«Exportamos marihuana e importamos crimen organizado». La frase es de un alto responsable de los Mossos d’Esquadra tras una macro operación cerrada en septiembre contra una mafia albanesa que operaba en Cataluña. Desde 2018 el mercado de la marihuana y las organizaciones criminales centradas en su producción y exportación son el principal reto de la policía catalana. Una producción de marihuana que no ha dejado de crecer, reconoce a El Independiente el inspector Antoni Salleras, Jefe de la Unidad Central de Crimen Organizado de los Mossos.

En 2020 se registraron 102 episodios violentos, fueron intervenidas 34 redes de tráfico de marihuana y se desmantelaron 393 plantaciones -25 más que el año anterior- según datos de los Mossos. Hubo tres homicidios violentos asociados a la marihuana, que se suman a los seis de los dos años anteriores. Fueron intervenidas 94 armas de fuego y hubo ocho narcoasaltos -«vuelcos» en jerga delincuencial- cada mes de media en Cataluña.

«El crimen organizado ha venido a Cataluña a instalarse para controlar la producción y el tráfico de marihuana» explica el inspector Salleras. «Se han instalado organizaciones criminales que no teníamos y que vienen a luchar por un espacio dentro de la producción y esto hace que aumente el número de organizaciones criminales y asociado a esto aumenta la violencia».

Mafias de todo el mundo

Tradicionalmente la producción en Cataluña se limitaba a plantaciones exteriores, de cultivadores autóctonos, que usaban semillas poco adulteradas genéticamente y abastecían a un círculo conocido. Pero ese negocio comenzó a dar demasiado dinero. Asumiendo un riesgo aceptable –las penas por el tráfico y venta de marihuana van de los 1 a 3 años– los traficantes obtienen beneficios enormes: la inversión inicial se multiplica por cinco.

Desde del 2014, grupos delincuenciales que se dedicaban a otras actividades –robos a domicilios o tráfico de otras substancias estupefacientes–comenzaron a simultanearlas con la marihuana. Después, pasaron a dedicarse exclusivamente a esta droga y, en muchos casos, contactaron con organizaciones extranjeras para colaborar en la exportación, que dispara el margen de beneficio.

Son las conclusiones del informe «El Mercado de la marihuana en Cataluña» elaborado por los Mossos y entregado el pasado verano a la Fiscalía. Salleras confirma la proliferación de mafias de internacionales. «Las procedencias de las nuevas organizaciones criminales van desde Albania, China, Pakistán o República Dominicana hasta Suecia, Inglaterra u Holanda».

El pasado 1 de septiembre tuvimos el último ejemplo. Agentes de la Policía Nacional y los Mossos d’Esquadra, en colaboración con Europol y las policías alemana y albanesa, detuvieron a más de 100 personas en la mayor operación contra el tráfico de marihuana durante 2021.

Se desarticuló una red criminal internacional dedicada al tráfico de drogas de origen albanés y se detuvo a 107 personas. En la operación se intervino una tonelada de marihuana procesada y unas 25.000 plantas de marihuana en los 51 registros llevados a cabo en las provincias de Tarragona, Barcelona, ​​Girona y Castellón.

Violencia y tráfico de armas

El debate ha llegado al Parlament, donde esta semana el ex consejero de Interior Ramon Espadaler, reclamaba al Govern Aragonés medios y atención a este problema. «Hay tres elementos de preocupación» advierte el diputado de PSC-Units: «el aumento de la violencia, el arraigo en Cataluña de redes mafiosas extranjeras y su extensión en Cataluña».

«Cuando encuentras un mercado incipiente todo el mundo quiere sacar partido de ese mercado» advierte el inspector Salleras. Esto se traduce también en un aumento de la violencia provocado por las guerras entre distintas organizaciones por el control del territorio. Y también por la multiplicación de «vuelcos» o «narcoasaltos».

Salleras asegura que no tienen datos de aumento del tráfico de armas, «pero sí de que ha aumentado la posesión de armas de las organizaciones que se dedican tanto a producir como a asaltar». En este contexto, lamenta que el salto de «país de tránsito» a «país productor» provoca también un aumento exponencial de la violencia.

«Hace años España decomisaba el 50% del hachís que se interceptaba en el mundo y el 50% de la cocaína que entraba en Europa. Se producía en otros países y entraba en tránsito por España» explica el inspector. Mientras eres un país de tránsito «la droga está circulando, había narcoasaltos pero la capacidad es limitada».

Una plantación está todo el año, añade, y las posibilidades de vuelcos se multiplican. «Y como plantaciones desgraciadamente no hay pocas, han aumentado los narcoasaltos«.

Implantación en todo el arco mediterráneo

Es un proceso que se está produciendo en todo el levante español, alertan los expertos. Cataluña se lleva la palma, seguida por Andalucía, pero la producción crece también en la Comunidad Valenciana, explica Espadaler. En 2018 se incautaron en Cataluña 12,3 toneladas de hachís, por 9,5 toneladas incautadas en Andalucía y 4,6 en la Comunidad Valenciana.

Un año después, los Mossos eliminaron 221.291 plantas, desmontaron 368 plantaciones, arrestaron a 2.729 personas y desarticularon 34 mafias. Cifras que ya eran superiores a las de anteriores y que se superaron en 2020, pese al parón de la pandemia, confirmando la tendencia al alza de este fenómeno. 

La explicación de este fenómeno se encuentra, según Salleras, en varios factores. Señala que la crisis económica pudo impulsar el proceso, pero destaca como factores claves la laxa regulación en España en contra del tráfico de marihuana, considerada una «droga blanda» y la falta de una «reprobación social contundente sobre el tráfico de marihuana». De hecho, España es el tercer país europeo con más prevalencia en el consumo entre adultos de 16 a 64 años, según el Informe Europeo sobre Drogas 2019.

Sin olvidar los «factores logísticos» que hacen de Cataluña un enclave perfecto para exportar a Europa. El resultado: Un tercio del centenar de mafias que los Mossos desarticularon en el 2019 se dedicaban a la marihuana.

Como destaca Espadaler, «no hay comarca en Cataluña en la que no se hayan producido intervenciones de marihuana». El ex consejero de Interior explica las diversas caras de la implantación, desde los pisos okupados en los barrios más vulnerables del entorno metropolitano de Barcelona a chalés en barrios residenciales de la segunda corona, la ocupación de granjas abandonadas en zonas agrícolas e incluso grandes plantaciones ocultas en parques naturales.

El negocio

Según Espadaler, Cataluña se ha convertido en uno de los principales centros de producción de Europa, a nivel de Italia o Turquía. Salleras lo explica en términos económicos: «Aquí el quilo de marihuana ronda los 2.000 euros en función de la calidad, en Alemania eso vale entre 5.000 y 6.000 euros y en Suecia puede estar en 10.000 euros. Cuanto más lejos y más países tienes que atravesar más se paga,porque el precio de la droga va asociado al riesgo que supone traficar con ella».

Un enorme negocio del que el inspector se niega a dar cifras globales, pero que explica el crecimiento exponencial de las plantaciones. Las instaladas en pisos y chalés suelen tener entre 400 y 1.000 plantas; en una nave industrial pasamos a 3.000 o 4.000 plantas; y una plantación outdoor se sitúan entre las 5.000-8.000 plantas, aunque se han llegado a descubrir de 20.000 plantas.

Además, las producciones indoor «se han tecnificado», estudiando abonos, número de lámparas por planta y condiciones de humedad para producir cuatro cosechas al año.

Corrupción institucional

Todos los consultados destacan además el riesgo de que el mercado de la marihuana en Cataluña dé el salto a un estadio superior, el de la corrupción de institucional. La producción de marihuana «es un fenómeno en crecimiento y solo hay que pensar en el nivel de seguridad y corrupción en países productores como México, Colombia o Marruecos» advierte el inspector Salleras.

«Cuando organizaciones muy potentes vienen a instalarse para sacar tajada de un pastel que da mucho dinero, lo que quieren es que esto siga funcionando». De hecho, el anterior jefe de los Mossos, Eduard Sallent, advertía el pasado verano en la presentación del informe sobre el mercado de la marihuana que este sector delincuencial «se ha convertido en la mayor amenaza para la estabilidad de Cataluña». 

El análisis entregado a la Fiscalía divide el proceso de asentamiento de las organizaciones criminales extranjeras en dos fases distintas. La primera es la «predatoria» y detalla como estos grupos se han hecho un hueco en el mercado criminal. La segunda fase es la «parasitaria» en la que las organizaciones criminales tratarán de infiltrarse en los mecanismos de poder, es decir, de corromper instituciones como las políticas o las policiales para proteger y expandir sus negocios.

Salleras asegura que no se ha llegado a ese punto, pero reconoce que es «el siguiente estado». Las mafias ya no se «conforman con colaboradores que viven de mi negocio y están en el sector legal -transportistas, electricistas o APIs-» explica el inspector. «Van a nivel institucional para perpetuar el negocio porque llegan a poder infiltrarse en las instituciones del Estado. Es un escenario que no queremos, por eso estamos luchando».

Tratamiento penal

En este contexto, Espadaler reclama también una revisión del Código Penal para reforzar la lucha contra estas organizaciones, que han completado el círculo para controlar la producción, tráfico y venta de la marihuana.

«Como la penalidad con marihuana es la que es, si no encuentras una notoria cantidad son entre 1 y 3 años de prisión, con estas condenas y sin antecedentes no entras en prisión» explica Salleras. De hecho el 41% de las personas arrestadas en investigaciones vinculadas al cannabis no tiene antecedentes, lo cual significa que la capacidad de reclutamiento y, en consecuencia, de regeneración de estas estructuras es muy elevada.

«Dentro del mundo delincuencial esto se sabe. Si no hay 10 kg de marihuana ni organización criminal incluso con condena no entraría en prisión» argumenta Salleras para explicar las dificultades añadidas de perseguir esta delincuencia en España.