El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no ha se ha cansado de afirmar que su intención es agotar la actual legislatura contra viento y marea a pesar de haber sido incapaz de aprobar ni un sólo Presupuesto General del Estado desde su investidura en noviembre de 2023. De hecho, es tal su insistencia en que las legislaturas tienen que durar cuatro años -incluso cuando él mismo acortó la anterior en varios meses- que se especula con que pueda intentar alargarla más allá del 23 de julio de 2027, día en que se cumplirían cuatro años exactos de las anteriores elecciones.

De hecho, si quiere llevar al límite la actual legislatura, el calendario electoral le permitiría convocar a los españoles ante las urnas a finales de agosto, lo más ajsutado el día 21 de ese mes, en plena canícula veraniega, según los cálculos que manejan en Moncloa y no pocas formaciones políticas. A fin de cuentas, el actual Parlamento se constituyó un 17 de agosto, momento en el que realmente echan a andar las legislaturas en España.

Disolición de las Cámaras a finales de junio

Para llegar a esa fecha límite del 21 de agosto, debería disolver las Cámaras 54 días antes, esto es, el 29 de junio. Pasaría a la historia como una de las legislaturas más largas de nuestra democracia. Y puestos a marcar otros hitos serían las primeras en agosto, con medio país de vacaciones. A fin de cuentas, las del 2023 también fueron en pleno verano, el 23 de julio, con muchos ciudadanos obligados a suspender su descanso vacacional para cubrir mesas electorales y un amplio porcentaje para gestionar su voto por correo. No es una fecha que anime precisamente a la participación y la movilización, de las que tan necesitadas están los partidos de la izquierda nacional. Pero otra cosa es que para entonces Moncloa diera por perdida la contienda o entendiera que puede desincentivar más al votante conservador.

Tampoco sería en domingo sino en viernes. Pero la ley electoral de nuestro país no obliga a celebrar elecciones en domingo. De hecho, es bastante habitual en otros países de nuestro entorno convocar a las urnas entre semana. El antecedente más próximo que tenemos en España es el de Isabel Díaz Ayuso en 2021, cuando frente al riesgo de la presentación de una moción de censura de sus socios de Ciudadanos con el PSOE, disolvió sorpresivamente la Asamblea madrileña. Y ante la imposibilidad de hacer un cálculo con más tiempo, la cita cayó en el 4 de mayo, martes.

Hubo entonces muchos debates en torno a si se buscaba una baja participación electoral para favorecer las opciones de Ayuso. Lo cierto es que la tesis de que la abstención afecta sobre todo a las fuerzas de la izquierda dejó de ser válida hace mucho tiempo, pero la baronesa madrileña laminó completamente a Ciudadanos, que desapareció del mapa. Hubo de esperar dos años más para, en 2023, conseguir la mayoría absoluta.

Ven perfectamente "capaz" a Sánchez de hacer esa apuesta "si ve que debe aguantar hasta el último momento"

Resultaría en todo caso inédito prever el comportamiento electoral ciudadano en agosto y, además, entre semana. Pero no es algo que consideren imposible muchos grupos parlamentarios del Congreso. Ven perfectamente "capaz" a Sánchez de hacer esa apuesta "si cree que debe aguantar hasta el último momento". A fin de cuentas, otro que ha aguantado hasta el tiempo de descuento ha sido el castellanoleonés Alfonso Fernández Mañueco.

Porque contra la confusión generada, no pocas veces hasta por miembros del Gobierno, las elecciones autonómicas de Castilla y León no forman parte de la estratregia popular de forzar adelantos electorales al acumularse dos ejercicios sin presupuestos regionales y pillar al PSOE en su peor momento. Ese fue el caso de Extremadura y Aragón. Éstas tocaban sí o sí este año. Y lo que ha hecho Mañueco ha sido apurar todo lo posible. De hecho, los comicios de 2022 se celebraron un 13 de febrero y éstos serán el 15 de marzo, en muy buena medida porque los populares querían evitar enero o febrero por las inclemencias invernales.

También Mariano Rajoy apuró al límite a la hora de convocar generales en 2015

Pero también Mariano Rajoy apuró al límite a la hora de convocar generales en 2015. De hecho, fue muy polémico que las llevara hasta el 20 de diciembre casi con los turrones. Cuatro años y un mes después de las de 2011, para las que José Luis Rodríguez Zapatero eligió el 20 de noviembre, aniversario de la muerte de Franco. Aquellas elecciones de 2015 también vinieron precedidas de un debate interno en torno a cuánto se puede alargar una legislatura, pero los servicios jurídicos de Moncloa cercenaron cualquier intento de retorcer la ley electoral.

Desde los que defendieron que la legislatura echaba a andar el día de las elecciones, a los que señalaban que ésta arrancaba con la constitución del Parlamento o en el momento en que los diputados adquieren su condición de tales. Y luego estaban los más osados, defensores de que los plazos no comenzaban a contar hasta la investidura del nuevo presidente. Eso permitía retrasar más la siguiente convocatoria electoral, pero no se llegó a tanto.