España camina en 2026 sobre una línea diplomática cada vez más estrecha entre Marruecos y Argelia, los dos grandes polos de poder del Magreb cuya rivalidad condiciona la estabilidad del flanco sur europeo y reduce el margen de maniobra de Madrid. Así lo advierte España en el mundo en 2026: perspectivas y desafíos, publicado recientemente por el Real Instituto Elcano, que dibuja un escenario marcado por la consolidación de la posición marroquí sobre el Sáhara Occidental, el enquistamiento del pulso con Argel y la apuesta española por una estrategia de equilibrio pragmático con ambos vecinos, contestada por todo el arco parlamentario españoles y con resultados inciertos.
“En el norte de África, la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre el Sáhara Occidental el pasado octubre ha supuesto un espaldarazo para las aspiraciones de Rabat sobre el territorio. No obstante, en el nuevo año no se esperan novedades importantes ni detalles de la oferta de autonomía en teoría planteada a los saharauis ya que Marruecos, que viene de afrontar una ola de protestas populares, celebrará elecciones legislativas”, aventura el informe coordinado por Ignacio Molina y Pablo del Amo.
No obstante, el informe plantea con claridad que la política exterior española hacia el norte de África -marcada por el histórico cambio de posición en el conflicto del Sáhara liderado por el PSOE con la oposición de sus socios de gobierno e investidura y la oposición- se mueve en un territorio muy limitado. “En el Magreb, el impulso diplomático a la posición marroquí sobre el Sáhara Occidental alimenta la rivalidad entre Marruecos y Argelia, limitando el margen de maniobra de España, que no obstante ha logrado estabilizar su relación bilateral con ambos”, desliza.
Un papel de equilibrio imposible
Foco de las críticas en el Congreso de los Diputados, donde de manera reiterada todo el arco excepto los socialistas han votado rectificar el giro y recomponer las relaciones aún tocadas con Argel, Elcano considera que “España debería aspirar a desempeñar un papel de equilibrio entre ambos actores para evitar posibles escaladas, aunque el margen de maniobra es muy limitado”. La publicación del informe se produjo poco antes de sendas reuniones de Albares en Madrid con sus homólogos marroquí y argelino en el marco del encuentro de Marruecos y el Frente Polisario bajo auspicios de EEUU sin implicación de Exteriores español, que desde 2022 ha perdido cualquier papel negociador en el conflicto.
De hecho, tras las represalias económicas que impuso Argelia tras el volantazo en el Sáhara, el Ejecutivo español ha tratado de hacer una gestión de daños. “España, pese al potencial que abre el nuevo escenario para influir en una propuesta de autogobierno efectivo, evita ahora mismo que la relación bilateral se enrarezca por las espinosas cuestiones territoriales y, como se demostró en la reciente XIII Reunión de Alto Nivel con Marruecos, prefiere dirigirla hacia contenidos de cooperación funcional en temas económicos y migratorios”, detalla el informe.
“También es esperable que siga la normalización diplomática entre Madrid y Argel, tras la crisis abierta en 2022 precisamente a propósito del cambio de postura español hacia el Sáhara. No mejorará, en cambio, la rivalidad entre Argelia y Marruecos, que se ahonda por una carrera armamentística”, pronostica.
Defendiendo el giro en el Sáhara
En relación con la propuesta de autonomía marroquí para el Sáhara, el informe sigue las líneas marcadas en noviembre por un análisis del propio Molina y Pablo del Amo que achacaba el cambio de posición español al chantaje permanente de Rabat. “Detrás de ese movimiento pesó sobre todo la creciente agresividad de Marruecos, que no aceptaba que España no siguiera el camino ya emprendido por EEUU y Francia en relación con el Sáhara. Y, para lograr que cediera, estaba muy dispuesta a forzar su capacidad de presión en ámbitos muy sensibles para la seguridad nacional: control de los flujos migratorios, delimitación marítima, presiones sobre Ceuta y Melilla, cooperación antiterrorista y ciberseguridad, con el caso Pegasus como principal exponente”.
“El paso entrañaba desde luego importantes riesgos: en el interior, considerando el clima de polarización y la sensibilidad social dominante, iba a generar el rechazo tanto de la oposición como de los socios menores de coalición y buena parte de su propio electorado. En el plano exterior, se perdía cierto ascendente de autoridad, por otro lado, de dudosa utilidad en los 45 años previos, conectado a haber mantenido hasta ahora una posición normativa e imparcial sobre el conflicto. Además, el movimiento rompía con la asentada expresión de equilibrio entre Argel y Rabat, lo que llevó a represalias argelinas con impacto negativo, sobre todo en el plano energético. Además, y seguramente más peligroso, se podía alimentar en Rabat la tentación de seguir usando en el futuro estas estrategias de coerción híbrida, donde no se usa la fuerza militar, pero sí instrumentos que golpean vulnerabilidades de seguridad como inmigración descontrolada o la interrupción de la cooperación en materia antiterrorista o de narcotráfico”, citaba el análisis.
A juicio de los investigadores, favorable a un paso que tildan de “pragmatismo reforzado por un contexto internacional”, “el gobierno era consciente de esos inconvenientes, pero entendió, ponderando intereses nacionales y margen de actuación disponible, que la prioridad había pasado a ser reducir la peligrosa tensión con el vecino inmediato y recomponer la relación deteriorada”. “En todo caso, y aunque Marruecos querría considerar que España ya ha hecho una concesión definitiva de soberanía similar a la de Trump, lo cierto es que la nueva postura sigue apelando a la autodeterminación, aunque aconsejando ahora que no se plasme en independencia; una línea similar a la ya dada por Francia hace casi 20 años y que, después de España, adoptaron también Alemania, el Reino Unido y Portugal”.
El informe presentado hace dos semanas identifica la frontera sur como uno de los espacios estratégicos más sensibles para España. En su análisis de la vecindad, Elcano sitúa el Magreb, el Sahel y el Mediterráneo occidental como parte de un entorno inmediato marcado por la inseguridad, la presión migratoria y el deterioro de los equilibrios regionales. En ese contexto, España apuesta por una cooperación “funcional” con Marruecos, centrada en migración, economía y seguridad, evitando reabrir contenciosos territoriales.
"El paso del tiempo favorece a Marruecos"
El Real Instituto Elcano enmarca esta posición española dentro de los escenarios generales para 2026. En el escenario pesimista, el documento alerta de un posible deterioro del entorno regional, con el regreso de “las tensiones fronterizas con Marruecos” y una mayor dificultad para sostener la estabilidad en el flanco sur europeo. “En el Magreb, por su parte, Marruecos se puede enfrentar a una desestabilización interna por su incapacidad de gestionar las demandas populares mientras se agravan las hostilidades con el Frente Polisario y se intensifica la carrera armamentística con Argelia. Ese desarrollo tendría un impacto muy negativo sobre los intereses de España”, advierte.
En el escenario optimista, en cambio, se contempla que “se consolide la mejora simultánea de la relación con Argelia y Marruecos”. “Se produce un relajamiento de la rivalidad entre Marruecos y Argelia que permite a España aprovechar el mejor clima y complementar su reciente pragmatismo hacia ambos vecinos con el inicio de un papel proactivo que dote de contenido real el plan de autonomía para el Sáhara Occidental”.
Más allá del corto plazo, Elcano advierte de que el conflicto saharaui sigue jugando a favor de Marruecos. En su proyección a medio y largo plazo, el informe sostiene que “el paso del tiempo favorecerá a Marruecos y a la consolidación de su posición, en un marco de relaciones hispano-marroquíes con altibajos, pero donde se seguirá imponiendo el pragmatismo”.
En conjunto, el informe retrata una política española hacia Marruecos y Argelia dominada por la gestión de riesgos y la renuncia a soluciones de fondo. España no empeora su posición en el Magreb, pero tampoco logra transformarla. Atrapada entre dos vecinos enfrentados y un conflicto colonial sin resolver, Albares -el urdidor del cambio de posición- tiene poco margen de actuación.
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