Definir a Aragón como nuestro Ohio particular cuando ni siquiera Ohio ya refleja con certeza que quien gana en el estado lo hace también en las presidenciales de Estados Unidos, resulta, al menos, curioso. El concepto lo acuñaron en 2015 varios politólogos y sociólogos como Lluís Orriols, Sandra León, Víctor Lapuente, José Fernández Albertos o el turolense Ignacio Urquizu, entre otros, en el ensayo Aragón es nuestro Ohio: así votan los españoles (El hombre del Tres). Por entonces, el bipartidismo estaba en crisis, se abría paso la 'nueva política' y la comunidad autónoma era el termómetro electoral que más similitudes ofrecía en sus procesos a unas generales posteriores.

Sea Ohio o no, lo cierto es que Aragón, dentro de su complejidad y con matices, sigue siendo tras unas elecciones autonómicas un espejo fiable de las tendencias que después se dan en unos comicios estatales. Al menos viene siendo así desde principios de siglo. Hay que tener en cuenta que mientras que los partidos de rango estatal están representados en el territorio, hay otras formaciones como Chunta Aragonesista, el Partido Aragonés (PAR) y Teruel Existe que o bien concurren y no tienen la misma fuerza porque sus votantes priorizan un voto nacional y no regional, o se difuminan dentro de candidaturas amplias como Chunta, por ejemplo, con Sumar. El votante del PAR tiende al PP y Teruel Existe perdió votantes a PSOE y PP, especialmente.

Es con esos partidos estatales donde hay más similitudes. A falta de conocer los resultados del 8-F y, posteriormente los nacionales, que apuntan según el Gobierno a mediados-finales de 2027, Aragón de momento es un reflejo de la realidad sociológica de España. Estas semanas las encuestas aragonesas reflejan a un PP consolidado como los sondeos estatales. Igualmente muestran a un PSOE a la baja y a una izquierda desmovilizada y dividida, y a Vox en torno al 15-18% del voto, como el partido que más crece a costa del descontento.

En términos generales, el PSOE desde los comicios de 1983 ha ganado seis veces las autonómicas y el PP cinco. Las mismas veces que las generales, y siempre de forma sucesiva. A las tres victorias socialistas aragonesas, les siguió las tres de Felipe González. A las dos del PP, las dos de José María Aznar. Igualmente con José Luis Rodríguez Zapatero. Y del mismo modo ocurrió con las victorias de Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. La única diferencia: que en Aragón nunca ningún partido ha gobernado con mayoría absoluta.

La tendencia con el bipartidismo fuerte

Se pueden diferenciar dos etapas, la puramente bipartidista hasta los comicios de 2015, no incluidos, y la de la fragmentación parlamentaria, desde entonces a ahora. Tomando como muestra inicial los comicios autonómicos de 1999 y las generales del 2000, y los sucesivos procesos hasta 2015, la desviación entre lo que obtienen los partidos es pequeña y los porcentajes son aproximados. La primera etapa se refleja en el siguiente gráfico:

Las comparaciones con el PSOE son muy próximas. Entre las autonómicas de 1999 y 2000, la diferencia del PSOE fue de 2,7 puntos. En el siguiente ciclo de 2003-2004, de 3,8 puntos. En 2007-2008, 2,8 puntos. En 2011, la proximidad temporal entre procesos redujo esa diferencia a dos décimas. Ocurre algo parecido con IU, en los últimos dos ciclos, hubo una diferencia de resultados de tres décimas en 2007 y 2008, y siete décimas en 2011. 1,6 puntos entre 1999 y 2000, y 1,9 entre 2003 y 2004. Hay una tendencia en esos años en que la cifra de PSOE y IU sea mayor en generales, lo que podría achacarse al apoyo de votantes de partidos como Chunta.

Ese crecimiento también se da en el PP por el peso regional del PAR, que ponderado a nivel estatal nutre las filas populares, de ahí que haya una ligera distorsión más amplia que en el PSOE. Entre 1999 y 2000 el PP se diferencia en 5,5 puntos. 6,2 puntos de desvío en el ciclo siguiente. 8,8% entre 2007 y 2008, que se recorta en 2011 al 4,9%. Coincide con una caída del PAR.

Entrada de los nuevos partidos

La segunda etapa, ya con la entrada de Podemos, Ciudadanos y después Vox, mantiene la tendencia como destaca el siguiente gráfico. En la oleada de 2025, se asemeja más el voto de los tres principales partidos. El PP aumenta 1,2 puntos únicamente, el PSOE seis décimas y Podemos dos. El voto del PAR se reparte en el centroderecha y compensa a PP y a Ciudadanos en las generales. Los naranjas muestran más distancia: 5,5 puntos. En esta ocasión se produce la primera repetición de generales de la historia, que apenas supone cambios.

En el ciclo de 2019, Aragón está en medio de la convocatoria de generales de abril y la repetición de octubre. En ese caso, la tendencia de generales se refleja en mayo en Aragón y, posteriormente, de nuevo a nivel estatal. 2,1 puntos separaron al PSOE de lo estatal a lo autonómico, y de ahí un 2,5% de nuevo en generales. En el caso del PP fue de 4,2 puntos y tan solo una décima después. 2,2 para Ciudadanos de generales a Aragón. Unidas Podemos se dividió en las candidaturas de Podemos y IU en la región, con el mismo margen de apoyo, aunque la presencia de Chunta les restó unos tres puntos. La tendencia de Vox, con la división de la derecha en tres candidaturas -cuatro aragonesas- fue menos precisa.

Sin embargo, eso quedó a un lado en 2023. Los de Santiago Abascal pasaron del 11,2% en Aragón al 12,4% estatal. El resultado de Jorge Azcón y el de Alberto Núñez Feijóo se diferenció en 2,4 puntos. Entre Javier Lambán y Sánchez hubo una diferencia de 2,1 puntos, y la suma de Podemos, IU, Chunta, con la entrada de otras formaciones en torno a Movimiento Sumar y la coalición Sumar, aglutinaron una cantidad de voto muy similar a la aragonesa.

Un espejo también en la participación

Esas semejanzas también se dan en términos de participación. En el primer ciclo abordado, la diferencia fue del 34,49% frente al 31,29%. En el siguiente, de 2003-2004, la abstención bajó a la vez coincidiendo con el vuelco a la izquierda y una mayor movilización. En Aragón fue del 29,65% y en España del 22,78%. El siguiente periodo esa tendencia si se fracturó casi 8 puntos, con más participación en generales (73,85%) que en las aragonesas (66,51%). Pero en 2011, en plena crisis económica y una movilización muy alta, fueron casi idénticas desde las aragonesas de mayo, con un 67,9% de participación, a las generales, con el 68,94%.

La brecha volvió a ampliarse entre 2015 y 2019, con un tercio de abstencionistas en Aragón frente a un 24-25% en España. Pero en el último ciclo de 2023, con apenas dos meses de diferencia, volvieron a ser casi exactas las cifras, con apenas cuatro décimas de distancia (66,54%-66,59%).

Zaragoza, un Ohio más fiable

Recientemente, el politólogo Pablo Simón destacó en una intervención en Cadena SER que Aragón ya no es ese Ohio que antes se daba con el bipartidismo. Aunque la comparativa de datos efectuada por El Independiente aún ahonda en ese parecido entre procesos, Simón apunta que el sistema de partidos ha cambiado con la irrupción de nuevas formaciones y que algunas han "españolizado" el debate de tal forma que los que apoyan a Vox lo hacen solo por cuestiones estatales, lo que hace que se mueva en porcentajes iguales en autonómicas más allá de Aragón y en generales, al menos en los sondeos. Además, afirma que hay dos patrones. Quien vota en las aragonesas, al margen de Vox, lo hace por cuestiones del territorio y no tanto por dinámica nacional.

En esta campaña, sin embargo, ambos enfoques chocan mediante asuntos como la financiación autonómica, un debate estatal y autonómico sobre el que representantes como Azcón han puesto la voz en grito porque aseguran que penaliza a un territorio ya damnificado por la dispersión y la despoblación. Al mismo tiempo esa cuestión, económica, se conecta con la calidad de los servicios públicos. Y la candidatura de Pilar Alegría, recién aterrizada en la región desde el Consejo de Ministros permite al PP insistir en esa nacionalización.

Para Simón, Zaragoza tiene un perfil sociológico más parecido al resto de España. La provincia representa el 75% de la población aragonesa, aunque la sobrerrepresentación de Huesca (18 escaños) y Teruel (14) para paliar esa despoblación hace que Zaragoza (35) solo obtenga el 52% de los escaños. En parte eso impide las absolutas.

Solo por tener una referencia, en las autonómicas de 2023 el PP obtuvo un 36,24%, el PSOE un 30,45%, Vox un 11,62%, y Chunta 5,49%, Podemos 4,36% y 3,39% IU; dos meses después los populares sacaron 36,01%, 30,82% el PSOE, 15,3% Vox -entre transferencias del PP, que Feijóo obtuvo vía PAR y Ciudadanos-, y Sumar 13.48%, lo que encaja a la perfección con la suma de Chunta, los morados e IU.