. De esa cantidad, 1.424 millones se destinarán a servicios y programas formativos vinculados al empleo, mientras que 440,5 millones irán a acciones de formación no asociadas a certificados de profesionalidad.

Además, el plan reserva 633,6 millones para iniciativas de alternancia entre formación y empleo. Este modelo, que combina aprendizaje y trabajo remunerado, y 73,5 millones, sirve para modernizar los servicios públicos de empleo. En paralelo, el Ejecutivo ha subrayado que 527 millones se dedicarán de forma específica a programas para jóvenes y mayores de 52 años en situación de desempleo.

A quién van dirigidas

La medida del Gobierno no consiste en una transferencia directa de dinero a los desempleados. En realidad es una inversión para que los servicios públicos de empleo tengan más capacidad de orientar, formar y recolocar a los demandantes de trabajo. Eso significa que las ayudas se traducirán, sobre todo, en cursos, itinerarios personalizados, programas de recualificación, prácticas y acciones de acompañamiento.

En el caso de los mayores de 52 años, el foco está en un grupo especialmente vulnerable porque suele acumular más tiempo fuera del mercado laboral. Se incluyen aquí mayores dificultades de reinserción y, en muchos casos, una carrera profesional interrumpida por despidos, ERE o largas etapas de desempleo. En el caso de los jóvenes, el objetivo es evitar que la entrada al mercado se retrase demasiado o se produzca en condiciones precarias y sin experiencia suficiente.

Qué problemas intenta resolver

El Gobierno busca dar respuesta a dos barreras muy distintas, aunque ambas tienen un denominador común, la dificultad para encontrar empleo de calidad. En el caso de los mayores de 52 años, una de las grandes preocupaciones es que la pérdida del trabajo se convierta en un problema de larga duración y desemboque en una retirada anticipada del mercado laboral. En el de los jóvenes, el reto está en transformar la formación en oportunidades reales de contratación y no en un simple trámite administrativo.

Por eso la mayor parte del dinero irá a formación. La idea es que los trabajadores desempleados puedan adquirir nuevas competencias, adaptarse a sectores con demanda y mejorar su perfil profesional para competir mejor. La alternancia entre empleo y aprendizaje, además, pretende reducir la distancia entre teoría y práctica.

El peso del subsidio

Además, el subsidio para mayores de 52 años sigue siendo una de las ayudas más relevantes del sistema de protección al desempleo. En 2026 mantiene una cuantía de 480 euros al mes, equivalente al 80% del IPREM, y puede cobrarse hasta alcanzar la edad de jubilación si se cumplen los requisitos.

Ese subsidio, sin embargo, no resuelve por sí solo el problema de la empleabilidad. De ahí que el Gobierno intente reforzar la parte formativa y de acompañamiento, que es la que puede facilitar una reincorporación real al trabajo. En la práctica, este subsidio y las políticas activas es lo que permite sostener a quien lleva tiempo fuera del mercado sin renunciar a una salida laboral.