Según las estimaciones de las organizaciones empresariales trasladadas a El Independiente, Yolanda Díaz tiene cada vez más difícil hacerse con la dirección de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La ministra de Trabajo tenía un 'plan B' para cuando terminase su etapa en el Gobierno: presidir este organismo de Naciones Unidas, encargado de promover los derechos laborales y fijar las normas internacionales que regulan las condiciones de trabajo. La candidatura le ofrecía una oportunidad para prolongar su trayectoria política en el ámbito internacional y trasladar su agenda laboral a una institución con representación de gobiernos, empresarios y sindicatos de todo el mundo.
Pero el camino hacia Ginebra se ha ido complicando. A diez días de que el Consejo de Administración de la OIT vote quién ocupará su dirección general, la estrategia de la ministra ha sufrido un revés que altera el equilibrio de la carrera. La Organización Internacional de Empleadores y la Confederación Sindical Internacional han expresado su respaldo a la continuidad del actual director general del organismo, el togolés Gilbert F. Houngbo. Dos apoyos que afectan directamente a las cuentas de la candidatura española.
La estrategia de Díaz para reunir los votos
La dirección de la OIT se decide en un Consejo de Administración integrado por 56 miembros: 28 representantes de los gobiernos, 14 de los empleadores y otros 14 de los trabajadores. Estos últimos son personas elegidas por los delegados sindicales de los países miembros, mientras que los representantes empresariales son designados por los delegados de las patronales. Cada uno de los 28 representantes de ambos grupos dispone de su propio voto, por lo que pueden repartir sus apoyos entre los distintos candidatos. De ahí la importancia del respaldo de la Confederación Sindical Internacional y de la Organización Internacional de Empleadores, que agrupan a organizaciones de trabajadores y empresarios de todo el mundo y cuya posición puede influir decisivamente en el sentido de estos votos.
En este sentido, Díaz era consciente de que iba a ser complicado que los empresarios le apoyasen, así que su plan pasaba por compensar esta desventaja con el apoyo de los representantes de los trabajadores y, a partir de ahí, construir una mayoría entre los gobiernos. Sin embargo, el respaldo de la Confederación Sindical Internacional a Houngbo ha alterado el cálculo. Según las fuentes consultadas, la posibilidad de reunir una mayoría se ha desvanecido. Además, pese a los esfuerzos diplomáticos para sumar apoyos entre los gobiernos, este plan tampoco habría dado los resultados esperados.
De hecho, este lunes, el excanciller peruano Javier González-Olaechea anunció que se retiraba de la competición que mantenía con Díaz y Houngbo por la dirección del organismo. Según explicó el excanciller, la decisión de abandonar la carrera llegó después de que las principales organizaciones internacionales de empresarios y sindicatos respaldaran la continuidad del actual director general, lo que refleja las pocas posibilidades que tiene Díaz de lograr que la presidencia del organismo esté bajo el mando de un español.
España busca colocar a tres nombres en los organismos internacionales
Pero la candidatura de Díaz no es el único movimiento con el que España aspira a ganar peso en las instituciones multilaterales. El Gobierno intenta colocar también al ministro de Agricultura, Luis Planas, al frente de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), el organismo que trabaja para combatir el hambre, mejorar la seguridad alimentaria y promover una agricultura sostenible.
Sin embargo, en el reparto de puestos de responsabilidad de la ONU pesan los equilibrios diplomáticos entre países, por lo que conseguir dos nombramientos de este nivel en una misma etapa se presenta como una tarea ardua. Más piedras sobre el tejado de Díaz.
Y a estas dos aspiraciones se suma una tercera: la posible llegada del exgobernador del Banco de España y actual director general del Banco de Pagos Internacionales, Pablo Hernández de Cos, a la presidencia del Banco Central Europeo (BCE). Sin embargo, a diferencia de las candidaturas de Díaz y Planas, esta carrera se juega en el ámbito de las instituciones europeas.
Además, en este caso, Hernández de Cos figura como el aspirante mejor posicionado para suceder a Christine Lagarde, gracias al consenso que ha logrado generar entre el Gobierno y la oposición, así como al reconocimiento de su perfil técnico y de su trayectoria en las instituciones monetarias internacionales. No obstante, la coincidencia de tres candidaturas españolas para ocupar puestos de máxima responsabilidad internacional abre un escenario complejo a la hora de recabar apoyos y cerrar acuerdos con otros países.
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