Victoria de Castro, ‘Bitori’, tiene 94 años. De Portugalete de toda la vida. En su barrio, en Repélega, todos le conocen… y le quieren. Lo demostraron ayer. Agolpados en torno a su casa, por cientos, y con la barrera de una veintena de agentes de la Ertzaintza como única contención a un linchamiento, lograron que la ley se arrinconara y la justicia vecinal reclamada a gritos se abriera paso. A Bitori desde el domingo le habían okupado la casa, su casa. Lo descubrió cuando regresó a por ropa.

Ahora residía temporalmente en casa de su hermana, como hace por temporadas a lo largo del año en la vecina Barakaldo. El frío empieza a asomar y la edad aconseja abrigarse. Su sorpresa fue mayúscula, al abrir la puerta encontró una familia en su interior que le amenazó y le advirtió de que no podría entrar, que su vivienda, la de toda la vida de Repélega, un antiguo adosado que había arreglado recientemente, tenía ‘nuevos propietarios’. Se marchó sin ropa y sin casa.

La noticia corrió como la pólvora: unos okupas toman la casa de una anciana de 94 años. Y la indignación lo hizo aún más rápido. Más aún al descubrir que la ley, al menos por ahora, se ponía de lado de quienes le habían arrebatado por la fuerza su propia casa. Aquello no era un allanamiento de morada sino una okupación y la expulsión no se podía acordar hasta la celebración de un juicio. Tampoco se les podría cortar la luz, ni el agua.

En su denuncia ante la Ertzaintza, Bitori aseguró que pasaba largas temporadas en casa de su hermana, de 97 años, en Barakaldo, como hacía ahora, y por tanto el delito debía ser tipificado como «ocupación» y no como «allanamiento». No cabía expulsión inmediata sino juicio. La vista no se celebraría hasta el 20 de noviembre, y eso gracias a las gestiones del ayuntamiento que acortó los plazos.

Venta de sus enseres

Entre los vecinos el malestar no dejó de crecer. Lo hizo mucho más cuando algunos de ellos descubrieron en el mercadillo del jueves algunos de los enseres de Bitori; el ajuar que con tanto cariño había bordado, algunas cazuelas o incluso su propia ropa. Los okupas, los nuevos inquilinos de su casa, lo habían puesto todo a la venta.

Los ‘okupas’ habían puesto a la venta enseres de la anciana en un mercadillo cercano»

Ayer por la tarde, una concentración vecinal llamó a secundar una protesta a las puertas de la casa de Bitori para forzar la salida de los okupas. Desde hacía horas los insultos y los gritos empezaron a aparecer ante el adosado del número 66 de la calle ‘El Progreso’ de Portugalete. Durante toda la tarde cientos de personas se fueron agolpando ante la vivienda Bitori y dos de sus hermanas asistían emocionadas. Sentadas entre la gente, los gritos de «¡fuera, fuera!», y los insultos fueron creciendo en intensidad y enfado. Para esa hora la Ertzaintza ya había desplegado un cordón policial para evitar la invasión de la vivienda. Una protección que enervó aún más los ánimos, «en lugar de protegernos a nosotros les protegen a ellos!», fue la denuncia más repetida.

Finalmente, ya de noche, los propios agentes intervinieron y procedieron a escoltar a la familia okupa que decidió abandonar la casa ante el cariz de la presión vecinal. Protegidos por los agentes de la Policía Autonómica Vasca, en varias furgonetas policiales y entre un pasillo de agentes antidisturbios, dejaron libre la casa. No era la primera que tomaban. la familia es conocida en la zona por haber entrado en al menos otras dos viviendas.

Recuperada la vivienda de Bitori, los cientos de personas se desplazaron hasta otros dos calles de municipio donde se encontraban otras dos casas ocupadas. Los ‘inquilinos’ de los pisos, en el barrio de Abatxolo y en Zubeldia, también optaron por dejarlos libres y debieron salir escoltados por la Ertzaointza.

La inquietud en el municipio vizcaíno se ha elevado en las últimas semanas y en especial estos días. Más de una docena de vecinos de la zona han instalado sistemas de alarma para evitar que entren en su casa, como le sucedió a Bitori. Ya de noche, los vecinos celebraron al grito de «¡Sí se puede, sí se puede!» que Bitori pudiera haber recuperado su vivienda.