El éxito también puede matar. En España el sol es sin duda una de las fuentes de energía y atractivo turístico que mueve nuestra economía. Sin embargo, lo que es una ventaja competitiva natural de nuestro país ha comenzado a convertirse en una suerte de ‘trampa’ energética. La producción de energía solar fotovoltaica se ha disparado tanto y a tanta velocidad en los últimos años que la capacidad de nuestra economía para absorber o almacenar la energía que produce se ha visto muy superada. Una realidad que no solo ha hundido el precio de la energía solar que se produce, sino que ha obligado a ‘verter’, desechar, cada vez un volumen mayor de energía.

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En nuestro país actualmente se cifran en casi 600 el número de plantas solares de gran tamaño, de entre 10 y 50 MW de potencia que están operativas. A ellas se suma una amplia red de pequeñas instalaciones industriales o plantas comunitarias que se estima en otras 60.000 instalaciones. Una red amplia que produce energía del sol y que no siempre está logrando inyectarla a la red eléctrica, ‘colocarla’ en el mercado. El reto de la producción energética siempre pasa por poder equiparar la producción con la demanda, algo que cada vez se hace más complicado para la solar fotovoltaica. Prueba de ello es el cada vez mayor número de horas con precio cero o incluso negativo por megavatio que se produce en nuestro país.

El estudio La crisis de valor de la energía solar fotovoltaica en España’, elaborado por los analistas en energía Manuel Fernández Ordóñez, director del centro Peter Huber de la Universidad de las Hespérides, y Daniel Fernández Méndez, doctor en Economía por la Universidad Rey Juan Carlos y director del centro Ruth Richardson, radiografía el estado actual del sector. Una de sus conclusiones subraya que el problema al que se enfrenta es un despliegue renovable tan acelerado que “ha ido creando su propia trampa”. Los expertos destacan que la presión a la baja sobre el valor de su producción se ha acelerado fundamentalmente por no haber estado acompañada de “una demanda eléctrica capaz de aumentar su volumen” o de una capacidad suficiente para almacenarla.

Una crisis de de valor, no de coste

El estudio considera que España debería haber acompañado el crecimiento de la producción fotovoltaica con políticas que, además de incrementar la electrificación de la economía, hubieran sido capaces de desplazar consumos de energía hacia los periodos horarios de mayor generación renovable. No ocultan que en el actual escenario “la viabilidad económica de nuevas inversiones fotovoltaicas podría verse comprometida”.

La crisis de rentabilidad que atraviesan muchas de estas instalaciones no es “una crisis de coste, sino de valor”. Sitúan el foco en el insuficiente avance en nuestro país en ámbitos como la capacidad de almacenamiento de energía o haber alcanzado un nivel mayor de electrificación industrial. A ello se suma el impacto que ha tenido el apagón del pasado 28 de abril de 2025, que ha forzado a Red Eléctrica a operar en ‘modo reforzado’, lo que conlleva una prudencia operativa y restricciones técnicas que no benefician a energías renovables como la solar.

La caída del precio por exceso de producción e insuficiente demanda en muchos tramos del día se ha traducido en una suerte de ‘canibalización’ del precio del MW de energía solar producida. El crecimiento se ha concentrado en los últimos seis años. Si en 2019 en España la potencia fotovoltaica instalada era de 4,8 GW, actualmente se ha elevado hasta los 56 GW, lo que supone haber multiplicado la capacidad solar por 11,6. Los analistas del informe reconocen que “este éxito empieza a ser problemático”.

"Este éxito empieza a ser problemático"

Recuerdan que el valor económico de la electricidad no depende únicamente de cuánto cuesta producirla, sino también del momento en el que se genera y si la demanda en ese instante puede absorberla: “Su producción se concentra en las mismas franjas horarias y compiten, esencialmente, contra sí mismas”. Sólo en el periodo 2024 a 2026 el número de horas con precio cero o negativo se ha incrementado un 47%. El año pasado sumaron 805 horas y se estima que en 2026 alcanzará las 1.152 horas. Para las plantas es más rentable lograr inyectar su energía a la red a precio cero o incluso pagar por ello -precio negativo-. Detener la producción es mucho más costoso. Además, en muchos casos, por los contratos a largo plazo (PPA) la planta sólo cobra por la energía vertida a la red.

El estudio insiste en que la electrificación de la economía española aún avanza a un ritmo muy inferior y el consumo de energías como la solar fotovoltaica en la industria no ha crecido lo necesario. También ponen el foco en el insuficiente avance de los sistemas de almacenamiento energético que permitirían evitar esos “vertidos” o curtailment.

En 2020 apenas existía energía ‘vertida’ o echada a perder. Se trata de energía que no llega a monetizarse. Su volumen es cada vez mayor en España. En 2024 sumaba 3.096 GWh y se prevé que este año se triplique y ronde los 12.195 GWh. La necesidad de operar de modo reforzado la red eléctrica que se ha impuesto tras el apagón también ha contribuido a este incremento. La menor capacidad de las fuentes renovables para garantizar la seguridad, estabilidad de tensión y frecuencia las ha relegado en determinadas situaciones de operación de la red eléctrica.

MW cada vez menos rentables

El precio medio del MWh por el que el sector ha vendido en el mercado también ha sufrido una caída muy considerable. El informe de los profesores Fernández apunta cómo en 2022 se alcanzó los 150 euros el MWh y desde entonces ha descendido hasta los 31,2 euros el MWh de media: “Si el precio capturado cae de forma persistente, los ingresos recibidos por las plantas se reducen. Y cuando se sitúan por debajo de los umbrales necesarios para atender deuda, cubrir costes operativos y remunerar capital, la presión financiera es una realidad”.

Los expertos en energía concluyen que muchos proyectos en marcha en el sector se construyeron sobre planes de producción, precio y disponibilidad “que podían ser razonables en un sistema con menor penetración renovable y con menor intervención por parte del operador del sistema”. Los ingresos generados por MW de potencia instalada solar con plena exposición al mercado han caído de modo muy importante: de generar 234.267 euros por MW en 2022 a los 46.267 euros el año pasado, y una estimación de 51.176 euros al cierre de este año.