Los próximos dos años en España estarán marcados por diferentes comicios autonómicos -Aragón, Castilla y León y Andalucía este 2026 y en 2027 en aquellos enclaves que renueven mandato-, municipales y por último generales. Competiciones electorales que, en muchos casos, pueden definirse por ligeros cambios en la intención de voto entre los diferentes nichos de votantes, cambios sociales e incluso demográficos. Ello con mayorías cada vez más ajustadas que definen si gobierna uno u otro bloque ideológico.

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En los últimos años, España ha asistido a varias oleadas de nacionalizaciones muy intensas, especialmente con personas originarias de Latinoamérica y Marruecos. En 2024 se superó el record, con 252.476 personas nacionalizadas: es un 5,1% más que el año anterior, y un 22,6% comparado con 2014. La nacionalización es un proceso largo, cabe destacar, que requiere -salvo excepciones como ser refugiado o estar casado con un ciudadano español- de al menos diez años de residencia legal en el país a nivel general -dos para ciudadanos iberoamericanos o ligados de alguna manera a España, como Filipinas, Guinea Ecuatorial, los sefardíes, Andorra o Portugal- y depende de la saturación de la administración, de trámites poco claros, exámenes y ausencia de sanciones en el historial. Hay mayor facilidad para residentes latinos, pero el contador de esos plazos no empieza a funcionar hasta que no se regulariza la situación en España previamente.

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De los casi 9,6 millones de extranjeros en nuestro país, solo 2,6 millones están nacionalizados y pueden ejercer ese derecho

Los principales núcleos de recepción de esos inmigrantes son las grandes comunidades autónomas: Madrid, Cataluña, la Comunidad Valenciana o Andalucía. Aunque Baleares es la que en proporción gana. Eso hace crucial el papel del voto migrante nacionalizado especialmente en unas generales. Pero hay que diferenciar entre la presencia de inmigrantes legales con aquellos que cuentan con nacionalidad, que es solo un tercio. De los casi 9,6 millones de extranjeros en nuestro país, solo 2,6 millones están nacionalizados y pueden ejercer ese derecho según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Una cifra determinante en unos comicios nacionales.

Para hacernos una idea, es algo menos de medio millón de los resultados de Vox o Sumar en la última cita electoral de 2023. Un millón más de los votos que logró Isabel Díaz Ayuso en las últimas madrileñas. Y esa cifra, puede ser crucial en unas generales si hay movilización, algo que no siempre va en paralelo con la adquisición de la nacionalidad. Son casi el 7% del censo electoral total, en definitiva.

Municipales, autonómicas y generales

Estos 2,6 millones de personas pueden participar a tres niveles: generales, autonómicas y municipales. Pero hay que diferenciar con los 414.000 personas que, sin contar con la nacionalidad pueden ejercer el voto solo en las municipales en aquellas localidades en las que estén censados y previa solicitud. Con excepciones: solo para residentes comunitarios procedentes de otros enclaves de la UE -como Rumanía, con una amplia cantidad de ciudadanos procedentes de allí que residen en España-, o ciudadanos de países que tengan acuerdos de reciprocidad con nuestro país. Es el caso de Colombia, Perú, Ecuador, Paraguay Bolivia o Chile. También Noruega, Islandia o Corea del Sur.

Estos tratados permiten votar a los residentes originarios de esos países si a los españoles asentados allí se les permite lo mismo en las elecciones locales. Está recogido en el artículo 13.2 de la Constitución y compete a los países las negociaciones bilaterales para definir los requisitos, y de los parlamentos ratificarlo. Esa condición electoral, en todo caso, debe solicitarse. Hay muchos ciudadanos que podrían votar a ese nivel que no pueden por no haber formalizado el asunto.

2024 se superó el record, con 252.476 personas nacionalizadas: es un 5,1% más que el año anterior, y un 22,6% comparado con 2014

Aunque a priori 414.000 puede percibirse como dispersos a lo largo del territorio nacional, la inmigración tiende a anclarse en las grandes ciudades por las oportunidades laborales. Eso hace que el peso electoral en municipales para decidir Ayuntamientos se concentre en lugares como Madrid, especialmente el cinturón sur; Barcelona y su área metropolitana o Valencia, entre otras. En Tenerife, Las Palmas, en Ceuta y Melilla. Igualmente, en las zonas costeras del mediterráneo donde los nacionalizados han sido determinantes para algunas alcaldías; en otros enclaves turísticos como Baleares y en Canarias, y en lugares industriales y agrícolas como Huelva, Murcia o Almería. También en Lleida o Girona. En cuanto a nacionalidad, algo más del 60% son europeos, destacando más de 113.000 votantes rumanos de esos 414.000 totales.

Procedencia de esos votantes nacionalizados

En el caso de los nacionalizados españoles, que sí pueden participar en todas las votaciones, la cosa cambia. El predominio es latinoamericano, según el INE, aunque separado por nacionalidades, los marroquíes (17%) son los extranjeros nacionalizados con más peso. Le siguen venezolanos (14%). Luego colombianos (11%), hondureños (6%), ecuatorianos y peruanos (4%); un 3% respectivamente son argentinos, dominicanos, bolivianos y cubanos. Y el 26% restante son americanos, africanos o asiáticos. De esos 2,6 millones, solo 1,9 son de América Latina.

¿A qué partidos favorecen estos votantes?

Recientemente, la intervención de EEUU en Venezuela a abierto un debate en algunos sectores en España, especialmente ante las peticiones desde algunos colectivos de venezolanos afincados en el país que bromeaban con que la siguiente intervención de Donald Trump debería de ser en España. Todo pese a que el Gobierno español es uno de los que más facilidades han puesto a los exiliados del régimen: por acortamiento de plazos, obtención de visados o de residencia legal, o por protección humanitaria ligada a programas europeos. Y surge la pregunta: ¿los votantes nacionalizados benefician a la derecha o a la izquierda?

Se pueden aludir a dos informes recientes, de este verano. Por un lado, el artículo de Funcas, El comportamiento político de la población inmigrante en España: una comparación entre la primera y segunda generación, de Santiago Pérez-Nievas y Carles Pamies. Por otro lado, un informe de la demoscópica Opina 360, propiedad del consultor Iván Redondo: A quién votan los españoles nacionalizados. Este último señala que de los nacionalizados con derecho a voto, lo hacen menos que los españoles de origen. Hay una brecha de 20 puntos (85% de nativos que votan, frente a un 66% de extranjeros con esa potestad que lo hacen).

Ambos artículos indican que hay una tendencia algo más marcada del votante nacionalizado a apoyar a partidos progresistas por el favorecimiento a la inmigración y el combate de la discriminación. Un rasgo más de distinción entre los votantes autóctonos y los nacionalizados. Pero también entre los inmigrantes de primera generación y sus descendientes, que tienden a un comportamiento electoral homogéneo con el resto de la sociedad española. No hay una distinción marcada izquierda-derecha en esa segunda generación. De hecho, predomina por muy poco el voto a la derecha: 48-52%.

En alusión de Opina 360 a datos del CIS y de recuerdo de voto, hay una desviación en positivo de 5,7 puntos de apoyo a la izquierda entre los nativos españoles y los nacionalizados; y negativo de dos puntos en el caso del apoyo a la derecha. El PSOE es el partido favorito en un 30,5%, seguido del PP en un 18,7%. Vox atrae al 8,2% de nacionalizados. Sumar gusta al 3,3% y Podemos a un 1,9%. Se prioriza un voto moderado, en definitiva. Y entre el periodo de septiembre de 2024 a junio de 2025, se observa un reforzamiento de los socialistas frente a un ligero retroceso del resto de fuerzas. De un 22,4 a ese 30,5% en el caso del PP.

Tanto Funcas como Opinión 360 aluden a la diferenciación ideológica según procedencia. Los marroquíes de primera generación tienen un sesgo claro a la izquierda. Los asiáticos suelen presentar tendencias más conservadoras. Y hay distinción entre europeos. Los occidentales se posicionan como más progresistas, los orientales, por la experiencia comunista del pasado, lo hacen en sentido contrario. El voto rumano, por ejemplo, tiende al centroderecha.

Opinión 360 cita que un 44,9% de los marroquíes nacionalizados apoyan a la izquierda. Lo hacen un 19,1% de los argentinos. El 4,4% de ecuatorianos y el 3,4% de los colombianos. El PSOE es la opción preferida. En contraste, el PP arrasa entre los venezolanos, especialmente en Madrid y Valencia, sus principales enclaves de residencia. También en Galicia. No lo hace tanto Vox, con un perfil antiinmigración muy marcado. En Funcas se justifica ese fenómeno: el votante venezolano relaciona la izquierda con cuestiones negativas, a autoritarismo y a crisis económica, tanto por la experiencia en Venezuela o realidades como en Cuba.

Hay otro aspecto a tener en cuenta, y es que la fe profesada no interfiere en el voto a tendencias progresistas. Tanto musulmanes como latinos cristianos tienden más a opciones progresistas por esas facilidades respecto a la derecha. La excepción es la de cristianos evangélicos, que tienden más a posiciones conservadoras.