La batalla fiscal entre Shakira y Hacienda por más de 60 millones de euros no solo ha terminado convirtiéndose en uno de los mayores reveses judiciales en lo que va de año para la Agencia Tributaria. Si no que también ha puesto sobre la mesa un problema más profundo: cómo perseguir la residencia fiscal en una economía globalizada donde las fronteras laborales son cada vez más difusas y donde demostrar "dónde vive" realmente una persona se ha convertido en una batalla compleja de acreditar.

PUBLICIDAD

La Audiencia Nacional tumbó esta semana la reclamación de Hacienda contra la cantante colombiana por el ejercicio fiscal de 2011 al concluir que no residió en España el tiempo suficiente como para tributar en el país. Sin embargo, inmediatemente después, la Agencia Tributaria anunció que recurriría ante el Tribunal Supremo y que no devolvería el dinero hasta que existiera una sentencia firme.

La decisión judicial afecta exclusivamente a 2011, ya que la artista aceptó anteriormente las condenas por delitos contra la Hacienda Pública correspondientes a los ejercicios de 2012, 2013 y 2014. El caso, además, se remonta a 2011, quince años antes de que fenómenos como la movilidad internacional, las estructuras globales o el trabajo deslocalizado alcanzasen la dimensión actual. Desde entonces, la creciente internacionalización de la economía ha intensificado las dificultades de las administraciones tributarias para aplicar criterios clásicos como la residencia fiscal.

"Estamos viviendo uno de los mayores choques históricos entre la economía global y los sistemas tributarios tradicionales", resume Guillem Domingo Perez de Leceta, abogado especializado en fiscalidad internacional y profesor asocaido en EAE Business School. Desde su punto de vista, "la realidad económica actual —teletrabajo, nomadismo digital, estructuras internacionales y desplazamientos constantes— hace que muchas situaciones queden en zonas grises donde la carga probatoria adquiere un papel absolutamente central y hace que la Administración tenga dificultades para operar".

Del control tradicional al Big Data tributario

No obstante, durante estos quince años, la Agencia Tributaria también se ha transformado para intentar adaptarse a la nueva era. Si bien "antes el control estaba mucho más centrado en estructuras societarias tradicionales y patrimonios visibles. Hoy el enfoque es más global, tecnológico y basado en intercambio automático de información internacional", explica el abogado especializado en fiscalidad internacional. Según apunta, Hacienda ha desarrollado unidades especializadas en fiscalidad internacional y grandes patrimonios con una orientación cada vez más centrada en detectar "deslocalizaciones artificiales y cambios de residencia considerados ficticios".

Un cambio que también destaca José María Mollinedo, secretario general de Gestha (el sindicato de técnicos del Ministerio de Hacienda), que pone el foco en el salto tecnológico y normativo que ha dado la administración tributaria en las dos últimas décadas. "Particularmente, en el último quinquenio se ha explotado la tecnología del big data para analizar bases de datos y aflorar relaciones societarias con participaciones cruzadas de hasta 20 niveles de intermediación", explica. Es decir, cadenas empresariales extremadamente complejas donde una sociedad participa en otra, esta en otra distinta y así sucesivamente hasta los 20 niveles. Un avance de rastreo informatizado que ha mejorado la identificación de quién controla realmente el patrimonio y dónde termina tributando.

Y a ello se suma que este endurecimiento del control fiscal no ha sido únicamente español, sino que se ha producido de forma paralela en buena parte de los países occidentales a raíz de los cambios impulsados por la OCDE para combatir la deslocalización artificial de beneficios y la elusión fiscal internacional. Según señala el secretario general de Gestha, precisamente el auge de contribuyentes con alta movilidad internacional ha obligado a la Administración a introducir nuevos criterios más allá de los tradicionales 183 días de residencia física. "Al principio eso quedaba fuera del punto de control de las administraciones tributarias", explica en referencia a los llamados "ciudadanos del mundo", es decir, perfiles que podían pasar largos periodos moviéndose entre distintos países sin consolidar formalmente una residencia clara.

Cuando no basta con contar días

Precisamente este fue uno de los principales problemas del caso Shakira. En 2011, la cantante se encontraba inmersa en una gira mundial de 120 conciertos en 37 países y, según explica José María Mollinedo, secretario general de Gestha —el sindicato de técnicos del Ministerio de Hacienda—, España fue el país donde más tiempo permaneció durante aquel ejercicio (163 días), aunque sin superar el umbral clásico de los 183 días de residencia fiscal. Mientras la artista defendía que su residencia se encontraba en Bahamas y que el resto del año había desarrollado una intensa actividad internacional, Hacienda trató de demostrar que, pese a no alcanzar formalmente ese límite temporal, sí existían suficientes vínculos económicos y personales como para considerar que su residencia real estaba en España.

Este tipo de comprobaciones son precisamente las que han ganado peso con la transformación tecnológica de la Agencia Tributaria durante los últimos años. Si antes el criterio principal era simplemente contar días de permanencia física, actualmente la Administración cruza cada vez más información para reconstruir el verdadero centro de vida de un contribuyente.

"El caso de Shakira evidencia la enorme importancia del análisis detallado de los patrones de vida: consumos, desplazamientos, entorno familiar, actividad pública o presencia digital", sostiene Guillem Domingo Perez de Leceta. Durante la investigación, Hacienda llegó a rastrear viajes, rutinas y establecimientos que frecuentaba la artista —desde peluquerías hasta gimnasios o centros de estética— en un procedimiento centrado además en hechos ocurridos en 2011, mucho antes de que la hiperconectividad actual multiplicara todavía más el rastro digital que deja cualquier contribuyente.

El coste reputacional de perder casos mediáticos

Sin embargo, el revés judicial a favor de la cantante también revela, según distintos expertos, otro problema añadido para la Agencia Tributaria: el impacto reputacional que generan este tipo de derrotas en procedimientos de enorme exposición pública.

"Probablemente el impacto más relevante sea reputacional. Cuando hablamos de casos con tanta exposición mediática, una derrota judicial puede trasladar la idea de que Hacienda ha sostenido criterios sin acreditarlos correctamente con las pruebas oportunas", advierte Raquel Jurado, técnica del Servicio de Estudios del Consejo General de Economistas. De hecho, añade que este tipo de resoluciones también terminan influyendo sobre el comportamiento de otros contribuyentes: "Cuando los tribunales corrigen o anulan actuaciones de gran repercusión mediática, muchos contribuyentes se sienten más legitimados para recurrir liquidaciones y sanciones, especialmente en ámbitos complejos como el de la residencia fiscal".