A finales de enero de 2025, cumplido el primer aniversario de la ruptura con Podemos, la vicepresidenta segunda del Gobierno y líder de facto de Sumar, Yolanda Díaz, tendió la mano a los de Ione Belarra para buscar una candidatura de unidad. Los morados, ante ello, ignoraron a la dirigente. Consultado por ello, en el partido reafirmaban su rumbo autónomo: sin contribuir a las políticas de un Gobierno que sentían alejado en materia militar, de vivienda o en política internacional, entre otros asuntos. Como si de un 'efecto' de principios de año fuese, Díaz volvió a incidir en esa coalición para las generales este jueves, en el momento en el que Podemos se ve "más alejado" del Ejecutivo que nunca, según fuentes del partido, por cuestiones como Ucrania o por medidas anunciadas como las bonificaciones en el IRPF a los caseros que mantengan precios en alquileres.

La única diferencia es que Díaz no nombró en esta ocasión a Podemos. No obstante, los morados estuvieron en el fondo de sus palabras. Se posicionó favorable a la unidad de todos los actores progresistas y pidió que cesasen las "peleas por chorradas", y aseguró que "el problema no está aquí -en Sumar, Podemos lo percibe como obstáculo en la izquierda-, hay otros actores políticos que juegan y hay que preguntarles qué quieren hacer", trasladó. Esto en un momento de incompatibilidad en las regiones de cara al ciclo electoral que hay por delante este 2026.

En Aragón no se llegó a un acuerdo a finales de diciembre para cimentar una coalición y habrá tres candidaturas de izquierda, incluida la de Chunta Aragonesista, al margen del PSOE. En Castilla y León, más de lo mismo. En Andalucía hay margen, pero Sumar enmarcado en Por Andalucía y Podemos Andalucía miran cada uno por separado.

Díaz lanza de nuevo una oferta de unidad, todo en medio de un proceso de reconfiguración y refundación de la izquierda de Sumar en marcha desde diciembre, que se ya se contemplaba semanas atrás por la posibilidad de que la legislatura se rompa en cualquier momento por la inestabilidad. La pilotan Movimiento Sumar -se quiere cambiar el nombre de la nueva alianza para evitar confusiones-, IU -es la más implicada en el proceso-, Catalunya en Comú y Más Madrid. Está por ver qué pasará con Chunta, Més per Mallorca y Compromís de cara a las próximas generales. Aunque durante estos dos años, la tendencia ha sido de distanciamiento.

Chunta ahora muestra diferencias en materia de financiación autonómica. Perderá su escaño al concurrir Jorge Pueyo a las autonómicas y correr la lista del Congreso. Més aún no se ha pronunciado sobre su continuidad dentro de Sumar tras abrir esa posibilidad hace meses. Y Compromís se encuentra dividido sobre la conveniencia de seguir a su lado.

Fisura irreparable con Podemos

En el caso de Podemos, la diferencia es que los de Belarra son incompatibles con Díaz y con el resto de los partidos de izquierda que quieren seguir aliados a su formación independientemente de si ella pilota o no el proyecto de 2027. Todo pese a coincidir de base con los cinco puntos prioritarios que la vicepresidenta segunda y titular de Trabajo cree que debe tener un proyecto ambicioso de izquierdas de cara al nuevo mandato: vivienda, desigualdad, pobreza infantil, ingresos públicos y una fiscalidad "correcta" que tenga repercusión positiva en sanidad y educación pública.

Una de las claves en las que viene incidiendo Belarra y los suyos durante todo el año pasado es el rechazo al incremento del gasto en defensa y reforzamiento de estructuras como la OTAN. De hecho, este mismo jueves, en la comparecencia del ministro de Exteriores sobre Venezuela en el Congreso, Belarra reiteró que la actitud de Donald Trump sobre cuestiones como Groenlandia independientemente de su soberanía, acredita que la alianza atlántica "está rota". Uno de sus mantras, acentuado tras la asamblea de Podemos en abril del año pasado en la que Belarra renovó liderazgo es que la inversión en defensa por parte de un "Gobierno de la guerra" repercutirá en la sostenibilidad del Estado de bienestar. Creen que ese camino es contradictorio con la promoción de unas cuestiones sociales que pone ahora sobre la mesa Díaz nuevamente. "Si se gasta en armas, no habrá para educación o sanidad", vienen reiterando los morados.

Podemos se distingue de Sumar afirmando que habría roto con el PSOE mucho antes de llegar a esta altura de la legisltura

Sumar, en conjunto y a través de sus miembros individualmente, se ha mostrado crítica con la inversión en defensa si no es para aumentar la seguridad o la ciberseguridad, por ejemplo. Igualmente, con la permanencia en la OTAN, aunque pivotando entre la posición de salida que tiene IU y la de crítica en exclusiva que tienen otras entidades miembro. Pero eso no ha supuesto una ruptura con el PSOE, si la negativa patente en Consejo de Ministros a la retirada del aumento de gasto. La posibilidad de envío de tropas por seguridad a Groenlandia generará más tensión, pero no se contempla salidas. Se quiere mantener el Gobierno unido los dos años que quedan de mandato por delante.

El distanciamiento de Sumar con Pedro Sánchez es total en materia de vivienda, pero una parte de Sumar, caso de los comunes, se muestran favorables a negociar sobre la medida propuesta recientemente por el PSOE mientras la otra, mayoritaria, lo ve como una línea roja que no debe cruzarse. Además, Ucrania y el envío de tropas de paz genera discordia. Según trasladan fuentes de Sumar, lo rechazan, pero si la ONU da su aval estarían dispuestos a apoyarlo. De momento el PSOE busca el respaldo mayoritario a través del PP. Frente a esas ambigüedades o matices, Podemos ha querido ir articulándose como una opción dura de oposición y avanzar hacia una postura anti PSOE.

Rechazo a ir de la mano del PSOE

Que Sumar siga dando apoyo al PSOE pese a las incompatibilidades, los desplantes, la falta de contundencia con Israel e incluso después de ignorarles cuando se pedía una reformulación de la parte socialista del Gobierno a raíz de la corrupción o de los casos de acoso dentro del partido, es otro punto desfavorable para alinearse con Díaz y con el resto de socios. Podemos aprovechó los asuntos para marcar distinción.

Pero independientemente de esto, el proyecto en el que trabaja la izquierda, de cohesión, tiene como objetivo último además de unificar y evitar la penalización electoral, la reedición del gobierno de coalición progresista, una alianza con el PSOE que no interesa a priori a Belarra e Irene Montero. Fuentes integrantes de la confluencia estatal de Sumar vienen descartando que puede haber una rectificación de Podemos, saben que están enfocados en que la izquierda vuelva a vertebrarse en ellos, volver a un estadio previo a 2023.

El objetivo a corto plazo de Podemos es posicionarse como un ente que capte el descontento progresista, una vuelta a los orígenes de Podemos a que la demoscopia no da fuelle por ahora. A diferencia de Extremadura, donde no participó Sumar y Podemos fue con IU en coalición -saltándose a su vez esa norma de no ir con partidos "de guerra" y evidenciando que el problema es Sumar-, la competencia en el resto de regiones mostrará qué peso tiene cada corriente.

Precisamente al calor de las encuestas, y a una pérdida de "esperanza", se remitió Díaz para llamar a esa unidad. Ninguna de las dos opciones se muestran fuertes en los sondeos, y el PSOE empieza a deteriorarse con los resultados más bajos en meses, casi rozando el suelo de los 100 escaños. En esa distinción también entra el componente ideológico: Podemos se muestra muy doctrinal mientras que el resto de fuerzas, aunque lo son, se posicionan como fuerzas más pragmáticas a la hora de negociar. Los magentas se muestran más transversales y eluden un conflicto muy potente.

Confrontación por el liderazgo

A lo largo de estos dos años de ruptura, Podemos ha ido rellenando de contenido la disputa con los de Díaz. Pero si hay algo que los hace más antagonistas aún es un sentimiento de traición respecto a la vicepresidenta segunda, que fue promocionada por Pablo Iglesias como sucesora en la etapa anterior, la de Unidad Podemos. En su salto a ser candidata al Gobierno, priorizó el pragmatismo a lo que representaba Podemos y optó por vetos al continuismo que representaba Iglesias en Montero. Eso se saldó con el rechazo de Iglesias, los suyos y su aparato mediático; con la llamada a ignorar cualquier nueva propuesta de Díaz en el futuro, como es el caso.

Voces dentro de Sumar creen que Díaz debe dar un paso al lado. La confluencia aqueja la falta de liderazgos nuevos

Miembros de Sumar han criticado la construcción de esta alianza desde el principio, desde un hiperliderazgo y no una base programática. Por eso, de cara a la renovación, priorizarán asentar un proyecto y rematarlo con unas primaras que elegirán consensuadamente -falta por definir la fórmula- la candidatura a la presidencia del Gobierno y ese representante de unidad. Dentro de la confluencia hay quien cree que Díaz debería dar un paso al lado y no presentarse, algo con lo que se confía en poder hacer cambiar de opinión al partido. Pero Díaz no ha dado pistas sobre sus intenciones políticas, y algunos contemplan que quiere volver a ser representante. Y no hay ningún perfil en la izquierda a día de hoy con peso para poder disputarlo. Se ha llegado a hablar de Pablo Bustinduy, que se quitaba del medio al cierre de 2025.

Podemos no quiere quedar diluido en una unidad de izquierdas en la que no tiene capacidad de marcar el rumbo. Y no está dispuesto a nada que no sea que Montero, ahora eurodiputada -consiguió más de medio millón de votos en 2024- sea la candidata al Gobierno. Con unas primarias donde Díaz concurra, eso no está garantizado en un censo amplio de todas las formaciones.

En vista a los primeros sondeos del año, la suma de ambas formaciones situaría a la izquierda alternativa en los 9-10,5% de los votos frente al 12,4% cosechados en las generales de 2023. Y supondría que los 10 y 4 escaños respectivamente se implementaran a expensas de un votante de izquierdas desmovilizado.