Es siempre un placer conversar con políticos que, por encima de otras consideraciones, hagan de la gestión y del servicio al ciudadano su diario santo y seña. Es el caso de Rosalía Gonzalo, consejera delegada de Calle30, la sociedad de inversión de capital público-privado que integran Iridium y Ferrovial. Con una dilatada experiencia política como consejera de Transportes, Infraestructura y Vivienda en la CAM, como diputada regional de la Asamblea de Madrid y como secretaria de Sostenibilidad del PP de Madrid, cuenta además con una preparación intelectual brillante. Socióloga y con varios ‘másters’ en Dirección de Recursos Humanos y en Marketing, dicen quienes la conocen bien que es exigente y detallista a partes iguales.

Amiga de sus amigos y pura sangre de la política que cree, tal como explica en nuestra entrevista, en la gestión y en el servicio al ciudadano por encima de todo. Así lo demuestra, día a día, consiguiendo que la principal arteria que facilita la vida de los ciudadanos, la imprescindible M-30, funcione como un reloj.

Pregunta.- Llevan ustedes unos días entre urgencias e inundaciones en los que casi no dan abasto. Están evidenciando una capacidad de respuesta, logística y organizativa ejemplar.

Respuesta.- La resolución de incidencias es un punto fuerte en las infraestructuras, sobre todo en las viarias como la M-30. Lo más importante en ellas es ofrecer el servicio y que el ciudadano tenga interiorizado que cualquier incidencia o posibilidad de no dar, puntualmente, ese servicio, se resuelva. Desde que Gallardón hizo esta gran infraestructura los madrileños tenemos interiorizado que la M-30 forma parte de esta gran ciudad, y sobre todo de nuestra vida cotidiana. Una vía que nos permite llegar a destino, de norte a sur y de este a oeste dentro de una fluidez razonable.

P.- Desde el punto de vista de la viabilidad, ¿cómo ves en el próximo futuro el desarrollo de Madrid desde el punto de vista de las infraestructuras?

R.- Hay dos puntos que todos aquellos que nos dedicamos a la gestión pública de este tipo de infraestructuras debemos de tener en consideración y que van muy en la línea con la marca ciudad, con la marca región y con la marca país. Está claro que tiene que haber proyectos, no sólo de una legislatura sino, como mínimo, de dos o hasta de tres. Eso es importante para la marca Madrid y para la marca España. Siempre pongo como ejemplo las críticas que afrontó Gallardón por este proyecto y al final se abordó y se puso en marcha en cuatro años. Es una infraestructura que es exportable a todos los túneles del ámbito europeo. De hecho, no hay otra infraestructura equiparable. ¿Qué quiero decir? Que es importante tener claro el objetivo, hacer infraestructuras que den servicio pero que a la vez tengan muy clara su sostenibilidad medioambiental. Debe estar muy clara la convergencia de estas grandes infraestructuras con la sostenibilidad medioambiental como horizonte.

P.- En política las relaciones entre las distintas instituciones municipales, autonómicas o centrales no siempre son fáciles, sobre todo si están ocupadas por partidos diferentes. ¿Cómo es tu experiencia en este terreno, básicamente con el Gobierno central, sobre todo con el reciente precedente de ‘Filomena’?

Sánchez siempre ha tenido la poca valentía de la corresponsabilidad. Ellos han considerado que Madrid era un verso suelto y nos han abandonado»

R.- Creo que el Gobierno de Sánchez siempre ha tenido la poca valentía de la corresponsabilidad. Ellos han considerado que Madrid era un verso suelto y nos han abandonado. Nos han dejado que gestionemos a nuestra suerte una ciudad tan importante como es Madrid, con honrosas excepciones como es la U.M.E. Desgraciadamente para España no se cuenta con Madrid a la hora de gestionar las crisis. No existe en este caso la relación institucional. Sólo, insisto, con el Ministerio de Defensa. Madrid, para Pedro Sánchez, no cuenta. En Madrid Sánchez ni está ni se le espera. Por eso ha tenido el resultado electoral que ha tenido en Madrid.

En la gestión pública y en la responsabilidad política no hay que abandonar nunca la misión que ha sido encomendada al representante, cual es la de dar servicio. Tiene que haber una colaboración en la que todos estemos unidos. No todo el mundo lo ha entendido así. Recuerdo cuando Ábalos era ministro de Fomento y reclamaba el Plan de Cercanías, que yo negocié siendo Rajoy presidente e Íñigo de la Serna ministro, dejó en un cajón. La actual ministra tampoco lo ha traído a la agenda política. Madrid va a la petición de colaboración institucional de proyectos que deben desarrollarse en ocho o doce años pero la otra parte, el Ministerio y el Gobierno de Sánchez no quieren asumir esa obligación con el ciudadano y esa responsabilidad institucional. Hoy he visto que se ha constituido la mesa de trabajo con el Plan de Campamento y en este caso el Gobierno de España sí que está en la agenda política. Queda mucho por hacer en materia de infraestructuras.

P.- ¿Cómo ves la marca ciudad de Madrid? ¿Qué se puede hacer para que valga aún más?

R.- Cualquiera que viaje, que lea y que escuche los medios internacionales, sabe que Madrid está de moda y es un referente. Madrid está posicionada en un lugar preferente en el mundo frente, por ejemplo, a Barcelona, desgraciadamente para aquellos que viven allí. Hace años, la marca Madrid respecto a Sevilla, Bilbao o Barcelona, estaba compitiendo… yo creo que esta competencia es leal y en la que, cuantos más seamos como ciudad, en ámbitos europeos, será mejor de cara al desarrollo. Esto es fruto del trabajo y de los proyectos que se han impulsado. La pandemia nos ha costado a todos mucho y Madrid no ha sido una excepción, pero con el tema de la gastronomía, la restauración y ligado al turismo de calidad, Madrid está encontrando su hueco. Las infraestructuras, que hacen que sea sencillo llegar a Madrid y que esta sea una ciudad amable para el turista que nos visita, son nucleares.

P.– Los que nos dedicamos al liderazgo, a las organizaciones y a los recursos humanos siempre tendemos a comparar las empresas públicas con las privadas. ¿Hay una mejora en la profesionalidad de las empresas y organizaciones públicas respecto a las privadas o hay aún una diferencia enorme entre los dos ámbitos?

R.– No se puede generalizar. Hay grandes gestores públicos, en lo que mejor conozco que es Madrid, que vienen utilizando herramientas del propio ámbito privado. Hay una diferencia abismal, eso sí, porque en las empresas privadas, en los Comités de Dirección o en los Consejos de Administración, hay una capacidad importante y hay un escenario amplio en la toma de decisiones en la planificación estratégica de las propias compañías, y esto es lo que tiene que ir a las empresas públicas, porque así estaremos llegando a visibilizar que, tanto lo público como lo privado, utilizan las herramientas adecuadas en cuanto a la gestión de los recursos humanos y en la sostenibilidad financiera de la propia compañía, pero también en la planificación estratégica. Por tanto, hay referentes y perfiles profesionales en el ámbito de lo público que dan la seguridad de que estamos en buenas manos, pero también creo que hay un espacio de mejora en la utilización de esas herramientas de planificación estratégica.

P.- Hablemos de política nacional. ¿Cómo ha vivido estos últimos meses de cambios y de crisis en su partido, en el PP, ahora que las encuestas parecen sonreírles de nuevo?

Feijóo llegó, no sólo con la garantía de que la organización estaba en buenas manos, sino con la estabilidad que precisa un partido de gobierno»

R.- Con preocupación real en la primera etapa porque los que pertenecemos a esta organización desde hace ya muchos años, yo me afilié con veinticuatro años, hace casi treinta, y el PP es mi casa y es mi familia política. Mi preocupación máxima era que el partido, como organización, saliera fortalecido de una crisis como no había precedentes en nuestra organización. El partido es lo más importante y quienes están en las estructuras también son importantes pero secundarios si la organización tiene la fortaleza y la oportunidad de salir fortalecida de una crisis tan importante. Afortunadamente tuvimos la posibilidad de contar con aquellos que tenían ese sentimiento en la marca y en la organización y el bagaje de la experiencia y de la gestión, no sólo en lo público, sino en el partido. Feijóo llegó, no solamente con la garantía de que la organización estaba en buenas manos, sino con la estabilidad que precisa un partido de gobierno. Por tanto, preocupación en primera instancia, pero después con la tranquilidad de la superación de una crisis con nota alta que es lo que precisa un partido que va a gobernar este país.

P.- Hablemos de liderazgo femenino. Usted está en un mundo muy masculino y machista que es el de la infraestructura. ¿Cómo cree que está en España el liderazgo femenino? ¿Hay una igualdad real ya o queda mucho trabajo aún?

R.– Desgraciadamente se habla de este concepto en los últimos ocho o diez años. Y soy generosa en el espacio temporal. Con esto estoy ya contestando. Queda mucho por hacer y en ciertos sectores me siento obligada a remarcar que el espacio de mejora es amplísimo. No es discriminatorio, es que creo que tenemos que poner en valor para las generaciones futuras que un sector como el de las infraestructuras en este país precisa mujeres en puestos tanto de alta dirección como en puestos en los que tienen muy poca presencia. Esto es algo que las que tenemos presencia debemos, sino denunciarlo, sí comunicarlo. A las que se nos ve ya estamos, pero tenemos la obligación de pensar en las futuras. Mi hija está en segundo de industriales y yo se lo digo mucho: ‘Tienes la posibilidad real de hacer algo por este país. Fórmate y elige bien el sector en el que vas a trabajar’.

P.- Tiene usted 53 años, por lo tanto, es jovencísima, ¿cómo mira al futuro desde el punto de vista profesional, siempre complicado?

R.– Donde sea útil. 

P.- ¿Qué es la utilidad política? ¿Ser útil para quién?

R.– Creo que tengo que ser útil para mi organización, para los proyectos que considere imprescindibles y para dar respuesta a los proyectos de la ciudadanía. Seré útil en la medida en la que mi trayectoria, o mi capacidad, o mi visión estratégica en materia de infraestructuras o de vivienda se considere que hay proyectos que tienen que estar en la agenda política y se tienen que ejecutar. Esa será la utilidad para mi organización, para los programas electorales que se aprueben y para la ejecución de los mismos.

P.- Deme la foto del liderazgo de algunos nombres: Pedro Sánchez y Feijóo, para empezar.

R.- Sánchez sabe que su liderazgo tiene los días contados. Eso para él es el mayor hándicap porque ha demostrado que esa fortaleza era su seña de identidad. Salió de Ferraz por la puerta de atrás y llegó de nuevo más tarde a ser secretario general y presidente del Gobierno…

P.- Demostrando una fortaleza y una resiliencia brutales…

R.- Esa fortaleza la ha tenido siempre. Pero visualizando su nerviosismo en su última intervención en el Senado puede verse el deterioro en el liderazgo del personaje. En cuanto a Feijóo, está en el momento oportuno y en el lugar adecuado, y eso en política como en la vida conduce a que el liderazgo que ha gestionado durante tantísimos años en Galicia ha encontrado el momento y el lugar donde su liderazgo no sólo se va a mantener, sino que irá creciendo.

Sánchez sabe que su liderazgo tiene los días contados. Eso para él es el mayor hándicap porque ha demostrado que esa fortaleza era su seña de identidad»

P.- ¿Estamos volviendo al bipartidismo?

R.- Sí. Yo he sido muy defensora del bipartidismo y ahora tenemos esa situación en la que el bipartidismo va a ser la forma de gestionar la cultura política de este país para conducirnos en la gran crisis en la que estamos inmersos, más desde las últimas acciones de Putin. Creo que, eso sí, tendremos las siglas de la España vaciada y el ciudadano está generando el interés de otro tipo de siglas, y veremos en las elecciones generales partidos que representan provincias concretas.

P.- ¿Por qué han fracasado los partidos que se suponía que iban a renovar la política? Han fracasado o no han salido consolidarse como se esperaba…

R.- No han sabido consolidarse, y han tenido dificultades que no han sabido gestionar. Nosotros, el PP, teníamos un electorado de centro derecha y parte de nuestros votantes se fueron a otras siglas, con lo cual dificultades las hemos tenido todos, pero hemos tenido la sapiencia y la sabiduría de, poco a poco, entender lo que el electorado demandaba, una toma de decisiones claras, concretas y contundentes. Los nuevos partidos nacieron ‘como contestación a’, pero se alejaron a la hora de tomar sus propias decisiones a la luz de lo que le solicitaban sus votantes. El propio ejemplo, yo lo conozco más, fue Ciudadanos. Ciudadanos en Madrid llegó a sumar 27 diputados frente a 30 del PP, pero tras la moción de Murcia y otras que quisieron plantear, han desaparecido del mapa político. Nacieron como contestación, en Madrid por ejemplo frente a la corrupción, pero después no supieron permanecer en las instituciones gestionando proyectos que es lo que quiere el ciudadano, que le resuelvan sus problemas.